CÓMO FUE Y CÓMO TERMINÓ LA GUERRA FRÍA

Adolfo Miranda Sáenz



La Guerra Fría fue un enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética iniciado al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando los soviéticos ocuparon  los países de Europa Oriental que habían liberado de los nazis, mientras que las fuerzas estadounidenses ejercieron su influencia política y establecieron sus bases militares en Europa Occidental, Turquía, Japón y otros países. Alemania fue dividida en dos por EE.UU. y la URSS. Ambas superpotencias querían implantar su hegemonía en todo el planeta. Ninguna de las dos atacó jamás militarmente a la otra, razón por la que el conflicto se denominó “Guerra Fría”.

Los Estados Unidos iniciaron la Guerra Fría con ventaja porque en su territorio nunca se combatió, mientras la Unión Soviética sufrió la invasión de las tropas alemanas nazis que destruyeron centenares de ciudades soviéticas y sitiaron Leningrado y Moscú. Después los soviéticos expulsaron a los nazis persiguiéndolos por Europa hasta tomar Berlín, logrando su rendición. Pero la guerra destruyó casi toda la infraestructura de la Unión Soviética: el tendido eléctrico, el telégrafo, las carreteras, las vías de ferrocarril, aeropuertos, fábricas, centros de estudio y hospitales. Europa, incluida Rusia, fue arrasada; la destrucción fue inmensa. Los campos agrícolas quedaron incultivables, minados. Murieron 20 millones de soviéticos (la mayoría de sus profesionales, técnicos, juventud y de su fuerza laboral en general). Soldados estadounidenses murieron 200 mil. Estados Unidos quedó intacto y surgió fácilmente como una superpotencia económica y militar.

Se les llama superpotencias a la Unión Soviética (hoy a Rusia) y a los Estados Unidos por tener el mayor poder militar del mundo y el poder nuclear de destruir el planeta si se diera un enfrentamiento entre ellos. Un ataque nuclear de uno contra otro sería suficiente para acabarlo, pero antes de recibir las bombas el atacado tendría capacidad de disparar las suyas y así ambos se destruirían. ¡Y se destruiría la vida en la Tierra! China, Inglaterra y Francia son también potencias nucleares, pero no superpotencias.

La Guerra Fría creó la “carrera armamentista” debido a que ninguna de las dos superpotencias podía permitir que la otra la superase de tal manera que pudiera destruirla sin ser destruida a la vez. Mantener ese “equilibrio” implicaba billonarios gastos militares. Para 1980 los gastos militares representaban el 25 % del PIB soviético, a costa de privarse de bienes de consumo para los ciudadanos e inversiones en obras civiles. Los gastos de la Guerra Fría, sumado a que la economía centralizada –comunista- resultó un fracaso, implicaban mucho sacrificio para el pueblo soviético. En 1985 Mijaíl Gorbachov se convirtió en el líder de la Unión Soviética y decidió implementar cambios profundos. A lo interno, las reformas llamadas “perestroika” (reestructuración), permitiendo la actividad económica privada y la inversión extranjera, e implementando cambios democráticos, dando los primeros pasos en la transformación de un Estado comunista en un Estado socialdemócrata. En política exterior Gorbachov decidió acabar con la Guerra Fría.

La Guerra Fría también implicaba para Estados Unidos vivir bajo el temor permanente de un ataque soviético y tener que destinar billonarios recursos a la carrera armamentista, además de que la Guerra de Vietnam le había ocasionado inmensos gastos y un alto costo político, pues la derrota sufrida había causado gran desaliento en el pueblo estadounidense, había debilitado su influencia en el Tercer Mundo y enfriado las relaciones con sus aliados de Europa Occidental. No era la Guerra Fría de ningún beneficio para ninguna de las dos superpotencias. Gorbachov propuso a Ronald Reagan un diálogo para terminar con esa “guerra” que ninguna de las dos superpotencias podía ganar y que solo ocasionaba inmensos gastos y tensiones. Después de inicialmente negarse, Reagan finalmente aceptó el diálogo propuesto. Se reunieron ambos cuatro veces: en Ginebra (Suiza), Reikiavit (Finlandia), Washington y Moscú. Al final acordaron un mutuo desarme, eliminando los misiles balísticos y de crucero nucleares o convencionales cuyo rango estuviera entre 500 y 5.500 kilómetros, limitar la producción de más armamento y destruir la mitad de los arsenales nucleares de cada uno, estableciendo mecanismos para evitar confrontaciones y comprometiéndose a no imponer ningún sistema político-económico a otros países, respetando la autodeterminación de cada nación. El 3 de diciembre de 1989 Gorbachov y el sucesor de Reagan, George Bush padre, declararon en la Cumbre de Malta “el fin de la Guerra Fría”. Las dos superpotencias llegaron a compromisos mutuos para convivir en paz.

Mientras tanto, en Rusia se continuó profundizando la perestroika. Gorbachov consideró que Rusia hacía demasiados sacrificios para mantener los subsidios a los países aliados de Europa del Este, sobre todo con el suministro de gas y petróleo a precios bajos. También consideró que movilizar un gran número de tropas fuera de sus fronteras era un gasto muy elevado. Además, la ventaja estratégica de 
una defensa militar basada en “países satélites”, concebida después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, medio siglo atrás, era ya irrelevante dado el avance logrado en cohetes de largo alcance; por lo tanto, los soviéticos decidieron liberarse de una carga pesada y declararon oficialmente que no intervendrían en los asuntos internos de sus aliados en Europa del Este. Sin el apoyo soviético a sus gobiernos, los pueblos de los países de Europa del Este fueron uno tras otro siguiendo el ejemplo de Rusia dejando el comunismo por un socialismo democrático. En algunos casos hubo resistencia de la “nomenklatura” gobernante y el cambio fue violento, en otros la transición fue pacífica, como en Bulgaria, donde tuvieron su propia “perestroika” y continuó el mismo gobierno cambiando de comunista a social demócrata. En Rusia un grupo de generales trató de darle un golpe de Estado a Gorbachov que finalmente fracasó por la presión popular y el respaldo del ejército al líder ruso. Finalmente cada país de los que integraban la URSS fue independizándose. Rusia, interna e internacionalmente, fue reconocida como sucesora de la Unión Soviética y dueña de los bienes que tuviese la URSS en el extranjero. Hoy Rusia y Estados Unidos siguen siendo las únicas dos superpotencias en el mundo y mantienen un equilibrio en armamento, pero sin las tensiones ni peligros de la Guerra Fría.

El gran artífice del final de la Guerra Fría y la transformación de Rusia y demás países de Europa del Este, fue Mijaíl Gorbachov, un gran estadista visionario y decidido a cambiar las cosas que no estaban bien, todo lo que no funcionaba y no convenía a su amada Rusia ni al mundo. La humanidad nunca podrá agradecerle lo suficiente a Gorbachov por el inmenso bien logrado, que incluso puede haber significado la salvación de nuestro planeta.

El Nuevo Diario (Managua)
13 de julio de 2016