¡65 MIL MUERTOS YA FUERON SUFICIENTES!

Adolfo Miranda Sáenz



Entre 1977 y 1990 Nicaragua vivió 13 años horribles, llenos de odio, muerte y miseria. Una  época con mucha sangre derramada, muchas lágrimas y empobrecimiento. El monstruo de la violencia se apoderó de nuestro país. Unos años antes, en 1972, Nicaragua había sufrido el terremoto que destruyó Managua causando 10 mil muertos. Estábamos tratando de reponernos de aquella catástrofe cuando dos guerras seguidas tiñeron la tierra con la sangre de 65 mil muertos (25 mil combatientes y 40 mil civiles) y 150 mil heridos y mutilados. Primero fue la revolución sandinista para derrocar a Somoza y después la guerra de la resistencia contra los sandinistas.

En las ciudades y montañas murieron millares de somocistas, sandinistas, contras, sin partido… ¡de todo! Los 25 mil muertos entre los combatientes fueron jóvenes y adultos del Frente Sandinista, de la Guardia Nacional, de la contra y del Ejército Popular Sandinista -algunos voluntariamente emplantillados y otros llevados por el servicio militar obligatorio, muchos arrancados de los brazos de sus madres, apenas de 16 años, y devueltos en ataúdes sellados por el estado de descomposición de sus cadáveres-. Entre los 40 mil civiles muertos se cuentan ancianos y niños. Y entre los 150 mil heridos y mutilados hubo tanto combatientes como civiles; ancianos, adultos, jóvenes y niños. ¡Y todos eran hermanos nicaragüenses!

Pero no solo muerte trajo la guerra. Trajo también muchísimo odio y la peor hambre en nuestra historia. Hubo ejecuciones y destrucción por los diferentes bandos, y hubo ocupaciones y confiscaciones de propiedades. Los grandes, medianos y pequeños productores no podían producir porque unos fueron despojados y otros no tenían cómo hacerlo en medio de un terrible caos económico, con una economía centralizada copiada de los países comunistas, que fracasó, y con una guerra que llevó a la quiebra al país con 36.000% de inflación. No había suficiente arroz, frijoles, maíz… No había suficiente comida; no había medicinas; no había casi nada… ¡Y seguíamos matándonos! Nicaragua retrocedió medio siglo, a los niveles de los años 30, y quedó con una inmensa deuda externa. Muchos se fueron. Los que tenían dinero se fueron a una vida muy cómoda. Los que no tenían dinero se fueron a vivir con sacrificios pero huyendo de la guerra. Otros nos quedamos y somos testigos de aquel horror. Algunos lo recordamos, otros parece que lo olvidaron y millares no saben lo que fue aquella pesadilla porque vivieron fuera, eran niños o no habían nacido.

¿Querrá alguien que eso vuelva a ocurrir? La inmensa mayoría no; pero hay insensatos que creen que nuestras actuales contradicciones políticas se resolverían solo con el país convulsionado, con confrontaciones violentas. Aunque esos, que son dirigentes políticos con recursos económicos, cuando las cosas se ponen feas son los primeros en irse del país dejando a la gente matándose. Si volviera la violencia, ¿cuántos nicaragüenses más morirían? Las balas y bombas no distinguen. Podría tocarle a usted o a mí, o a nuestros seres queridos. ¿Cuántos quedarían sin padre o sin madre? ¿Cuántos perderían a sus hijos? ¿Otra vez…? ¿Y otra vez el odio… el hambre…? Los 6 millones de nicaragüenses todavía tenemos consecuencias de aquellas desgracias: 1.500.000 pobres que viven con menos de un dólar por día; y entre ellos 400.000 extremadamente pobres que viven con menos de 0.75 c/dólar por día. Además, 1.200.000 desempleados, subenpleados o con empleo informal. 

Sin embargo, gracias a 25 años de paz, el país ha ido recuperándose poco a poco, progresando con trabajo e inversión nacional y extranjera. Estamos creciendo económicamente según el BID, el FMI y el Banco Mundial. Se nota en los repartos residenciales que crecen más cada día, en los edificios de oficinas y apartamentos, hoteles, bancos y otros que se levantan aceleradamente, en más de 25.000 autos nuevos que se venden cada año, en los restaurantes de distintos niveles y centros de diversión llenos, en los nuevos centros comerciales y más industrias. En la ampliación de calles y buenas carreteras. La agricultura y la ganadería también van muy bien. Sobre todo aumenta el turismo. Todo eso produce empleos y mejoría en la vida de millones. Lo que aún se debe corregir es una mejor distribución de los ingresos, para que ese progreso llegue más a los más pobres. Un progreso que se debe más a los 25 años de paz y a la empresa privada nacional y extranjera, que a los gobiernos, cuyo aporte principal es dejar trabajar (aunque hay importantes quejas de dependencias que cometen abusos y arbitrariedades, como la DGI, DGA y algunas alcaldías, como la Dirección de Urbanismo de la Alcaldía de Managua). Pero, ¿quisiéramos retroceder? ¿Queremos confrontaciones, violencia, guerra, etc. de nuevo en Nicaragua? ¿Queremos que quiebren esos negocios, la gente pierda sus empleos y los pobres padezcan más hambre? ¡No!

¡Estamos obligados, por encima de todo, a preservar la paz! ¡Todos!

El gobierno: con políticas que den estabilidad económica y social, con transparencia, respetando los derechos humanos y la institucionalidad democrática. 
Los políticos: actuando con responsabilidad, criticando con firmeza pero objetivamente, siendo propositivos y dispuestos a dialogar con los adversarios para llegar a acuerdos en bien del país. 
Los medios de prensa: informando la verdad completa, sin manipularla, sin promover el odio, sin llamar a la violencia directa o indirectamente, y sin denigrar al país con mentiras y exageraciones que perjudican a Nicaragua, especialmente a los pobres y desempleados que necesitan de mayor inversión y fuentes de trabajo. 

¡65 mil muertos ya fueron suficientes! Resolvamos nuestras contradicciones políticas pacíficamente, cívicamente. Dialoguemos entre los nicaragüenses, sin usar la violencia; busquemos como llegar a acuerdos patrióticos, a compromisos mutuos; aunque sea el camino más largo, difícil y frecuentemente incomprendido. Que se fortalezca el diálogo entre el gobierno y los empresarios y se haga igual en lo político mediante el diálogo entre el gobierno y la oposición después de las elecciones de noviembre. Como un buen paso, importante, necesario, acudamos a votar, bajo cualquier circunstancia, en las elecciones de noviembre. Solo mediante el voto la oposición ganará espacios políticos legítimos para la lucha cívica.