2/21/2018

¿Vida después de la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


El deseo de vivir eternamente, para siempre, es una aspiración profunda del hombre. Todos nacemos hambrientos de eternidad. La ciencia lo comprueba: arqueólogos, antropólogos e historiadores nos dicen que, en todos los continentes, en todas las razas y civilizaciones, hay dos creencias que desde la “edad de piedra” hasta hoy están siempre presentes: creer en la divinidad y creer en la vida después de la muerte. El hombre, por naturaleza, siente la necesidad de adorar y relacionarse de algún modo con la divinidad creadora que rige el universo; y también asume que su vida no acaba aquí, sino que continúa eternamente. Los cristianos tenemos, además, la revelación de Dios escrita en la Biblia, que no es un libro científico ni rigurosamente histórico, sino una colección de escritos inspirados -no dictados- por Dios a lo largo de mil años, que recogen la experiencia religiosa del pueblo de Israel, la vida y enseñanzas de Jesús, y la experiencia religiosa de los primeros cristianos. Una colección de textos escritos con la mentalidad, cultura y circunstancias históricas de diferentes escritores, instrumentos de Dios que, mediante relatos históricos, historietas sencillas, poesía, parábolas y otros recursos literarios nos enseñan grandes verdades: lo que Dios ha querido revelarnos sobre él, sobre nuestro ser y nuestro destino. Una revelación que no se da “de una sola vez”, sino que se va entendiendo de manera progresiva a través de los siglos.

La Biblia nos dice que: “En el comienzo de todo Dios creó el cielo y la tierra.”  (Génesis 1.1) Y nos creó, varón y mujer, a su imagen y semejanza (Génesis 1.27). Dios no creó a los animales a su imagen y semejanza, por eso no tienen cualidades semejantes a las de él. Nosotros sí: tenemos capacidad para razonar y ser creativos; tenemos libertad para decidir y actuar más allá de los instintos. Fuimos creados para vivir felices eternamente: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que le aman.” (1 Corintios 2.9) Entonces, ¿por qué sufrimos y morimos? No es lo que Dios quiere para nosotros, pero nos dio libertad para hacer el bien o el mal, ¡y decidimos hacer el mal! No podía dejar de crearnos libres, pues no seríamos sus hijos, creados a su imagen y semejanza. Seríamos como cualquier animal, regidos por nuestros instintos. Desde el primero -que cometió el pecado original- hasta el último ser humano (excepto Jesús y su madre María) todos hemos pecado. Pecar es ir contra la voluntad de Dios, rebelarnos contra Dios. Nos separamos de él (no es él quien nos separa). Dios nos da la vida eterna; él es la fuente de la vida y su ausencia es muerte eterna, condenación eterna. “El pago del pecado es la muerte” (Romanos 6.23) Si un bombillo se separa de la corriente, se apaga. “Pecando y faltando a nuestra ley nos hemos apartado de ti. En todo hemos pecado. No hemos obedecido tus mandamientos; no los hemos cumplido ni practicado como tú nos habías mandado que hiciéramos para que fuéramos felices.” (Daniel 3.29, 30) “Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron.” (Romanos 5.12) El mal uso de nuestra libertad, el pecado, es la causa del sufrimiento y la muerte.

Pero un padre amoroso no abandona a sus hijos. Él nos dice: “Con amor eterno te he amado.” (Jeremías 31.3) Dios decidió hacerse hombre para morir en la Cruz en lugar de nosotros, pagando él por nuestros pecados y resucitando para darnos la resurrección y la vida eterna. “Cristo ha resucitado. Así como por causa de un hombre vino la muerte, también por causa de un hombre viene la resurrección de los muertos.” (1 Corintios 15.20, 21) “Dios secará todas las lágrimas, y no habrá más muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo eso que antes existía dejará de existir. Dios hará nuevas todas las cosas.” (Apocalipsis 21. 4, 5) Hay vida después de la muerte. Y todos podemos - si queremos- tener una vida eterna feliz en el “Reino de Dios”. 

2/13/2018

Actitudes valiosas para vivir felices

Adolfo Miranda Sáenz

De los especialistas en la materia (sicólogos, sociólogos, teólogos) comparto algunos consejos para ser feliz, finalizando hoy una serie de artículos sobre la felicidad. Recordemos antes las claves básicas: 1. La felicidad consiste en estar contento con lo que hoy eres y tienes. 2. Proponte “metas realistas” en tu vida, que estén a tu alcance. 3. No te compares con nadie ni envidies a nadie, pues siempre (merecidamente o no) habrá otros que serán y tendrán más que tú. 4. Líbrate de toda atadura (resentimiento, duelo por alguien que se fue, lamento por lo que perdiste, etc.) 5. Vive feliz tu presente; el pasado ya no existe y el futuro no ha llegado y no sabes cómo será; no te angusties por un mañana que no conoces.

