5/22/2018

Cómo cayeron los muros de Jericó

Una lección para nosotros hoy
Adolfo Miranda Sáenz



La forma cómo cayeron los muros de Jericó es una lección para nosotros hoy. Dios prometió dar la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes. Habían pasado muchos años desde la promesa que Dios hizo, y todavía no poseían la tierra. Sin duda, a los israelitas se les habían enseñado muchas cosas acerca de esta maravillosa tierra que fluía leche y miel, y deseaban que fuera su país. Habían pasado cuarenta años vagando por un desierto estéril y la idea de la maravillosa tierra que estaba delante les daba fortaleza para seguir. Cuando llegaron a la tierra prometida, hubo una muralla que se interponía en su camino; era la ciudad de Jericó que tenía dos grandes muros alrededor, como una fortaleza. Cuando el pueblo de Israel cruzó el rio Jordán, la ciudad estaba cerrada, nadie entraba ni salía. Josué dirigía a los israelitas que ya estaban muy cerca de entrar a tomar posesión de su tierra, pero los muros de Jericó se interponían. Entonces Dios dio a los israelitas, por medio de Josué, instrucciones para que las murallas de Jericó fueron derribadas. Eso sucedió alrededor de 1400 años antes de Cristo.

En la Sagrada Biblia encontramos este relato en el capítulo 6 del Libro de Josué. El ejército debía marchar alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días. Siete sacerdotes debían llevar siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca de la Alianza. Al séptimo día darían siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarían las trompetas. La gente no debía decir nada durante las primeras seis veces en su marcha alrededor de Jericó. Después de dar siete vueltas alrededor de la ciudad, en el séptimo día, los sacerdotes debían hacer sonar las trompetas de cuernos de carnero, y todo el pueblo dar un gran grito, y los muros caerían al suelo. Ellos obedecieron, y los muros cayeron tal como Dios había dicho a Josué y pudieron tomar la ciudad. Fue así como se derribaron los muros de Jericó que impedían el paso a la tierra prometida.

Este relato bíblico del Antiguo Testamento debemos entenderlo a la luz del Nuevo Testamento. La Carta a los Hebreos dice: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después que fueron rodeados por siete días.” (Heb 11:30) Es decir, el relato nos da una lección de fe; no debemos interpretarlo necesariamente como una narración literal de lo acontecido históricamente. Efectivamente los muros de Jericó fueron derribados y el pueblo de Israel tomó la ciudad, pero los detalles de la narración, como se acostumbraba en la antigüedad y sobre todo en Israel, tienen un propósito didáctico y religioso. Lo primero que debemos entender es que Dios nos dice en su Palabra que él tiene su propia manera de hacer las cosas y que no siempre es igual a la forma como lo hacemos los hombres. Pero los hombres no debemos estar pasivos; para derribar aquellos muros Dios mandó marchar, sonar las trompetas y gritar, y el pueblo obedeció a Dios: marchó, sonaron las trompetas y gritó, y los muros cayeron. Debemos nosotros tener la fe suficiente para hacer lo que Dios dice y esperar que su manera de actuar tenga éxito. Es impresionante el poder de Dios. Ante ese poder no hay muros que puedan resistir.

Los israelitas pudieron haber decidido ir contra los muros por su propia cuenta al margen de Dios, pero no actuaron así. Dios les habló por medio de Josué y ellos obedecieron. Nosotros debemos escuchar a los pastores que ha puesto para conducir hoy a su pueblo, tener fe en Dios y en el poder de la oración. En su Primera Carta el Apóstol San Juan nos dice: “Nos dirigimos a Dios con la confianza de que, si pedimos algo según su voluntad, nos escuchará. Y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que hemos pedido.” (1Jn 5.14 y 15) Así es, porque Jesús afirma: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.” (Mt 7:7 y 8) A la luz de la Palabra de Dios, sabemos que, si ante nosotros se levantan muros, Dios tiene el poder de derribarlos como hizo caer los muros de Jericó.

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5/21/2018

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POLÉMICO TESTIMONIO


En POLÉMICO TESTIMONIO Adolfo Miranda Sáenz, abogado, periodista y escritor nicaragüense, refleja aspectos de su vida refiriéndose a destacados sucesos de Nicaragua y el mundo sobre los que hace comentarios controversiales. 
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DEL OCASO AL AMANECER
Novela 


Una novela romántica en la que además del amor y la pasión surgen controversias entre valores y principios que hoy se debaten intensamente, como el matrimonio, el aborto, el sentido de la existencia y la fe religiosa, cuya discusión forma parte del mundo actual y está presente en muchas situaciones reales de la vida moderna.
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UNA IGLESIA CATÓLICA RENOVADA
Propuestas de un laico sobre cambios en nuestra Iglesia
Un ensayo de
Adolfo Miranda Sáenz
En espíritu de unidad y obediencia al Magisterio de la Iglesia.
Simplemente propuestas, sugerencias, algunas ideas, opiniones personales sujetas al discernimiento final de nuestros pastores
Las propuestas de un laico.
Necesidad de Renovación. Posibilidad de renovación según criterios expresados por el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.
Aclaración del concepto “Infierno”.
Aclaración del concepto “Purgatorio”. 
Cómo entender un doble juicio: privado y público. 
Necesidad de clarificar a los fieles sobre las devociones populares. 
Opción Fundamental y el Sacramento de la Reconciliación. 
Actualizar los conceptos sobre el cuerpo y la sexualidad humana. 
Necesidad de nuevas normas sobre el celibato. 
Mayor participación de los laicos. 
El caso de los divorciados y vueltos a casar. 
Situación de los homosexuales. 
La ordenación de mujeres.
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CURSO BÁSICO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS


Los conocimientos elementales
sobre Derechos Humanos
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CURSO BÁSICO SOBRE LA DOCTRINA 
SOCIAL DE LA IGLESIA

Los conocimientos elementales 
sobre la Doctrina Social de
la Iglesia Católica
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5/15/2018

El sueño de un nicaragüense


Adolfo Miranda Sáenz


Mi sueño es el sueño de todos los nicaragüenses: ver a Nicaragua libre para siempre de dictaduras, de gobiernos autoritarios o de dictablandas. Que nuestros hijos y nietos vivan en una Nicaragua con verdadera democracia, en un país feliz, progresando en paz.

Cuando nací, el presidente era Víctor Manuel Román y Reyes, liberal; se da por descontado que obedecía el Jefe Director de la Guardia Nacional, general Anastasio Somoza García, también liberal. Cuando tenía ocho años asesinaron a Somoza siendo presidente y eligieron a su hijo, Luis Somoza Debayle; después eligieron a René Schick, también liberal y excelente gobernante. Entonces tenía 15 años. Los gobiernos de entonces a mí me parecían buenos. Había mucho progreso. La vida era tranquila. En ese tiempo solo existían liberales y conservadores, y veía bien los gobiernos liberales. En los colegios religiosos donde estudié aprendí de los sacerdotes que el amor al prójimo es tan importante como el amor a Dios, y eso me marcó mucho formando mi conciencia social. Los liberales se inclinaban a desarrollar programas sociales como el seguro social y favorecían los derechos de los trabajadores como con el Código del Trabajo. Los conservadores, salvo excepciones, eran clasistas. Me imagino que eso era más marcado en mi ciudad, Granada, donde había una “alta sociedad” muy conservadora —en la cual nací—  que no calzaba con mis principios. Por ejemplo, oía decir a algunas señoras que “las sirvientas no deben usar zapatos porque se van a creer iguales a nosotras”. Yo no podía ser conservador. Desde niño fui un convencido liberal, como lo fueron mis padres y mis abuelos paternos. Liberal en todo sentido: filosófico, político, económico, social y sociológico, ejerciendo la tolerancia y con la mente abierta a nuevas ideas y cambios sociales.

