6/07/2018

Comandante, ¡por favor, ceda!

Adolfo Miranda Sáenz
Publicado en El Nuevo Diario
del 7 de junio de 2018



Comandante Daniel Ortega, usted sabe que he sido, soy y seguiré siendo liberal, y su adversario político, pero nunca he sido su enemigo. Motivado por mi cristianismo y social liberalismo de centro-izquierda, en los años 80 apoyé el proceso revolucionario pensando en el beneficio de los pobres, y creyendo que seguiría una línea social demócrata. Eso no se cumplió, pero di a su gobierno el beneficio de la duda por los abusos que se justificaron por el desorden que había cuando se empezaba de cero, y luego por la guerra del gobierno de Reagan mediante los contras. En esa época, como abogado y periodista, establecí relaciones profesionales con periodistas y otros amigos rusos, con quienes celebré con entusiasmo la perestroika y el final del comunismo. A usted tuve la oportunidad de conocerlo y tratarlo en varias ocasiones cuando visitó organismos religiosos con los que yo trabajaba, y en otras oportunidades. Nunca fui funcionario ni empleado de su gobierno.

He ejercido el periodismo de opinión tratando de ser objetivo y sin apasionamiento partidario. Es el periodismo más difícil porque ser objetivo no siempre es comprendido. Defendí su gobierno en los 80. Pero me opuse cuando vi la crueldad del servicio militar obligatorio, la entrega total a los cubanos, y la política comunista que ya no eran medidas de guerra sino un proyecto de nación. Mi liberalismo me llevó a apoyarlo, y mi liberalismo me llevó a ser su adversario (no enemigo; no soy enemigo de nadie). Fui funcionario en dos gobiernos del PLC. Me encontré nuevamente con usted y nos saludamos cordialmente. Observé su campaña de reconciliación, de unidad nacional, de reconocer errores del pasado, con lo cual nos ganó las elecciones gracias a la triste división de los liberales en dos mitades. Reconocí en mis artículos el buen trabajo de su gobierno sobre la economía, algunos proyectos sociales y la alianza con los empresarios privados. Después vi cómo las siguientes elecciones municipales y nacionales fueron fraudulentas; su gobierno hizo reformas ilegítimas a la Constitución, instauró la nefasta reelección y llegó a forzar su poder absoluto en todos los Poderes del Estado. Yo seguí escribiendo que su gobierno estaba haciendo un buen trabajo en la economía, pero fallaba en lo institucional, y denuncié un gobierno autoritario rumbo a la dictadura. Pero reconocía que el país económicamente progresaba y que usted gozaba de mucha popularidad, según las encuestas. Algunos decían que yo escribía como sandinista y no como opositor, pues hay quienes no comprenden que un periodista debe decir la verdad, aunque no le favorezca a su opción política.

A partir del 19 de abril, la represión desatada por la policía y, peor aún, por los grupos paramilitares y turbas, han cambiado el panorama nacional. Nadie cree que el caos que tenemos en Nicaragua obedece a “grupos delincuenciales de la derecha” como dicen del lado del gobierno; no lo creen sus propios partidarios ni tampoco internacionalmente. Todo el mundo sabe que los muertos en enfrentamientos represivos, los homicidios, las torturas, desapariciones, incendios, saqueos y la libertad con que actúa la delincuencia común, son acciones promovidas por gente del gobierno. Por eso, su anterior alta popularidad se ha venido al suelo. Los tranques se forman por la represión y aumentan por cada nuevo ataque de antimotines y turbas. Por cada ataque, incendio o saqueo crece la furia contra el gobierno. El pueblo no se cansará ni va a reaccionar de otra forma, al contrario. Quien crea que el pueblo “se cansará”, se equivoca. ¡Crecerá la furia contra el gobierno! Se lo dice quien ha sido su adversario, pero no su enemigo; sin odio, pero con mucho dolor por tantos muertos, tantas víctimas, y por la inmensa destrucción del país. Por Dios, comandante, acepte acordar en el Diálogo Nacional una salida pacífica y constitucional con elecciones libres y democráticas adelantadas. Por Dios, ordene inmediatamente parar la represión, los incendios, los saqueos. ¡Devuélvale la tranquilidad al país! ¡Mande a parar las violaciones a los derechos humanos! ¡Mande a controlar la delincuencia común! Usted debe dar esas órdenes primero y verá cómo las cosas se calmarían para llegar a acuerdos justos y democráticos. Tome el camino que tomó en 1989 cuando cedió en favor de la paz y aceptó una salida pacífica electoral. Evite a su familia, a su partido, a las instituciones armadas y a todos los nicaragüenses, una catástrofe que no conviene a nadie.

Un cristiano liberal
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