No te apures en resolver todas las cosas de una vez. Una maraña de nudos en una cuerda se ve enorme y difícil de desenredar, pero si te fijas bien verás que no se trata más que de muchos pequeños nudos que puedes desatar fácilmente, uno por uno. Así es la vida. A veces nos abrumamos porque vemos una montaña de problemas sobre nosotros y no pensamos que en realidad son diferentes problemas que aisladamente no resultan tan grandes. Suelta los nudos uno a la vez. No trates de hacer todo lo que tienes pendiente a súper velocidad. No trates de hacer las tareas pendientes el mismo día. ¡Calma! Actúa según el sabio proverbio italiano “chi va piano, va lontano” (quien va despacio, va lejos). Vive despacio, anda despacio, come despacio, respira despacio, piensa despacio, toma decisiones despacio. La prisa te hace cometer errores que debes resolver y te atrasan más, por eso Napoleón decía a sus ayudantes: “Vístanme despacio que tengo prisa”.

Mantente activo. Está bien tener momentos de reposo, incluyendo tu sueño nocturno -obviamente- al que debes entregarte regularmente de seis a ocho horas diarias, y quizá una pequeña siesta o acomodarte en un sillón con tus ojos cerrados mientras disfrutas del “ocio creador” que es cuando te pueden llegar brillantes ideas e inspiración, o practicar la meditación. Pero estar mucho tiempo ocioso, divagando, es nocivo. Tu mente empezará a maquinar y a darte pesadillas despierto. Te vendrán pensamientos negativos, pesimistas, y te invadirá el miedo. ¡Cuidado! Si estás mucho tiempo ocioso, con pereza física y mental, debes recordar que “la pereza es la madre de todos los vicios”. Mantente activo: reza, lee, medita, escucha música, platica, escribe, y no olvides hacer ejercicio físico, lo cual te da salud de mente y cuerpo, y por supuesto, felicidad.

Practica la gratitud. Agradece a todos los que te hacen un bien, y sobre todo agradece a Dios. Tantas personas acusan a Dios por los males que ven en el mundo, se apartan de Dios porque no les da lo que quieren (que no siempre es lo que les conviene); lo juzgan sin reconocer que nuestra pequeña mente humana no tiene la capacidad para comprender a Dios ni sus decisiones (más allá de lo que Él nos revela), y no aprecian lo mucho que Dios les ha dado y les da cada día: una vida maravillosa. ¿Maravillosa? Sí. A pesar de todo lo difícil y duro que podamos experimentar, la vida es linda. En mi ciudad natal había un señor que padecía por muchos años una enfermedad que lo mantenía casi totalmente paralizado. Sus familiares lo sacaban al final de cada tarde al frente de su casa para que viera la luz del sol, la calle, la gente, los vehículos... Lo sujetaban bien con correas desde la frente a los pies sobre una tabla que reclinaban a la pared. Uno de mis tíos -Francisco- que era su vecino, pasaba y conversaba un rato con él. Un día le preguntó: “¿Siendo tu vida tan difícil no pensás a veces que sería mejor morir?” Aquel le contestó: “Nooo, Francisquito… ¡si la vida es linda!” Yo te pregunto: ¿tu vida será menos linda que la de aquel hombre atado en la tabla? ¡Mira a tu alrededor y agradece a Dios! “Grandes y maravillosas son todas tus obras, Señor, Dios todopoderoso”. (Apocalipsis 15.3)
Lea abajo (en esta misma Página Principal) los otros tres artículos de esta serie de cuatro, sobre "Cómo ser feliz"

2/06/2018

No perder la felicidad

Adolfo Miranda Sáenz

Además de lo dicho en los comentarios anteriores sobre la felicidad (ver en esta misma Página Principal los otros artículos sobre este tema), usted puede seguir algunos consejos prácticos que le ayudarán a mantenerse feliz después de haber tomado la decisión de “disfrutar de su vida tal cual es”. El primero es rodearse de gente feliz, pues la felicidad es como una linda enfermedad contagiosa que se propaga a nuestro alrededor. Estar con gente positiva, agradecida, entusiasta, nos contagia bienestar y nos transmite una energía especial que hace placentero, reconfortante y productivo el tiempo compartido con ellos. La influencia de quienes nos rodean, tanto positiva como negativa, es muy grande.