Apoyé los gobiernos liberales frente a la única oposición conservadora. ¿Los Somoza fueron dictadores? Sinceramente, el somocismo que yo vi hasta el terremoto de 1972, no lo sentí como dictadura. Creo que fueron gobiernos autoritarios, quizá una “dictablanda”. Había represión en hechos aislados; la peor fue a la manifestación de los estudiantes de León el 23 de julio de 1959 en que fallecieron cuatro jóvenes, pero fue un caso excepcional. Cuando mataron a Somoza García hubo “estado de sitio”, detuvieron a algunos líderes opositores y pusieron censura de prensa. Con todo, yo prefería aquellos gobiernos liberales ante la única alternativa realmente viable: el conservatismo clasista. Los demás eran micro partidos de casi solo directivos. El último Somoza, Anastasio Somoza Debayle, sí, fue un dictador; gobernó con una fuerte dictadura en la etapa final del somocismo, cuando decidió reelegirse y sobre todo después del terremoto de 1972. Me opuse activamente a la dictadura de Somoza incorporándome al Movimiento Liberal Constitucionalista, MLC, fundado por un extraordinario demócrata liberal, el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, contra la reelección y continuidad en el poder de Anastasio Somoza Debayle y su brutal represión. Tenía entonces 24 años.

En los inicios de los años 70 los sandinistas apenas se hacían notar en escaramuzas en las montañas y asaltos a bancos. Yo los conocía como guerrilleros comunistas, pero de repente aparecieron respaldados por los gobiernos democráticos de México, Venezuela (de Carlos Andrés Pérez), Panamá y Costa Rica, y apoyados por todo el mundo, incluso por los grandes empresarios privados de Nicaragua. Frente a la dictadura del tercer Somoza, los liberales constitucionalistas, de los que yo era directivo, fuimos haciendo alianzas con otros partidos y grupos opositores hasta formar el Frente Amplio Opositor, FAO, que respaldaba la insurrección armada del Frente Sandinista que se presentaba con una propuesta de pluralismo político y economía mixta, prometiendo un gobierno de libre mercado y respeto a la propiedad. Gozaban de un respaldo internacional casi total. Todos los opositores los apoyamos. Sentí que ese tipo de revolución calzaría con mi ideología social liberal en favor de los pobres. Conocí los, hasta entonces, prohibidos y misteriosos países de la Europa Oriental, aprendí que no todo en el mundo es blanco o negro, me fascinó Rusia y admiré —admiro— a Mijaíl Gorbachov que impulsó la perestroika y la glasnost, reformó el sistema político de Rusia, acabó con el comunismo en Europa Oriental, derribó el muro de Berlín y finalizó la guerra fría. Apoyé la revolución sandinista a pesar de que no cumplieron lo prometido, les di el beneficio de la duda, “justificada” por una guerra que yo veía, más que contra la resistencia, contra el gobierno de los Estados Unidos que estaba detrás. Nunca fui sandinista, pero desde mi nacionalismo y liberalismo social de centro-izquierda, los apoyé. Fue un error y una decepción.

Volví al MLC ya constituido como PLC. Viví los gobiernos de doña Violeta, de Arnoldo, de Bolaños y nuevamente de Daniel. Con el PLC viví sus momentos buenos y malos, de aciertos y desaciertos, cosas que nos enorgullecen y cosas que nos apenan. Pero ha sido el único partido opositor que ha mantenido continuidad y organización nacional; y antes de esta gran movilización patriótica sin banderas partidistas, era la única opción de oposición con visos de viabilidad futura, aunque debilitado y muy atacado por situaciones pasadas y sobre dimensionadas, y por algunas antipatías personales sostenidas por algunos sectores opositores. Este año cumplo 70. He vivido tres dictaduras  y la lucha para botarlas han costado más de 65 mil muertos: la de Somoza, la del sandinismo de los 80 y la del actual gobierno. Mis hijos y nietos han vivido viendo a Daniel Ortega siempre gobernando desde arriba o desde abajo. Ahora espero que el Diálogo Nacional nos permita ver a Daniel abandonar el poder pacíficamente, sin más muertes, mediante elecciones libres donde la oposición se una sin banderas partidistas, llevando solo la azul y blanco, y que luego, bajo un nuevo gobierno democrático, surjan nuevos partidos, incluyendo un nuevo Partido Liberal, no Constitucionalista ni Nacionalista ni Independiente; sin apellido, Partido Liberal a secas, renovado, rejuvenecido, fresco. 

Por eso yo escojo el camino no violento, por eso respaldo el diálogo y me opongo a un paro nacional que conduce a respuestas violentas, a más sangre y muerte de ciudadanos opositores, a la falta de alimentos y medicinas para el pueblo, a la quiebra de comerciantes, productores e industrias de todo tamaño, al desempleo, a la destrucción de Nicaragua, y al final a una nueva guerra civil.

5/07/2018

Un llamado a la sensatez

Adolfo Miranda Sáenz



Todos sabemos que es necesario un cambio de gobierno en Nicaragua que permita el retorno a la paz y tranquilidad, el restablecimiento de la democracia con elecciones libres y honestas observadas nacional e internacionalmente, así como una reestructuración de los Poderes del Estado que garantice su independencia; y suprimir la reelección de una vez para siempre, porque históricamente ha sido la causa de nuestros problemas políticos. Hemos vivido las protestas pacíficas, primero de los jóvenes y luego de la inmensa mayoría del pueblo, y algunas fueron reprimidas por turbas y policías con muertos, lesionados, mutilados, encarcelados, torturados y apaleados brutalmente. Por el clamor popular, por haberse agotado la confianza de todos los sectores en las autoridades, por el llamado de la comunidad internacional, el gobierno actual debe dejar el poder.

El cambio de gobierno conviene a todos; a los que estamos en la oposición y a los que gobiernan. La historia, maestra de la vida, nos enseña que, en una situación como ésta, cualquier gobierno está destinado a ser cambiado por otro, sea por una vía pacífica o por una vía violenta más larga y dolorosa, que no conviene al pueblo pues sufriría mucho más de lo que ya ha sufrido, ni conviene al gobierno, pues al caer violentamente, aunque tarde años, pagaría muy caro no haber aceptado el cambio pacífico. Los sandinistas saben muy bien la diferencia entre el cambio violento que ellos propiciaron en 1979 y el cambio pacífico que ellos aceptaron en 1990. Lo sensato es que todos los nicaragüenses busquemos cómo entendernos respaldando firmemente el diálogo nacional donde se acuerde el procedimiento para el cambio pacífico de gobierno. Todo lo demás que pide el pueblo se logrará una vez alcanzada esta meta, que es lo fundamental y que no debería tener obstáculos ni otras condiciones que impidan lograrla. Y prepararnos para unas elecciones libres en que la oposición no lleve banderas partidistas y los políticos den lugar a candidatos no políticos encabezando una Unión Nacional Opositora solamente azul y blanco.

El problema estaría en que el diálogo fuera boicoteado por grupos que no creen en él, que rechazan el cambio de gobierno pacífico y electoral promoviendo una insurrección (que llaman pacífica, pero sabemos que, por A o por B, toda insurrección termina siempre en violencia, aunque no sea la voluntad de los insurreccionados), lo cual llevaría a Nicaragua a la misma situación de Venezuela, donde llevan ya cinco años de estar en las calles y no logran que Maduro se vaya; solo han logrado más represión y más miseria. Pidamos a los jóvenes actuar sensatamente y no atrasar más el diálogo. ¡Por favor, muchachos, no escuchen a quienes tratan de convencerlos de tomar otro camino que solo puede llevarlos a la muerte a ustedes mismos y a muchos otros! Todos debemos ser sensatos. Confiemos en el diálogo con la mediación de nuestros obispos. Y también, por muchas dudas o desconfianza que hubiese con el proceso iniciado por la OEA, ¡hay que aprovecharlo! La situación ha cambiado. La presión interna e internacional, sobre todo de los gobiernos de los Estados Unidos y de muchos países Latinoamericanos miembros de la OEA, que ahora tienen la mirada puesta en Nicaragua, haría funcionar bien y agilizar el proceso democratizador iniciado aquí por este organismo.

