2/13/2017

Quitemos la piedra

Dios quiere ayudarnos... ¡pero nosotros tenemos algo que hacer!

Adolfo Miranda Sáenz


Cuando Lázaro murió y Jesús quiso resucitarlo pidió primero que quitaran la piedra que cerraba la sepultura, y cuando quitaron la piedra llamó a Lázaro a la vida. ¿Por qué Jesús, que era Dios Todopoderoso, el creador de todo el universo, pidió que la familia y amigos de Lázaro quitaran la piedra? Si tenía el poder de resucitar a Lázaro, ¿no tendría el poder de quitar la piedra Él mismo con solo desearlo? ¿Por qué no lo hizo? Cuando en las bodas de Canaán Jesús transformó el agua en vino pidió primero que llenaran con agua las tinajas vacías. ¿Por qué? ¿Acaso Él no podía poner vino en esas tinajas sin necesidad de que tuvieran agua? ¿Por qué pidió llenarlas de agua primero? En el Evangelio según San Juan se nos narra cómo para curar a un ciego Jesús hizo lodo con saliva y polvo, se lo untó en los ojos y lo envió a lavarse al estanque de Siloé. ¿Necesitaba hacer todo eso? ¿Por qué quiso que el ciego tuviera que ir a lavar el lodo de sus ojos? Podía hacerlo ver con solo una palabra o un pensamiento. ¿Por qué no lo hizo así? Hay otras narraciones en los Evangelios en que Jesús para hacer un milagro quiso que las personas hicieran algo. ¿Por qué?

Esto tiene una lección que Dios quiere darnos a todos. Nosotros no podemos resucitar a un muerto, pero sí podemos remover una piedra. No podemos convertir el agua en vino, pero podemos llenar las tinajas con agua. No podemos ver claramente nuestro camino, pero podemos lavar nuestros ojos. Si en la vida tenemos problemas y pedimos ayuda a Dios es muy posible que Él quiera que nosotros hagamos algo por nuestra cuenta, como remover algunas piedras. Si nuestra vida está vacía, triste, deprimida, o si a nuestro matrimonio, a nuestras relaciones familiares “se les acabó el vino”, Él puede llenarlo todo “del mejor de los vinos”, pero antes puede pedirnos que nosotros llenemos las tinajas del agua que puede estar a nuestro alcance en vez de esperar que Él lo haga todo. A veces queremos ver soluciones, queremos que Dios nos de ideas, que nos señale el camino a seguir. Pero Dios espera que primero nos lavemos el lodo de los ojos; el lodo de nuestros prejuicios, vanidad, soberbia, orgullo, respeto humano… de todo lo que nos impide ver el camino por el que Jesús nos quiere llevar.

Como nos dijo Jesús, en esta vida tendremos aflicciones. La felicidad completa solo la tendremos en la vida eterna después de esta vida pasajera. Por ahora tenemos que soportar vivir en un mundo trastornado por la maldad del pecado y donde buenos y malos sufrimos. Tenemos que convivir con problemas de salud, problemas económicos, conflictos familiares, decepciones, traiciones, injusticias, crímenes, guerras y con el peor enemigo: la muerte; la nuestra y la de nuestros seres queridos. Una muerte que sería definitiva si no fuera porque Dios quiso hacerse hombre y pagar Él en la Cruz por nuestras culpas devolviéndole a la humanidad la vida eterna de felicidad completa que siempre quiso para nosotros desde la eternidad y para la eternidad.

Pero mientras tanto, en este mundo de aflicciones también Dios nos da cosas lindas, momentos de inmensa dicha, detalles grandes y pequeños que podemos disfrutar. No todo es tristeza en esta vida donde también hay alegrías inmensas. Y en medio de las aflicciones Jesús no nos deja solos. Dios escucha nuestras oraciones y nos ayuda a resolver nuestros problemas o nos da sabiduría, fortaleza y paz para enfrentarlos y sobrellevarlos. Pero Jesús, para ayudarnos, espera que nosotros quitemos algunas piedras, que llenemos nuestras tinajas y lavemos el lodo de nuestros ojos.