Aprenda a confiar, a ver el lado bueno de las personas. No es sabio ni bueno pensar que todo el mundo quiere dañarnos, que cualquiera que se nos acerca pretende hacernos mal, que siempre hay que desconfiar de todo y de las intenciones de todos. Si usted piensa así, deseche esos pensamientos porque lo convierten en desconfiado y temeroso. Los demás lo notan -aunque trate de ocultarlo o disimularlo- y deja de ser una persona atrayente, agradable; lo hacen una persona negativa, dañará sus relaciones y no ayudará a su felicidad. ¡Ojo! No estoy diciéndole que sea imprudente o excesivamente confiado. Sabemos que en este mundo existen la maldad, la envidia, la deslealtad, el egoísmo, etc. Usted debe ser prudente y actuar con responsabilidad ante todo eso. Pero no olvidemos el viejo proverbio, muy sabio, de que “ningún extremo es bueno”.

Otro buen consejo -que siempre dan los sicólogos, sociólogos y teólogos de prestigio- es “aprender a vivir el presente”. El pasado ya pasó, el futuro no ha llegado, lo único cierto es el presente: ¡Hoy! Por mucho que nos lamentemos de lo que haya sucedido en el pasado, no va a cambiar… ¡Ya sucedió! No podemos vivir felices si vivimos en un duelo permanente por un ser querido que se fue, por una oportunidad que no aprovechamos, por algo vergonzoso que hicimos, o por un negocio en el que fracasamos. No vamos a cambiar nada lamentándonos por eso. ¡Olvidémoslo! Aprendamos de los errores, pero hasta allí no más. ¡Hay que olvidar! En cambio, recordemos los momentos felices, alegres y agradables que hemos vivido.

¿Y angustiarnos por lo que pueda pasar mañana? ¡Menos aún! No me refiero a dejar de ser previsores, ahorrar para el futuro, planificar razonablemente… ¡Eso está bien! Pero, ¿angustiarnos? Eso es otra cosa. Hoy tienes salud, ahora estas tomando un café caliente o una refrescante bebida, riquísima; ahora tienes un techo, ahora puedes ver, oír, caminar, respirar… ahora tienes personas que te aman, tienes alimentos en tu mesa, darás un lindo paseo, verás una buena película, disfrutarás de un buen libro… ¡Hoy es hoy! ¿Mañana tendremos todas estas cosas? No lo sabemos. ¿El futuro será mejor, igual o peor que el presente? ¡Imposible saberlo! ¿Para qué angustiarnos si no sabemos nada del futuro? ¡De nada sirve esa angustia! Muchos están tan preocupados por el futuro que no disfrutan del presente. Quizá ni siquiera habrá “un mañana”. No es que debamos ser fatalistas, pero la verdad es que nadie sabe si el mundo como lo conocemos existirá mañana, o si nosotros estaremos aquí mañana. Jesús nos dice: “No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas.” (Mateo 6.34). Disfruta lo que tienes y piensa en lo afortunado que eres por tener tantas cosas buenas y bellas. No sabes si mañana las podrás disfrutar, no sabes qué pasará mañana, no sabes qué sorpresas te depara el futuro… ¿Serán buenas o malas…? ¡No lo puedes saber! ¿Para qué atormentarte? Vive feliz hoy, olvídate del ayer y no te angusties por el mañana. Está bien “interesarte” por el futuro, debes “sembrar hoy para poder cosechar mañana”, pero que tu interés sea el propio de una persona responsable, no angustiada ni temerosa. Sé feliz día a día, vive el presente, vive hoy. Sé feliz ahora con lo que tienes… ¡que es un tesoro!  Y recuerda: No es más feliz el que más tiene, sino el que necesita menos.
Lea abajo (en esta misma Página Principal)  "Obstáculos a la felicidad" 

1/31/2018

Obstáculos a la felicidad

Adolfo Miranda Sáenz


Varios sicólogos, sociólogos y teólogos respetables han hecho abundantes estudios y publicado muchas obras que coinciden en que la gente es feliz cuando logra estar satisfecha con su persona y su vida, tal cual es. De algunas publicaciones de prestigiosos profesionales sigo compartiendo algunas ideas. Diariamente tenemos que proponernos ser felices librándonos de los obstáculos para la felicidad. El primer gran obstáculo -les decía en mi comentario anterior- es no estar contentos con lo que somos y tenemos, porque nos hemos propuesto metas demasiado altas de alcanzar. ¡Seamos felices con lo que hemos logrado y pongámonos metas realistas! El segundo obstáculo es compararnos con otros. En la vida siempre habrá personas que han logrado más que nosotros. Quizá esas personas lo merezcan y quizá no, pero eso es secundario. Si nos comparamos con ellas cometemos el error fatal de abrir puertas a la envidia, un veneno terrible para la felicidad. Y aún suponiendo que por cualquier circunstancia lográramos ponernos al mismo nivel de quiénes envidiamos, disfrutaríamos solo un tiempo, pues luego veríamos que existen otros más arriba. ¡Siempre los habrá! Así no podremos ser felices nunca. No nos comparemos con nadie, ¡jamás!