No hay que cegarse por la pasión ni el entusiasmo. El gobierno, y los sandinistas que lo apoyan, realmente están golpeados, pero no débiles. No creamos que hay condiciones para botar al gobierno con enfrentamientos en las calles, manifestaciones o un paro nacional. A Somoza no lo derrocó eso, sino un ejército sandinista fuerte y bien entrenado y armado por gobiernos extranjeros, que tenía bases militares en países vecinos. Fue una guerra entre el ejército sandinista y la guardia nacional que no era tan grande ni estaba tan bien armada como pensábamos. Después, la contra no pudo derrotar a un ejército sandinista bien armado en los años 80, a pesar de tener todo el apoyo del gobierno de EE.UU. Fueron las elecciones, producto de un diálogo gobierno-contras bajo la presión de un arreglo entre EE.UU. y la URSS, lo que llevó a las elecciones que perdieron los sandinistas. Seamos sensatos todos, gobierno y oposición. Las provocaciones de uno u otro lado no conducirían más que a bloquear el diálogo nacional y provocar una insurrección que terminaría destruyendo a Nicaragua. Nadie saldría ganando con eso. Las dos guerras anteriores costaron 60 mil muertos, incluyendo a los chavalos del servicio militar obligatorio. ¿Queremos más muertes? La única salida sensata es “bajar el gas” ambas partes, y sentarse a dialogar para ponerse de acuerdo en un cambio de gobierno constitucional, electoral y pacífico, que le conviene tanto a los mismos gobernantes como especialmente, sobre todo, al pueblo, mediante elecciones libres y honestas. ¡Que la sensatez prevalezca sobre la ira y el orgullo de unos y de otros! ¡Respaldemos el diálogo nacional! ¡Todavía es tiempo!

5/02/2018

La necesidad y dificultades del diálogo nacional

¿Qué pasaría si fracasa? ¿Qué resultados podemos esperar? ¿Cumpliría el gobierno los compromisos? ¿Insurrección o elecciones libres? ¿Qué pasará?
Adolfo Miranda Sáenz


Recientemente, en 1989, se dieron los “Acuerdos de Sapoá” que permitieron el fin de la guerra entre sandinistas y contras, y elecciones libres y honestas, observadas internacionalmente, que ganó la Unión Nacional Opositora y perdió el Frente Sandinista. Ahora acabamos de vivir días de protestas y represión, con muchos muertos, heridos, mutilados, apaleados, encarcelados, torturados… Fue la brutal respuesta de los grupos de choque pro gobierno y la Policía Nacional a las legítimas y pacíficas protestas populares iniciadas por los jóvenes y respaldadas por toda la nación. Una terrible represión sangrienta que ha dejado un sentimiento de coraje contra el gobierno; un coraje que se mantiene latente en la espera pacífica y esperanzadora de un diálogo nacional. Pero si fracasa el diálogo, podemos caer en la horrible situación de Venezuela.

Venezuela está destruida después de cinco años de estar el pueblo en las calles luchando y muriendo, no por culpa del diálogo, sino porque el diálogo no logró pasar de unos primeros intentos; fue boicoteado tanto por el gobierno como por sectores de la oposición que no creyeron en él y apostaron por la vía de una prolongada insurrección que no ha logrado sacar a Maduro sino acarrear a los venezolanos más miseria a su ya miserable vida bajo la tiranía. Por eso, la solución para Nicaragua no es la insurrección sino un diálogo que conduzca a un proceso electoral honesto y observado internacionalmente, en que los partidos y movimientos políticos depongan sus banderas e intereses en aras de una Unión Nacional Opositora que como en 1989 gane, y pacíficamente tengamos un nuevo gobierno.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua, CEN, es la mediadora y testigo, con la coordinación del cardenal Brenes y un equipo integrado por los obispos Silvio Báez, Bosco Vivas, Jorge Solórzano y Rolando Álvarez, trabajando colegiadamente hasta que la CEN lo considere conveniente. Pero este diálogo tiene muchas dificultades que superar. ¡No es fácil! Ahora mismo es urgente que los estudiantes se pongan de acuerdo en sus representantes y que no se atrase más el inicio del diálogo nacional, pues en esa espera cualquier “chispa” puede empezar un “incendio”, y quizá habrá quien, como pasó en Venezuela, no crea en el diálogo y no lo quiera.

Durante la reciente represión los partidos políticos guardaron sus propias banderas para protestar bajo una sola bandera azul y blanco. Creo que, por ahora, además de los jóvenes estudiantes, en el diálogo deben estar representados el COSEP, las MYPIMES, los trabajadores independientes, los rectores de las universidades privadas y sectores de la sociedad civil sin vínculos partidistas. Prudentemente los partidos políticos y los organismos de la sociedad civil identificados con determinadas corrientes políticas, deben esperar. Hoy existe poca confianza en los partidos. Seguramente más adelante se recuperará la confianza porque en una democracia son necesarios. Pero ahora los partidos deberían esperar que el mismo diálogo los requiera al llegar a ciertos temas, como el electoral.  

En el diálogo no se debería exigir lo que sabemos que es imposible que se acepte, porque, aunque suene bonito para quien quiera lucirse, sería acabar con el diálogo y volver a la violencia… ¡más muertes innecesarias! Hay que exigir lo posible. ¿Adelantar las elecciones? ¿Cuánto tiempo? Seamos realistas: ahorita la oposición no está lista ni unida ni organizada, y unirse va a costar muchísimo. Igual costará organizarse. La oposición necesita tiempo para ir bien preparada a unas elecciones. ¿Trasmitir el diálogo en vivo? ¡Sería un show! La gente hablaría para las cámaras, para lucirse, y no se dirían las cosas que algunos dirían, reconocerían y aceptarían en privado.

Hay dos documentos cuyo cumplimiento debe exigirse en el diálogo: 1) El documento de la CEN presentado al gobierno el 21 de mayo de 2014. 2) Los acuerdos suscritos por el gobierno con la OEA, que deben llevar a un rápido cambio del Consejo Supremo Electoral, cambios en la Ley Electoral, complimiento de la Carta Interamericana Democrática y elecciones libres observadas internacionalmente no solo por la OEA sino por la Unión Europea, Centro Carter, etc. Algunos sectores lo han criticado por lento y sigiloso, pero en el diálogo se puede presionar su agilización y mejor divulgación. Esta es la única salida pacífica que evitaría llevar —otra vez— a la destrucción del país, a más violencia, represión, sangre, muerte, dolor y miseria para nuestro pueblo.

El gobierno firmaría y cumpliría acuerdos aceptables, por la presión; internamente con frecuentes manifestaciones pacíficas, e internacionalmente con el peso que tienen en la OEA los Estados Unidos, México, Colombia, Chile, Argentina y otros, y la presión fuerte, directa, personal, sobre Daniel Ortega, Rosario Murillo y los altos mandos del ejército, ejercida por los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Así se puede lograr una transición en paz sin afectar al país con más tragedias.
NOTA: Lo expresado en mis artículos refleja exclusivamente mi opinión personal.

4/29/2018

El Papa Francisco sí aclaró sobre el infierno

Adolfo Miranda Sáenz



Antes se creía que solo los católicos nos salvábamos, pero San Juan XXIII y San Pablo VI aclararon que toda persona buena y sincera puede salvarse, cualquiera que sea su religión o su fe, según su rectitud de vida y su conciencia. Antes creíamos que los niños que morían sin bautizarse iban al Limbo, y corríamos a bautizarlos con la llamada "agua de socorro", pero Benedicto XVI aclaró que “el Limbo no existe”, y que todos los niños que fallecen, bautizados o no, van al Cielo. Antes creíamos que existía “un lugar” llamado Infierno; pero San Juan Pablo II aclaró que no existe tal “lugar”, que el infierno es “una situación”. Hay varias cosas en las que antes creíamos y el Magisterio de la Iglesia ha ido aclarando.