El tercer obstáculo es la “obsesión por la felicidad”. Buscar constantemente cómo ser feliz, puede generar angustia. Esto sucede cuando no sabemos lidiar con la frustración si los resultados no aparecen en el tiempo y la forma que esperamos. La felicidad no vendrá como un asombroso milagro, ni por arte de magia; no hay “recetas” que cumplir, sino “un cambio en el modo de ver nuestra vida”. La felicidad ya está aquí, en nosotros mismos, pero a veces no la vemos por buscarla donde no está. Propongámonos no “buscar” la felicidad, sino “vivir” felices, ¡ahora! ¡Mire lo que tiene y vea cuántas razones tiene para ser feliz! El cuarto obstáculo es “mantener ataduras negativas”. Revisemos nuestros sentimientos y si guardamos odio o resentimiento por quién nos hizo algún mal, o “con la vida misma”, ¡perdonemos y olvidemos! Pero, de verdad. O si perdimos a alguien, o algo muy valioso, y no dejamos de estar lamentándolo permanentemente, ¡dejémoslo ir! La felicidad a veces es frenada porque arrastramos algo que nos pesa mucho. Es como un lastre que nos impide ser felices. Debemos soltar el lastre que llevamos… ¡y olvidarlo!

Un quinto obstáculo es tener paradigmas falsos. Hay que cambiar el paradigma de que “el éxito te hace más feliz”. Es un paradigma que está fuertemente instalado en la sociedad. La presión social nos lleva a creer que un título, un rol, una posición, un cheque gigante a fin de mes, es lo que nos da la felicidad. En realidad, no está mal el cheque, ni la posición, ni el título; lo que está mal es condicionar nuestra vida y nuestra felicidad a eso, porque son cosas demasiado efímeras (que hoy se tienen y mañana no) y tan superficiales, como para ser el sostén de nuestra vida. Un inmenso error es poner nuestra vida y nuestra felicidad en dependencia de la aceptación y el reconocimiento social, volviéndonos “esclavos” al gusto de personas que ni siquiera nos aman y que nos valoran por lo que tenemos y no por lo que somos. El éxito no te da la felicidad, al contrario, ser feliz podría facilitarte tener éxito. Para ser feliz, deja toda ciega ambición, y quizá así el cheque llegará y el estatus también… o quizá no. Pero no te afanes por eso. Encuentra la pasión, la plenitud, en lo que hoy tú eres, lo bueno que tienes y haces; verás que así encontrarás en las personas que de verdad te aman toda la aceptación y el reconocimiento que necesitas, al fin de cuentas ellos son los únicos que realmente importan. Quién asume esta actitud correcta estará en paz y vivirá feliz. Pero, además, si son padres y madres, guiarán a sus hijos para que en sus vidas puedan encontrar “la verdadera felicidad” y no caer en los errores de la “esclavitud social” que a nadie hace feliz, viviendo una farsa de competencia tonta y apariencia embustera.
Lea abajo (en esta misma Página Principal)  "Qué significa ser feliz" 

1/23/2018

Qué significa ser feliz

Adolfo Miranda Sáenz

Todos queremos ser felices, pero quizá no sabemos qué significa ser feliz. Pensamos que si logramos tener mucho dinero, la admiración de la gente, vernos más jóvenes o tener una salud excelente, vamos a ser felices. Pensamos que alcanzar grandes metas en cuanto a dinero, belleza, prestigio o poder nos hará vivir en una felicidad plena todo el tiempo, y la frustración de no lograrlo nos deprime y angustia. Pero, hacernos expectativas muy grandes y difíciles de alcanzar es la fórmula para ser “infelices”, pues nos sentiremos frustrados y deprimidos mientras no logremos tales metas, y aunque las lográramos no tendríamos por eso garantizada la felicidad. Quienes tienen todo eso y más pueden ser felices, pero su felicidad no depende de ello. Hay quienes “teniendo todo” no son felices. Tampoco la felicidad es la ausencia de problemas o dolor, pues siempre tendremos problemas y dolor en esta vida. Si esperamos lograr así la felicidad, seremos infelices viviendo en la amargura de no aceptar la realidad de la vida tal y como nos toca vivirla. Muchos sicólogos, sociólogos y teólogos respetables han hecho diferentes estudios y publicado varias obras que coinciden en que la gente es feliz cuando logra estar satisfecha con su persona y su vida, tal cual es; y, al contrario, si una persona no está satisfecha con la vida que está a su alcance vivir en cada etapa de su existencia, es infeliz. De las publicaciones de tales profesionales compartiré aquí algunas ideas en varias entregas semanales.

Sentirse satisfecho con lo que se es y se tiene, no es “conformismo” ni “falta de metas”; pero, implica tener “metas realistas”, posibles de alcanzar, que nos den logros y autoestima para sentirnos satisfechos y realizados. También implica no envidiar a quienes logran metas más altas (merecidas o no). La envidia en un impedimento total para tener felicidad. Valoremos lo que nosotros somos, lo que hemos logrado y lo que podemos lograr. Una persona es feliz cuando disfruta plenamente de su vida, de sus éxitos, de los momentos de alegría, bienestar o satisfacción que tenga, por simples o pequeños que sean. Y cuando enfrenta problemas o vive situaciones negativas o dolorosas, las sabe enfrentar de la mejor forma posible. Los creyentes, ante esas situaciones, tienen como ayuda inmensa su confianza en Dios. Jesús dice que de nada sirve angustiarnos, pues por mucho que nos angustiemos no podemos prolongar nuestra vida ni un poco. Que ya nuestro Padre Celestial sabe lo que necesitamos (que no siempre es lo que queremos) y Él cuida de nosotros. (Mateo 6. 25-34)

Somos felices cuando gozamos de la sensación de bienestar general como resultado de vivir momentos placenteros relacionados con aspectos simples de la vida diaria, como estar con nuestra familia o con amigos en una convivencia agradable; disfrutar una película, un buen libro, una comida, etc. Somos felices cuando nos ilusiona y entusiasma el trabajo que nos toca hacer; cuando nos sentimos a gusto, con un sentimiento de plenitud y paz interior, viviendo la satisfacción de ser quienes somos. Son momentos en los que no nos estamos comparando con nadie ni pensando en lo que no tenemos, tuvimos o tendremos. Simplemente estamos disfrutando del momento con una sensación de bienestar y tranquilidad que nos llega desde adentro. Si nos sentimos bien con nosotros mismos y desarrollamos una actitud adecuada, podemos solucionar mejor los problemas, superar los momentos dolorosos y seguir adelante. Felicidad es el sentimiento de plenitud que logramos cuando estamos en armonía con nosotros mismos y no nos causa conflicto la relación entre lo que queremos y lo que tenemos.

Pero, la felicidad más profunda, plena de sentido y significado, es la que surge de procurar el bien y la felicidad de otras personas. Cuando dejamos de pensar en nosotros mismos para pensar primero en los demás (en nuestra familia, en personas que necesiten algún tipo de ayuda, en los pobres, etc.) Cuando compartimos algo de lo que tenemos, aunque tengamos poco. Cuando actuamos así, no por buscar algún reconocimiento, sino por nuestra motivación interna, alcanzamos el máximo grado de felicidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Hay más felicidad en dar que en recibir.” (Hechos 20.35).
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1/22/2018

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POLÉMICO TESTIMONIO


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Propuestas de un laico sobre cambios en nuestra Iglesia
Un ensayo de
Adolfo Miranda Sáenz
En espíritu de unidad y obediencia al Magisterio de la Iglesia.
Simplemente propuestas, sugerencias, algunas ideas, opiniones personales sujetas al discernimiento final de nuestros pastores
Las propuestas de un laico.
Necesidad de Renovación. Posibilidad de renovación según criterios expresados por el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.
Aclaración del concepto “Infierno”.
Aclaración del concepto “Purgatorio”. 
Cómo entender un doble juicio: privado y público. 
Necesidad de clarificar a los fieles sobre las devociones populares. 
Opción Fundamental y el Sacramento de la Reconciliación. 
Actualizar los conceptos sobre el cuerpo y la sexualidad humana. 
Necesidad de nuevas normas sobre el celibato. 
Mayor participación de los laicos. 
El caso de los divorciados y vueltos a casar. 
Situación de los homosexuales. 
La ordenación de mujeres.
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CURSO BÁSICO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS


Los conocimientos elementales
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CURSO BÁSICO SOBRE LA DOCTRINA 
SOCIAL DE LA IGLESIA

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1/15/2018

El enviado de Bush para chantajear a Rizo

Les cuento lo que me consta de esta parte de nuestra historia reciente desde "el pacto" hasta la elección que ganó Daniel Ortega en el 2006, en un artículo bastante breve.

Adolfo Miranda Sáenz





Voy a relatar lo que me consta como Asesor de la Presidencia del Dr.  Arnoldo Alemán y luego Secretario y Jefe del Despacho del Vicepresidente Dr. José Rizo. Todo está, además, confirmado en 1.398 documentos secretos, confidenciales y privados sobre Nicaragua, del Departamento de Estado, revelados por WikiLeaks.