Que ahora el Papa Francisco, que es el Sumo Pontífice de la Iglesia, haga una aclaración, aunque sea en un comentario informal, no es nada extraño. De hecho, lo hizo sobre un tema del que ya casi nadie hablaba porque casi nadie creía en el viejo enfoque que se le daba. Hoy ya no se amenaza, como en otros tiempos, desde los púlpitos, con las llamas ardientes del fuego de un infierno cuyo sufrimiento horrible duraría toda la eternidad. ¿Podemos imaginarnos lo que es "toda la eternidad"? Millones de millones de milenios sufriendo una tortura comparable con estar quemándose vivo. ¡Inimaginable tortura que supera toda crueldad! ¡Es que no cabe en la cabeza que un Dios que es amor hubiera creado tal castigo! El Papa Francisco ha dicho al director del diario “La República”, de Roma, que el infierno no es “un sufrimiento eterno”, sino “disolverse” en la nada, dejar de existir, no gozar de la vida eterna en la plena felicidad infinita del Cielo, o sea, que es la “muerte eterna”. Algo que implica un profundo sufrimiento, pues antes de "morir para siempre" el condenado tendrá plena conciencia de lo que es el Reino de Dios y de lo que se perderá eternamente, de lo que no  podrá disfrutar jamás. La Oficina de Prensa del Vaticano no negó que el Papa haya hecho esta aclaración —contrario a lo que algunos afirman—, simplemente la vocería vaticana explicó que lo reproducido en el periódico “no fueron las palabras exactas del Papa”; pero lo importante no son “las palabras exactas” que haya usado el Papa, sino “el concepto” que aclaró, el cual concepto de infierno como muerte eterna y no como un sufrimiento eterno, no fue negado, sino tácitamente confirmado en el comunicado vaticano. Un infierno concebido como “sufrimiento por toda la eternidad”, no existe. ¡Nada de que escandalizarse! ¿Cambian las verdades de fe? ¡Por supuesto que no! Pero sí cambia la forma de entenderlas. Ya lo dijo Benedicto XVI en el libro "La Sal de la Tierra", que las verdades de fe pueden siempre verse y entenderse mejor, de una forma diferente sin cambiar en lo esencial. El Catecismo (No. 94), citando la Constitución Dogmática “Gaudium et Spes” (No. 62), enseña que las verdades de fe van siendo mejor comprendidas a través del tiempo, tanto en sus palabras como en sus realidades, y para eso existe el Magisterio de la Iglesia asistido del Espíritu Santo, para guiarnos en esa mejor comprensión de la verdad.

La aclaración del Papa Francisco, aunque no sea una declaración "oficial", es sumamente importante y esclarecedora, pues no lo dijo cualquiera, es la opinión nada menos que del Papa, del Vicario de Cristo en la Tierra. Y la recibo con especial alegría, como millones de católicos, porque yo, que quiero ser un buen católico, siempre he dudado que Dios, que es amor infinito, hubiese podido crear un castigo tan terrible con dimensiones para toda la eternidad. Es decir, yo rechazaba en mi mente y corazón ese infierno y confiaba en que alguna aclaración habría, tarde o temprano, desde el magisterio de la Iglesia. Gracias a Dios el Papa Francisco lo aclaró, y abrió las puertas de la Iglesia a muchos que se fueron o que no entraban porque la creencia en un castigo horroroso por toda la eternidad, una idea que repugna, era un obstáculo para creer en un Dios que es amor. Y por supuesto que, de paso, se cae la creencia en un purgatorio donde las almas "se queman a fuego lento temporalmente", para ahora entenderlo mejor, como una etapa de preparación y purificación, pero no de tortura ni sufrimiento, excepto la ansiedad por entrar cuanto antes al Reino de los Cielos.

Pero, ¿niega el Papa Francisco un dogma o doctrina importante de la Iglesia? No. Al contrario; su aclaración concuerda mejor con lo dicho por la norma suprema: la Sagrada Biblia; y además, con los documentos que son como la "Carta Magna" de la Iglesia, que son las Constituciones Dogmáticas emanadas del Concilio Vaticano II, en particular la Constitución Dogmática "Gaudium et Spes" (Gozo y Esperanza). Es que realmente, debemos reconocer que los católicos, por una costumbre centenaria, hemos asumido más el infierno y el purgatorio de la obra literaria "La Divina Comedia", escrita por el poeta italiano Dante Alighieri entre 1304 y 1321, que lo escrito en la Palabra de Dios y en los documentos del Concilio Vaticano II, donde los Papas San Juan XXIII y San Pablo VI, con los aportes y el consenso de obispos de todo el mundo reunidos en Roma, se refieren a nuestras verdades fundamentales en las Constituciones Dogmáticas y otros importantes documentos. Es decir, creíamos, por la costumbre popular, en el infierno, el purgatorio y el cielo de la imagnación de Dante, no de la revelación de Dios.

Nuestra fe católica nos enseña que Dios nos creó para vivir felices eternamente, pero debido al pecado perdimos ese derecho: “No comas ese fruto (pecado) porque morirás.” (Génesis 2.17) Pero Jesús, al morir en lugar nuestro y resucitar, ha vencido a la muerte y hecho posible nuestra salvación: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquel que en él crea no muera, sino que tenga vida eterna”. (Juan 3.16) Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Juan 11.25) San Pablo aclara: “El pago del pecado es la muerte, pero el don de Dios es la vida eterna unidos con Cristo Jesús, Nuestro Señor.” (Romanos 6.23) Algunos habremos pensado que por el pecado hay una muerte del cuerpo, pero no del alma, la cual seguiría sufriendo horriblemente toda la eternidad. Pero el Apocalipsis nos enseña que después de la resurrección de los muertos y del juicio final, los condenados serán arrojados al “lago de fuego” que es “la muerte segunda”. (Apocalipsis 20.14 y 15; 21.8)

Algunas versiones de la Biblia traducen como “infierno” las palabras “sheol” (hebreo) y “hades” (griego), que significan sepultura o lugar de los muertos; pero traducen también como “infierno” el nombre “Gehenna”, que es algo muy distinto. Jesús habló de la condenación comparándola con el Gehenna, un valle donde los cananeos sacrificaban niños al dios Moloch, quemándolos vivos; una práctica que fue proscrita por los judíos, convirtiéndolo en el basurero de la ciudad donde se incineraban la basura y los cadáveres de animales y criminales. Como en todo basurero, había fuego permanente, y todo lo arrojado allí se quemaba. Jesús usó el Gehena para explicar la condenación. El significado de Gehena es el mismo que el del “lago de fuego” del Apocalipsis, donde Dios arrojará a los que no quisieron salvarse, llamándolo “muerte segunda”. Las dos expresiones, de manera figurada, se refieren a la muerte eterna, sin posibilidad de resurrección. Dijo Jesús: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma, teman a los que pueden destruir (griego: apólumi) alma y cuerpo en el infierno (Gehena).” (Mateo 10.28)

La Biblia nos presenta una disyuntiva entre vida eterna y muerte eterna. El Magisterio de la Iglesia en la “Gaudium et Spes” (18-22), nos presenta también esa disyuntiva entre “vida eterna” en el Cielo y la “muerte eterna” que es el infierno (no otra “vida eterna” en un infierno). Es vida o muerte. Toda la Biblia, la Tradición Apostólica y el magisterio de la Iglesia coinciden en abundantes textos en que la disyuntiva es vida o muerte. Vida para siempre o muerte para siempre, vida eterna o muerte eterna. Otros textos no establecen una verdad diferente. Se utilizan símbolos, imágenes, parábolas, recursos literarios para dar una explicación de lo que se sufre al saber que se ha perdido la vida eterna. Lo dicho por el Papa Francisco no contradice ninguna verdad de fe, solo la aclara. ¿Sufren los condenados? Por supuesto. Es parte de su justo castigo. La parábola de Lázaro y el rico (que popularmente se le llama Epulón) es una ilustración, un símbolo, un recurso de Jesús para expresarnos el sufrimiento del alma de quien sabe que está condenado a la muerte eterna después de la resurrección y el juicio final, frente al gozo de quienes en "el seno de Abrahan" esperaban la muerte y resurrección de Cristo para poder gozar de la vida eterna en el Reino de Dios. Cuando comparezcamos ante Dios después de esta vida, tendremos una clara visión del Cielo, algo maravilloso, indescriptible; y los condenados a muerte también lo verán, y mientras contemplan el magnífico esplendor del Reino al que pudieron entrar pero al que jamás entrarán, experimentarán el horrible sufrimiento de haberlo rechazado y perdido para siempre. Allí será “el llanto y el crujir de dientes”. (Lucas 13:28)  

3/20/2018

¿Solo los creyentes se salvan?