Arnoldo Alemán fue un excelente alcalde de Managua elegido después Presidente de la República. Bajo su liderazgo el PLC se convirtió en el partido más fuerte del país, ganándole varias elecciones al FSLN. Esas victorias fueron también contra dos grupos que lo adversan tanto o más que el FSLN: el MRS, por una parte; y el sector más radical de la derecha. Cuando Alemán fue elegido presidente fue visto con temor por los sandinistas, pensando que vendría a arrasar con ellos y sus bienes, pues habría finalizado el pacto que tenían con doña Violeta y Toño Lacayo (q.e.p.d). Los sandinistas hicieron huelgas, motines y tranques violentos que paralizaron el país, pensando en evitar las supuestas acciones del gobierno contra ellos. Así era imposible gobernar, realizar obras de progreso y lograr el desarrollo atrayendo inversión nacional y extranjera. Fue necesario el pacto Alemán-Ortega para gobernar en paz y hacer progresar el país. El pacto produjo reformas, como garantizar las propiedades que tenían los sandinistas, pero indemnizando a los dueños originales. Modificar la Corte Suprema, el Consejo Electoral y la Contraloría, permitiendo que el FSLN, como principal partido de minoría, propusiera algunas ternas para esos cargos. Se bajó el porcentaje para ganar las elecciones presidenciales a un 35% en primera vuelta, siempre y cuando el segundo lugar quedara con más del 5% por debajo.

El gobierno de Arnoldo Alemán fue uno de los más progresistas de la historia (p.ej. construyó más de 2.5 escuelas por día). Su relación con el gobierno de EE. UU. era muy buena, visitándonos incluso el presidente Bill Clinton trayendo ayuda por la tragedia del Mitch. Pero el pacto irritó sobremanera a dos sectores adversarios del PLC que entonces controlaban todos los medios de comunicación: el MRS, que ocupaba cargos en el gobierno obtenidos antes de separarse del FSLN, su acérrimo enemigo que ahora los sustituiría; y la derecha radical que esperaba que Alemán y el PLC “aniquilaran” al FSLN (como si eso fuera posible). La animadversión de ambos extremos se hace sentir todavía en los medios que por más de 20 años mantienen una propaganda negativa contra el PLC, mezclando verdades con exageraciones y distorsiones, sin objetividad. Con todo, el PLC liderado por Alemán ganó las elecciones poniendo a Bolaños en la presidencia con Rizo como vicepresidente y ganando la mayoría de diputados.  Una vez en la presidencia, Bolaños dio la espalda a su vicepresidente Rizo y al PLC, apoyándose en la derecha radical que adversaba al PLC. Acusó por corrupción a Alemán y al gobierno del cual él fue poderoso e influyente vicepresidente. En EE. UU. habían elegido presidente a George Bush, de la derecha republicana identificada con la derecha radical nicaragüense, y cuyo embajador, Paul Trivelli, de manera abierta y pública intervino en nuestra política con acciones para destruir al PLC y creando un nuevo partido financiado por el gobierno de EE. UU. y liderado por Eduardo Montealegre. Pero el PLC se preparaba, como siempre, para las siguientes elecciones, esta vez llevando al vicepresidente José Rizo como candidato, respaldado por las bases liberales que fueron marginadas por el gobierno de Bolaños y por el sector más pobre del país desatendido por dicho gobierno, especialmente los de “tierra adentro”.

Como Trivelli no lograba destruir ni doblegar al PLC, le enviaron de refuerzo a un anterior embajador, Oliver Garza, quien un día llegó al Despacho del vicepresidente Rizo. Estando yo en la oficina contigua, pude oír sus voces alteradas. En resumen, Garza le dijo a Rizo que tenía que renunciar a su candidatura y al PLC, y apoyar públicamente a Montealegre; si no, sufriría graves consecuencias, incluso la cárcel, porque ellos tenían el poder para sancionarlo, aunque no tuviesen nada en su contra. Rizo dijo que por dignidad y principios no renunciaría ante una injerencia extranjera irrespetuosa para Nicaragua; que la división la estaban creando ellos, pues el PLC existía primero y venía derrotando al FSLN desde 1997; que aunque el PLC había sufrido golpes, tenía íntegras su organización, su estructura electoral y sus bases, para encabezar la unidad política necesaria para ganarle nuevamente al FSLN; que para lograr la necesaria unidad le ofrecían la candidatura para vicepresidente a Montealegre y la mitad de las candidaturas a diputados en posiciones ganadoras. (La candidatura de Rizo, vicepresidente en aquel momento, figura muy conocida, libre de toda sospecha sobre su integridad, resultaba lógica. Debía ser Rizo-Montealegre, no podía ser Montealegre-Rizo, pues Rizo no podía reelegirse como vicepresidente. Con Rizo-Montealegre el triunfo estaría asegurado.) Pero la propuesta fue rechazada por el gobierno de Bush. 

Como resultado, ganó el FSLN. Abajo, quedaron prácticamente empatados el partido de Montealegre y el PLC. Un liberalismo (y sus aliados naturales) partidos por la mitad, ambos con más del 5% abajo del FSLN. Uno con más votos para presidente y otro con más votos para diputados, pero por mínimos porcentajes, cerca del del 2% de votos. La fórmula Rizo-Montealegre hubiera ganado con el 60%. Montealegre se apresuró en felicitar a Daniel Ortega antes de darse el conteo definitivo, y luego él y sus diputados, en alianza con el FSLN, eligieron Presidente de la Asamblea al sandinista René Núñez (q.e.p.d.) con una directiva sandinista-montealegrista, excluyendo al partido del segundo lugar en la Asamblea, el PLC. Las dos bancadas liberales tenían mayoría absoluta de diputados, y unidos, como les propuso el PLC, hubiesen controlado ese Poder del Estado eligiendo un Presidente de la Asamblea que fuese liberal y una directiva de mayoría liberal. Hubiesen podido equilibrar desde la Asamblea el poder del presidente Ortega; crear y reformar leyes, incluyendo la Ley Electoral; elegir magistrados y otros altos funcionarios; y hacer otros cambios positivos. Pero de nuevo rechazaron la unidad ofrecida por el PLC y prefirieron aliarse con el FSLN. ¡Perdimos la oportunidad de rectificar, no perderlo todo y recuperar lo perdido! Esta es la verdadera historia. Es lo que a mí me consta.

(Una versión corta fue publicada en El Nuevo Diario del 16 de enero de 2018)

1/12/2018

Cómo acabar con el terrorismo

Los terroristas son criminales, fanáticos y no se sabe dónde están ni cuando atacarán. A veces, incluso, son "lobos solitarios" de quienes ni se sospecha. ¿Cómo acabar con ellos?

Adolfo Miranda Sáenz


El terrorismo es el uso del terror mediante la violencia como táctica para lograr ciertos objetivos. Grupos terroristas como Al Qaeda, ISIS o Hamás afligen a buena parte de la humanidad. ¿Cómo acabar con ellos? La respuesta es sencilla: acabando con la causa que los origina.  El terrorismo es una forma de lucha absolutamente repudiable que nunca se justifica; pero todo grupo terrorista tiene una causa, persigue un objetivo que no siempre es malo. Lo condenable no siempre es la causa que defienden sino el método utilizado. Han desaparecido grupos terroristas que por mucho tiempo estuvieron activos. ¿Cómo desaparecieron? Eliminando la causa que los originó. No es que el terrorismo haya vencido, sino que otros lucharon por la misma causa con métodos civilizados y pacíficos, y ellos –no los terroristas- lograron sus objetivos. Veamos algunos ejemplos:

El Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army, IRA) fue un grupo terrorista originado por el avasallamiento de los ingleses protestantes sobre los irlandeses católicos que vieron Irlanda dividida en dos: Irlanda del Norte, obligada a ser parte del Reino Unido en condiciones de sometimiento a los ingleses, y la República de Irlanda, independiente y soberana. En 1988, con la mediación de Bill Clinton, los primeros ministros Tony Blair del Reino Unido, Berthie Aherm de la República de Irlanda, y los líderes de las principales fuerzas políticas de Irlanda del Norte firmaron el “Acuerdo de Viernes Santo” en que se concedieron a los irlandeses del Norte importantes logros sobre su autonomía, gobierno y la forma de relacionarse con el Reino Unido, del que quedaron formando parte voluntariamente. Al desaparecer las causas del descontento irlandés desapareció el IRA.  

El movimiento llamado País Vasco y Libertad (Euskadi Ta Askatasuna, ETA) fue un grupo terrorista originado durante la dictadura franquista por la represión, falta de democracia, de libertad y de reconocimiento de los vascos cómo una nación con su propia identidad, idioma, cultura y derechos autonómicos. Con la llegada de la democracia en España se reconocieron las diferentes nacionalidades y autonomías y se dio un proceso de negociación con los líderes de partidos políticos vascos que por la vía cívica y pacífica luchaban por el derecho a su autonomía. En 2011, tras las negociaciones que culminaron con satisfactorios acuerdos para los vascos, terminó el terrorismo de ETA.