Adolfo Miranda Sáenz


Jesucristo dijo: “El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, se condenará.” (Marcos 16:16). La Constitución Dogmática de la Iglesia Católica, “Lumen Gentium”, en el No. 14, dice: “Cristo, presente para nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, es el único mediador y la única forma de salvación. En términos explícitos, él mismo afirmó la necesidad de la fe y el bautismo y, por lo tanto, afirmó la necesidad de la Iglesia, porque a través del bautismo, a través de esa puerta, los hombres entran a la Iglesia. Por lo tanto, quien sabiendo que la Iglesia Católica fue hecha necesaria por Cristo, se niegue a entrar o permanecer en ella, no podría ser salvado.”

Lo anterior pudiera llevarnos a la conclusión equivocada de que solo los bautizados que permanecen en la Iglesia, pueden salvarse. Pero, claramente lo anterior se refiere a los que “sabiendo” se “niegan”. Jesús se refiere a creer en Él y no rechazarlo, pero ¡una vez conocido!, porque no se puede rechazar a quien no se conoce. Dios, que es bondad infinita, no niega la salvación a quien deja de hacer algo “porque no sabe o no comprende que debe hacerlo”. Saber no significa solo haber oído o conocer superficialmente, sino conocer bien y entender correctamente. Muchos no conocen de verdad a Cristo, a veces por culpa nuestra y no de ellos, porque no siempre evangelizamos bien. Ser debidamente evangelizado no es haber recibido solo el catecismo de Primera Comunión y conocer superficialmente unas pocas cosas de Jesús y la Iglesia. Muchos bautizados desde niños hoy no creen o se alejan de la Iglesia, porque no les enseñamos bien nuestra doctrina, o les hemos enseñado algunos errores que no son la verdadera doctrina. Hay quienes no creen en Dios porque lo presentamos mal, como terrible, castigador, implacable, vengativo, cruel, etc. (yo tampoco creo en un Dios así); y no como el verdadero Dios, padre de amor y misericordia. Muchos se alejan de la Iglesia porque la presentamos como una institución represiva dedicada solo a imponer leyes y obligaciones, a ser —como critica el Papa Francisco— una “aduana” (yo también me alejaría si así fuera); y no como una comunidad de amor, que para eso la fundó Cristo.

El bautismo en la Iglesia y permanecer en ella es necesario para poder salvarse, sí; pero, para quienes han sido adecuadamente evangelizados y comprenden su necesidad. Los que conscientemente, sabiendo su necesidad, rechazan bautizarse o abandonan la Iglesia, no podrían ser salvados; igual no se pueden salvar quienes con pleno conocimiento rechazan a Dios, a Jesús y a la Iglesia, o se apartan por seguir a los ídolos del mundo. Pero aquellos que no han sido verdaderamente evangelizados, o que han sido evangelizados mal, que no conocen realmente al verdadero Dios, a Jesús y a su Iglesia, sin ser su culpa, y hacen lo bueno según su conciencia, pueden salvarse. Muchas veces en el mal testimonio que a veces damos los cristianos recae la culpa de quienes se alejan. Pero —que quede claro—  que no se salvan tampoco quienes utilizan estas fallas como excusas, pretextos o justificación para alejarse de la Iglesia; eso es diferente a no estar consciente de la necesidad de permanecer en ella. La Iglesia la integramos todos los bautizados católicos y todos somos humanos, con fallas, pecadores. Siempre habrán fallas en la Iglesia, pero usar a propósito estas fallas como pretexto no justifica a nadie. Diferente es "estar en un error" de buena fe, que "querer permanecer en el error" voluntariamente.

La salvación que viene de Cristo efectivamente llega a todos los que se salvan, por la Iglesia. ¡Dichosos los miembros de la Iglesia por tener la plenitud de los medios de salvación! Pero Cristo reconoce en otras personas distintas formas de vincularse con la Iglesia y con el bautismo, por el poder del Espíritu Santo, y no quedar excluidos de la salvación. La “Lumen Gentium” en el No. 16 dice: “Los que sin culpa no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios sinceramente e intentan, con ayuda de la gracia, hacer su voluntad, según les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.” Además, agrega: “La Divina Providencia no les niega la ayuda necesaria para la salvación a aquellos que, sin culpa de su parte, aún no han llegado a un conocimiento explícito de Dios, pero, con su gracia, se esfuerzan por vivir una vida de bien.” Esas personas están vinculadas a la Iglesia por medio del Espíritu Santo, porque Dios, en su infinita sabiduría, sabe que si hubiesen sido “bien evangelizadas”, hubieran creído y se hubieran bautizado. (Catecismo 846-848 y 1257-1261).

En la Sagrada Biblia leemos: “(Los que sin conocer la ley) hacen por naturaleza lo que la ley manda, ellos mismos son su propia ley, pues muestran por su conducta que llevan la ley escrita en el corazón. Su propia conciencia lo comprueba, y sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán el día en que Dios juzgará los secretos de todos por medio de Cristo Jesús, conforme al Evangelio que yo anuncio.” (Romanos 2:14-16). ¡Pero hay que evangelizar siempre! Porque si no evangelizamos, por nuestra culpa muchos se perderán de los preciosos tesoros que nos quiere dar Dios, Jesús, por medio de su Iglesia; por ejemplo: la lluvia de gracias, bendiciones y felicidad que les darían los sacramentos; el poder de la Palabra de Dios; la dicha de tener “donde sostenerse” en los momentos difíciles de su vida, etcétera. Se puede llegar al mismo destino caminando un largo y penoso camino árido, polvoso, caluroso y en soledad, sin nadie que te guíe y ayude, con peligro de perderte; pero es mejor ir acompañado por alguien que te guía, te apoya, te acompaña, te anima y te consuela, y viajando junto a otros que comparten la sed y el agua, el cansancio y el descanso, el camino y la meta.

2/21/2018

¿Vida después de la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


El deseo de vivir eternamente, para siempre, es una aspiración profunda del hombre. Todos nacemos hambrientos de eternidad. La ciencia lo comprueba: arqueólogos, antropólogos e historiadores nos dicen que, en todos los continentes, en todas las razas y civilizaciones, hay dos creencias que desde la “edad de piedra” hasta hoy están siempre presentes: creer en la divinidad y creer en la vida después de la muerte. El hombre, por naturaleza, siente la necesidad de adorar y relacionarse de algún modo con la divinidad creadora que rige el universo; y también asume que su vida no acaba aquí, sino que continúa eternamente. Los cristianos tenemos, además, la revelación de Dios escrita en la Biblia, que no es un libro científico ni rigurosamente histórico, sino una colección de escritos inspirados -no dictados- por Dios a lo largo de mil años, que recogen la experiencia religiosa del pueblo de Israel, la vida y enseñanzas de Jesús, y la experiencia religiosa de los primeros cristianos. Una colección de textos escritos con la mentalidad, cultura y circunstancias históricas de diferentes escritores, instrumentos de Dios que, mediante relatos históricos, historietas sencillas, poesía, parábolas y otros recursos literarios nos enseñan grandes verdades: lo que Dios ha querido revelarnos sobre él, sobre nuestro ser y nuestro destino. Una revelación que no se da “de una sola vez”, sino que se va entendiendo de manera progresiva a través de los siglos.

La Biblia nos dice que: “En el comienzo de todo Dios creó el cielo y la tierra.”  (Génesis 1.1) Y nos creó, varón y mujer, a su imagen y semejanza (Génesis 1.27). Dios no creó a los animales a su imagen y semejanza, por eso no tienen cualidades semejantes a las de él. Nosotros sí: tenemos capacidad para razonar y ser creativos; tenemos libertad para decidir y actuar más allá de los instintos. Fuimos creados para vivir felices eternamente: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que le aman.” (1 Corintios 2.9) Entonces, ¿por qué sufrimos y morimos? No es lo que Dios quiere para nosotros, pero nos dio libertad para hacer el bien o el mal, ¡y decidimos hacer el mal! No podía dejar de crearnos libres, pues no seríamos sus hijos, creados a su imagen y semejanza. Seríamos como cualquier animal, regidos por nuestros instintos. Desde el primero -que cometió el pecado original- hasta el último ser humano (excepto Jesús y su madre María) todos hemos pecado. Pecar es ir contra la voluntad de Dios, rebelarnos contra Dios. Nos separamos de él (no es él quien nos separa). Dios nos da la vida eterna; él es la fuente de la vida y su ausencia es muerte eterna, condenación eterna. “El pago del pecado es la muerte” (Romanos 6.23) Si un bombillo se separa de la corriente, se apaga. “Pecando y faltando a nuestra ley nos hemos apartado de ti. En todo hemos pecado. No hemos obedecido tus mandamientos; no los hemos cumplido ni practicado como tú nos habías mandado que hiciéramos para que fuéramos felices.” (Daniel 3.29, 30) “Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron.” (Romanos 5.12) El mal uso de nuestra libertad, el pecado, es la causa del sufrimiento y la muerte.

Pero un padre amoroso no abandona a sus hijos. Él nos dice: “Con amor eterno te he amado.” (Jeremías 31.3) Dios decidió hacerse hombre para morir en la Cruz en lugar de nosotros, pagando él por nuestros pecados y resucitando para darnos la resurrección y la vida eterna. “Cristo ha resucitado. Así como por causa de un hombre vino la muerte, también por causa de un hombre viene la resurrección de los muertos.” (1 Corintios 15.20, 21) “Dios secará todas las lágrimas, y no habrá más muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo eso que antes existía dejará de existir. Dios hará nuevas todas las cosas.” (Apocalipsis 21. 4, 5) Hay vida después de la muerte. Y todos podemos - si queremos- tener una vida eterna feliz en el “Reino de Dios”. 

1/12/2018

Cómo acabar con el terrorismo

Los terroristas son criminales, fanáticos y no se sabe dónde están ni cuando atacarán. A veces, incluso, son "lobos solitarios" de quienes ni se sospecha. ¿Cómo acabar con ellos?

Adolfo Miranda Sáenz


El terrorismo es el uso del terror mediante la violencia como táctica para lograr ciertos objetivos. Grupos terroristas como Al Qaeda, ISIS o Hamás afligen a buena parte de la humanidad. ¿Cómo acabar con ellos? La respuesta es sencilla: acabando con la causa que los origina.  El terrorismo es una forma de lucha absolutamente repudiable que nunca se justifica; pero todo grupo terrorista tiene una causa, persigue un objetivo que no siempre es malo. Lo condenable no siempre es la causa que defienden sino el método utilizado. Han desaparecido grupos terroristas que por mucho tiempo estuvieron activos. ¿Cómo desaparecieron? Eliminando la causa que los originó. No es que el terrorismo haya vencido, sino que otros lucharon por la misma causa con métodos civilizados y pacíficos, y ellos –no los terroristas- lograron sus objetivos. Veamos algunos ejemplos:

El Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army, IRA) fue un grupo terrorista originado por el avasallamiento de los ingleses protestantes sobre los irlandeses católicos que vieron Irlanda dividida en dos: Irlanda del Norte, obligada a ser parte del Reino Unido en condiciones de sometimiento a los ingleses, y la República de Irlanda, independiente y soberana. En 1988, con la mediación de Bill Clinton, los primeros ministros Tony Blair del Reino Unido, Berthie Aherm de la República de Irlanda, y los líderes de las principales fuerzas políticas de Irlanda del Norte firmaron el “Acuerdo de Viernes Santo” en que se concedieron a los irlandeses del Norte importantes logros sobre su autonomía, gobierno y la forma de relacionarse con el Reino Unido, del que quedaron formando parte voluntariamente. Al desaparecer las causas del descontento irlandés desapareció el IRA.  

El movimiento llamado País Vasco y Libertad (Euskadi Ta Askatasuna, ETA) fue un grupo terrorista originado durante la dictadura franquista por la represión, falta de democracia, de libertad y de reconocimiento de los vascos cómo una nación con su propia identidad, idioma, cultura y derechos autonómicos. Con la llegada de la democracia en España se reconocieron las diferentes nacionalidades y autonomías y se dio un proceso de negociación con los líderes de partidos políticos vascos que por la vía cívica y pacífica luchaban por el derecho a su autonomía. En 2011, tras las negociaciones que culminaron con satisfactorios acuerdos para los vascos, terminó el terrorismo de ETA.

En el origen de Hamás está la creación del Estado de Israel en territorio palestino, como un enclave en medio del milenario territorio árabe y musulmán. Aunque Israel tiene derecho a existir, también Palestina, hoy reducida y avasallada por Israel que continúa quitándole territorio. En 1993 Isaac Rabin (Israel) y Yasser Arafat (Palestina), con la mediación de Bill Clinton, lograron un acuerdo de paz reconociendo dos Estados independientes y soberanos conviviendo pacíficamente. Pero los extremistas judíos asesinaron a Rabin y aceptan un Estado Palestino solamente si permanece sometido a Israel. Si se cumplieran los acuerdos de paz, dejaría de existir Hamás.

Al Qaeda fue creada por Reagan para luchar contra los soviéticos en Afganistán y después se volvieron contra sus creadores, volaron las Torres Gemelas y dieron origen a ISIS. Con la invasión de Bush a Irak eliminando al régimen de Sadam Husein (quien era feroz e implacable enemigo de ISIS y los tenía reprimidos y a sus líderes en prisión), ISIS salió fortalecida al desaparecer ese “muro de contención”. Durante la invasión e intervención militar ahorcaron a Sadam Husein y soltaron a la bestia terrorista de ISIS. Aunque los ISIS proclaman que su fin es crear un Estado Islámico y “conquistar el mundo”, ellos realmente se fortalecen alimentándose del odio contra EE.UU. y sus aliados creado por las intervenciones e invasiones militares contra países musulmanes (caso Israel-Palestinos, Irak, Libia, Siria...) Si EE.UU. cambiara su política hacia esos países y presionara a Israel a cumplir el acuerdo de paz de 1993, se acabarían, junto a Hamás, Al Qaeda e ISIS porque no encontrarían jóvenes islámicos motivados con resentimientos para reclutarlos como terroristas. 

El terrorismo no se puede exterminar combatiéndolo como a un ejército enemigo al que se tiene ubicado territorialmente, que se sabe dónde están sus tropas, sus bases militares, sus centros de operaciones. El terrorismo opera en la sombra, oculto y está por todas partes. Ellos no se identifican, se camuflan entre los demás. Se pueden localizar líderes y centros de operaciones y aniquilarlos, pero surgen otros en otra parte, o ya existen como células sin conexión estructural. Además de los "lobos solitarios". Aunque sus métodos sean criminales y abominables ellos están convencidos de su causa y por cada terrorista muerto surgen dos que pueden ser sus hijos, padres, hermanos, amigos o parientes, que se llenan del mismo odio que los impulsa, clamando venganza por las muertes de los demás, odio que se alimenta y crece debido también a las medidas ofensivas y discriminatorias que se toman contra comunidades o grupos musulmanes pacíficos. Por eso digo: solamente eliminando lo que genera el odio se puede acabar con el terrorismo. Es verdad que ISIS llega a ocupar territorios en Irak y Siria y se pueden detectar concentración de tropas, pero atacarlos para acabar con ellos militarmente puede hacer que se recupere un territorio ocupado, pero no es la manera de acabar con ISIS. Allí no están todos sus fanáticos terroristas y esos ataques tienen un alto costo en muertes de inocentes, lo cual siempre crea más resentimientos y odio. 

Son decisiones políticas inteligentes y no acciones militares las necesarias para terminar con Al Qaeda e ISIS. No se puede negociar con los terroristas porque son criminales y fanáticos. Pero se puede lograr la paz en el Medio Oriente cumpliendo los acuerdos de 1993 y mediante negociaciones con los líderes políticos que gobiernan los países de aquella región, para que los EE.UU. y sus aliados retiren su presencia militar y dejen de involucrarse en los conflictos entre ellos apoyando a uno u otro bando. Entre musulmanes sunitas y chiitas, árabes, persas (iraníes), turcos, kurdos, etc., tienen sus conflictos y rivalidades que llevan siglos. ¡Que los resuelvan ellos mismos! Ellos también tienen su modo de gobernarse y de hacer política desde tiempos remotos, que no tienen ahora por qué ser una copia del sistema de EE.UU. o de Inglaterra. ¿Por qué imponer formas de gobierno a otros pueblos? No tiene que "abandonarse" a Israel pues con los acuerdos de 1993 se garantiza su seguridad y la paz en toda la zona, garantizando también un Estado Palestino libre, soberano e independiente. ¡Fin del problema para el resto del mundo! Bueno, las cosas no son tan simples, por supuesto. Ni es asunto de un día para otro. Este es solo un breve artículo de opinión. ¡Pero esa es la ruta a seguir! ¡Y es la única ruta efectiva!

9/18/2017

¿Por qué existen la maldad, el sufrimiento y la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


Después de millones de años ni la ciencia ni la filosofía han podido encontrar una respuesta sobre el por qué de la existencia de la maldad, el sufrimiento y la muerte.  Hay teorías científicas, pero no pasan de ser teorías. Hay razonamientos filosóficos, pero ninguno llega a conclusiones definitivas. Tampoco la religión tiene una respuesta suficiente para solo la lógica humana. La pregunta de que, si Dios existe y es bueno, por qué creó o permite la maldad, el sufrimiento y la muerte, sigue sin respuesta para la sola razón. Es un misterio. Reconocerlo no es un triunfo de la ciencia sobre la religión, pues tampoco la ciencia tiene las respuestas. Ni es un triunfo del ateísmo sobre los creyentes, pues negar a Dios no resuelve esos interrogantes, ni otros tan importantes como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para que existo? ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida?  Los cristianos encontramos respuesta en nuestra fe, que no es la fe en una religión, doctrina o filosofía, ni en las enseñanzas de un difunto gran maestro. Tenemos fe en una persona viva que normalmente no vemos pero que podemos conocer, con la que en algún momento tenemos un primer encuentro, a veces desde niños y no recordamos cuándo; o bien de adultos; y posiblemente también hemos tenido alejamientos y reencuentros. Una persona que nos convence y atrae, nos da confianza y certeza, nos llena de alegría y de paz. Creemos en la persona de Jesús, quien nos ama y a quien amamos.

Él nos dijo que es Dios, que antes de él nada existía y que creó todas las cosas; que nos creó por amor y para vivir felices toda la eternidad, sin maldad, sin sufrimiento ni muerte; pero que nos creó libres, y usando nuestra libertad pecamos -que es no hacer el bien- y como consecuencia existe en el mundo la maldad, el sufrimiento y la muerte. Que hasta la naturaleza misma está trastornada y “gime con dolores de parto”. Que por eso él se hizo hombre para vivir, sufrir y morir igual que nosotros, para redimir a la humanidad de sus pecados y vencer al sufrimiento y la muerte. Que igual que nosotros la maldad la sufrió en carne propia, que sufrió hasta llorar, y que también sudó sangre; que murió crucificado, pero resucitó como resucitaremos nosotros para vivir una vida eterna de felicidad inmensa sin sufrimiento alguno junto a él, en “un nuevo cielo y una nueva tierra” donde “no habrá más llanto ni dolor ni clamor”. ¿Nos parece lógico? ¿Es un razonamiento convincente? Suena razonable... quizá es razonable, pero... ¡Hummm! ¡No lo es de manera contundente y absoluta para nuestra mente! Nos quedan muchísimos interrogantes; siempre podemos preguntarnos: ¿y por qué lo hizo así y no de otra manera? No lo sabemos, pero lo creemos; aceptamos lo que nos dice porque confiamos en él y lo creemos porque le creemos a él. Esa es nuestra fe. Para quien solo ve esto con la razón es una locura. Aunque miles de millones de personas, incluyendo gente muy inteligente y muy preparada intelectual y culturalmente han creído y creen en Jesús. Ninguno por razonamientos lógicos, sino porque lo han encontrado con el corazón.

Pero… ¿Existe realmente Jesús? ¿No es un mito? Hoy la ciencia histórica no tiene dudas al respecto; la existencia histórica de Jesús está probada aparte de toda consideración religiosa. ¿Es Dios? Él lo dijo claramente. ¿Estaba loco? No encontramos en su vida y enseñanzas las anormalidades y desequilibrio de los dementes. Su sensatez y compostura son incompatibles con la esquizofrenia. Él predicó las enseñanzas más profundas y bellas de la historia. Su inmensa sabiduría al hablar y actuar no indican paranoia alguna, sino que denotan una mente extraordinariamente lúcida. ¿Era un embustero? Habría sido estúpido dejarse crucificar por una mentira. Además, el perfil de Jesús, con su carácter tan noble y puro, tan lleno de amor y misericordia, no coincide con el de un burdo impostor. ¿Fue tan solo un gran maestro? ¡Él afirmó claramente ser Dios! Si no lo fuera, sería un loco o un embustero, y ya vimos que no lo es. ¿Está vivo? No sería Dios si no hubiese resucitado, y muchos murieron martirizados por decir que lo vieron vivo después de que murió en la Cruz. Podemos saber quién es y cómo es Jesús leyendo la Biblia, especialmente los Evangelios. Pero lo más importante es que millones afirmamos haberlo encontrado y aunque no lo hemos visto, escuchado o tocado con los sentidos limitados de nuestra corporalidad material, lo hemos sentido, lo hemos percibido y hemos establecido una relación personal con él.

Por supuesto que entre razón y fe no hay contradicción, pues uno puede llegar a conocer a Dios por medio de la razón. A mí la razón me conduce a Dios, y aceptar como Palabra de Dios a la Biblia no va contra mis razonamientos; igualmente, aceptar a Jesús como Dios y mi Señor, me parece razonable, lógico, igual que creer en su Iglesia. Los ateos y agnósticos lo son por su lógica, porque les parece lo más razonable; a mí me parece más lógico y razonable creer. Pero eso no significa que mi mente tenga todas las respuestas, ni que la sola razón me baste para no tener interrogantes. Después de leer la Biblia, especialmente los Evangelios, he podido conocer a Jesús y tener con él una relación de persona a persona; y a él le creo, él me convence. Tengo fe en Jesús. Sigo sin tener todas las respuestas, pero no me preocupan, quizá Dios a propósito y por algo que no sé, no quiere que las tenga. Aunque estoy absolutamente seguro de que cuando lo vea cara a cara comprenderé todo claramente, porque él es, como dijo, “el camino, la verdad y la vida”. 

Pero no se puede encontrar a Jesús intelectualmente sino con el corazón. Algunos quieren encontrar un Jesús de cuentos de hadas, que sea como un “genio de la lámpara” que les conceda sus deseos o utilice “poderes mágicos” para hacer que les vaya bien en la vida; entonces no buscan a Jesús sino a un mago que les sirva y complazca sus deseos, y ese Jesús no existe. Pero quienes busquen a Jesús con el corazón, no por interés, sino reconociendo que él es el Señor (y no al revés), lo encontrarán y tendrán una relación con él de amor verdadero; tendrán una fe que los acompañará a vivir felices aún en medio de tanta maldad, sufrimiento y muerte, y tendrán la esperanza de los cristianos que es la certeza de una vida de dicha y de gozo para toda la eternidad. En resumen, ser “creyente” es tener una relación personal con Jesús, una relación de fe, esperanza y amor. Viéndolo así, uno sabe que ¡Jesús es la respuesta! ¡Es lo que necesitamos! ¡Jesús basta!

4/01/2017

Quitemos la piedra

Dios quiere ayudarnos... ¡pero nosotros tenemos algo que hacer!

Adolfo Miranda Sáenz


Cuando Lázaro murió y Jesús quiso resucitarlo pidió primero que quitaran la piedra que cerraba la sepultura, y cuando quitaron la piedra llamó a Lázaro a la vida. ¿Por qué Jesús, que era Dios Todopoderoso, el creador de todo el universo, pidió que la familia y amigos de Lázaro quitaran la piedra? Si tenía el poder de resucitar a Lázaro, ¿no tendría el poder de quitar la piedra Él mismo con solo desearlo? ¿Por qué no lo hizo? Cuando en las bodas de Canaán Jesús transformó el agua en vino pidió primero que llenaran con agua las tinajas vacías. ¿Por qué? ¿Acaso Él no podía poner vino en esas tinajas sin necesidad de que tuvieran agua? ¿Por qué pidió llenarlas de agua primero? En el Evangelio según San Juan se nos narra cómo para curar a un ciego Jesús hizo lodo con saliva y polvo, se lo untó en los ojos y lo envió a lavarse al estanque de Siloé. ¿Necesitaba hacer todo eso? ¿Por qué quiso que el ciego tuviera que ir a lavar el lodo de sus ojos? Podía hacerlo ver con solo una palabra o un pensamiento. ¿Por qué no lo hizo así? Hay otras narraciones en los Evangelios en que Jesús para hacer un milagro quiso que las personas hicieran algo. ¿Por qué?

Esto tiene una lección que Dios quiere darnos a todos. Nosotros no podemos resucitar a un muerto, pero sí podemos remover una piedra. No podemos convertir el agua en vino, pero podemos llenar las tinajas con agua. No podemos ver claramente nuestro camino, pero podemos lavar nuestros ojos. Si en la vida tenemos problemas y pedimos ayuda a Dios es muy posible que Él quiera que nosotros hagamos algo por nuestra cuenta, como remover algunas piedras. Si nuestra vida está vacía, triste, deprimida, o si a nuestro matrimonio, a nuestras relaciones familiares “se les acabó el vino”, Él puede llenarlo todo “del mejor de los vinos”, pero antes puede pedirnos que nosotros llenemos las tinajas del agua que puede estar a nuestro alcance en vez de esperar que Él lo haga todo. A veces queremos ver soluciones, queremos que Dios nos de ideas, que nos señale el camino a seguir. Pero Dios espera que primero nos lavemos el lodo de los ojos; el lodo de nuestros prejuicios, vanidad, soberbia, orgullo, respeto humano… de todo lo que nos impide ver el camino por el que Jesús nos quiere llevar.

Como nos dijo Jesús, en esta vida tendremos aflicciones. La felicidad completa solo la tendremos en la vida eterna después de esta vida pasajera. Por ahora tenemos que soportar vivir en un mundo trastornado por la maldad del pecado y donde buenos y malos sufrimos. Tenemos que convivir con problemas de salud, problemas económicos, conflictos familiares, decepciones, traiciones, injusticias, crímenes, guerras y con el peor enemigo: la muerte; la nuestra y la de nuestros seres queridos. Una muerte que sería definitiva si no fuera porque Dios quiso hacerse hombre y pagar Él en la Cruz por nuestras culpas devolviéndole a la humanidad la vida eterna de felicidad completa que siempre quiso para nosotros desde la eternidad y para la eternidad.

Pero mientras tanto, en este mundo de aflicciones también Dios nos da cosas lindas, momentos de inmensa dicha, detalles grandes y pequeños que podemos disfrutar. No todo es tristeza en esta vida donde también hay alegrías inmensas. Y en medio de las aflicciones Jesús no nos deja solos. Dios escucha nuestras oraciones y nos ayuda a resolver nuestros problemas o nos da sabiduría, fortaleza y paz para enfrentarlos y sobrellevarlos. Pero Jesús, para ayudarnos, espera que nosotros quitemos algunas piedras, que llenemos nuestras tinajas y lavemos el lodo de nuestros ojos.

3/04/2017

La Política

Adolfo Miranda Sáenz

Entrevista



Comparto con mis lectores la entrevista que recientemente me hizo el joven periodista Gustavo Alberto Ramírez Escorcia, en mi condición de comentarista de temas políticos (entre otros).

Pregunta. ¿Cuál es la mejor definición de política para este siglo XXI?
Respuesta. Hay muchas y muy variadas definiciones de política, algunas famosas como las de Carl Schmitt, Maurice Duverger, Max Weber o Gramsci, tan alabadas por unos como criticadas por otros. El diccionario de la RAE tiene 12 acepciones de la palabra política. Generalmente se acepta como acertado decir que “es la ciencia social que estudia el poder público o del Estado.” Yo la definiría hoy como “la ciencia que trata sobre la formación y funcionamiento de las estructuras de poder, gobierno y organización social, tanto en una colectividad humana determinada como a nivel universal.”

P. ¿Cómo podemos lograr una sana cultura política?
R. Mediante la educación del pueblo en general, partiendo de la escuela primaria hasta la universidad. En una democracia las estructuras de poder, gobierno y organización social se forman y funcionan de conformidad con la voluntad de la mayoría de los ciudadanos expresada mediante el voto directo o por medio de representantes proporcional y democráticamente elegidos. Si la mayoría de los ciudadanos no tiene una buena educación general, no tendrá la mejor capacidad para tomar buenas decisiones políticas y elegir adecuadamente. Es el grado de educación de los ciudadanos lo que determina el nivel de cultura política en un país.

P. ¿Qué papel juega la comunicación en el ámbito político?
R. La comunicación es vital e imprescindible para una sana cultura política. En esto entra en juego el periodismo en dos de sus funciones principales: informar y orientar, las cuales nunca deben confundirse y deben ejercerse de manera claramente diferenciada. Para tomar sus decisiones políticas el pueblo debe estar informado, y el periodismo informativo debe llenar esa necesidad; esto es brindar noticias de manera objetiva relatando los hechos tal y como son, sin cargar la información con comentarios propios o de terceros, ni torcer las noticias según las preferencias ideológicas o partidistas que el periodista o el medio tengan. El público debe recibir los hechos puros y simples (y balanceados, o sea, sin ocultar unos versus destacar otros) y así cada cual formarse su propia opinión. Por aparte está el periodismo que orienta mediante los editoriales y artículos de opinión, donde las noticias se comentan. Ambos espacios son necesarios y son legítimos, pero no deben mezclarse. En los periódicos debe haber secciones claramente diferenciadas para la información y la opinión, sin mezclar una cosa con la otra. Debe haber programas de radio y TV informativos, y por aparte programas de opinión, bien diferenciados.

P. ¿Qué se puede entender por comunicación política?
R. Yo lo entiendo de tres maneras. Digamos que el término puede tener tres acepciones: A) En general, informaciones o comentarios sobre temas políticos. B) Lo que un gobierno o determinado partido o grupo comunica con el fin de dar a conocer su quehacer político y hacer proselitismo, como los boletines o publicaciones oficiales de un partido o grupo en particular. C) Cuando un medio de comunicación que se supone veraz y objetivo da la información o noticias, disfrazando una intención política.

P. ¿Cuáles son los nuevos retos que debe enfrentar la política? 

R. El mundo cada día está más globalizado y hoy existen situaciones en diferentes partes del planeta que nos afectan a todos. Los nuevos retos políticos surgen de que tenemos una “casa común” y no podemos ver como cosa privativa de cada país algunos sucesos políticos si estos afectan a toda la humanidad. Este es el principal reto para la política. Enfrentar lo que atenta contra la vida en el planeta, contamina el ambiente, amenaza algunas especies, causan guerras que originan masivas migraciones, amenazan con destrucción nuclear, el genocidio, el terrorismo y el comercio mundial que clama por un nuevo orden económico internacional con estructuras de justicia.