En el origen de Hamás está la creación del Estado de Israel en territorio palestino, como un enclave en medio del milenario territorio árabe y musulmán. Aunque Israel tiene derecho a existir, también Palestina, hoy reducida y avasallada por Israel que continúa quitándole territorio. En 1993 Isaac Rabin (Israel) y Yasser Arafat (Palestina), con la mediación de Bill Clinton, lograron un acuerdo de paz reconociendo dos Estados independientes y soberanos conviviendo pacíficamente. Pero los extremistas judíos asesinaron a Rabin y aceptan un Estado Palestino solamente si permanece sometido a Israel. Si se cumplieran los acuerdos de paz, dejaría de existir Hamás.

Al Qaeda fue creada por Reagan para luchar contra los soviéticos en Afganistán y después se volvieron contra sus creadores, volaron las Torres Gemelas y dieron origen a ISIS. Con la invasión de Bush a Irak eliminando al régimen de Sadam Husein (quien era feroz e implacable enemigo de ISIS y los tenía reprimidos y a sus líderes en prisión), ISIS salió fortalecida al desaparecer ese “muro de contención”. Durante la invasión e intervención militar ahorcaron a Sadam Husein y soltaron a la bestia terrorista de ISIS. Aunque los ISIS proclaman que su fin es crear un Estado Islámico y “conquistar el mundo”, ellos realmente se fortalecen alimentándose del odio contra EE.UU. y sus aliados creado por las intervenciones e invasiones militares contra países musulmanes (caso Israel-Palestinos, Irak, Libia, Siria...) Si EE.UU. cambiara su política hacia esos países y presionara a Israel a cumplir el acuerdo de paz de 1993, se acabarían, junto a Hamás, Al Qaeda e ISIS porque no encontrarían jóvenes islámicos motivados con resentimientos para reclutarlos como terroristas. 

El terrorismo no se puede exterminar combatiéndolo como a un ejército enemigo al que se tiene ubicado territorialmente, que se sabe dónde están sus tropas, sus bases militares, sus centros de operaciones. El terrorismo opera en la sombra, oculto y está por todas partes. Ellos no se identifican, se camuflan entre los demás. Se pueden localizar líderes y centros de operaciones y aniquilarlos, pero surgen otros en otra parte, o ya existen como células sin conexión estructural. Además de los "lobos solitarios". Aunque sus métodos sean criminales y abominables ellos están convencidos de su causa y por cada terrorista muerto surgen dos que pueden ser sus hijos, padres, hermanos, amigos o parientes, que se llenan del mismo odio que los impulsa, clamando venganza por las muertes de los demás, odio que se alimenta y crece debido también a las medidas ofensivas y discriminatorias que se toman contra comunidades o grupos musulmanes pacíficos. Por eso digo: solamente eliminando lo que genera el odio se puede acabar con el terrorismo. Es verdad que ISIS llega a ocupar territorios en Irak y Siria y se pueden detectar concentración de tropas, pero atacarlos para acabar con ellos militarmente puede hacer que se recupere un territorio ocupado, pero no es la manera de acabar con ISIS. Allí no están todos sus fanáticos terroristas y esos ataques tienen un alto costo en muertes de inocentes, lo cual siempre crea más resentimientos y odio. 

Son decisiones políticas inteligentes y no acciones militares las necesarias para terminar con Al Qaeda e ISIS. No se puede negociar con los terroristas porque son criminales y fanáticos. Pero se puede lograr la paz en el Medio Oriente cumpliendo los acuerdos de 1993 y mediante negociaciones con los líderes políticos que gobiernan los países de aquella región, para que los EE.UU. y sus aliados retiren su presencia militar y dejen de involucrarse en los conflictos entre ellos apoyando a uno u otro bando. Entre musulmanes sunitas y chiitas, árabes, persas (iraníes), turcos, kurdos, etc., tienen sus conflictos y rivalidades que llevan siglos. ¡Que los resuelvan ellos mismos! Ellos también tienen su modo de gobernarse y de hacer política desde tiempos remotos, que no tienen ahora por qué ser una copia del sistema de EE.UU. o de Inglaterra. ¿Por qué imponer formas de gobierno a otros pueblos? No tiene que "abandonarse" a Israel pues con los acuerdos de 1993 se garantiza su seguridad y la paz en toda la zona, garantizando también un Estado Palestino libre, soberano e independiente. ¡Fin del problema para el resto del mundo! Bueno, las cosas no son tan simples, por supuesto. Ni es asunto de un día para otro. Este es solo un breve artículo de opinión. ¡Pero esa es la ruta a seguir! ¡Y es la única ruta efectiva!

10/24/2017

¿Existe Jesús?

Adolfo Miranda Sáenz


La pregunta no es si existe Dios, pues hay quienes aceptan su existencia, pero ante el misterio de la maldad, el sufrimiento y la muerte se les dificulta ver en Dios a un padre que nos ama y se interesa por nuestra felicidad. Según los cristianos la respuesta de Dios al hombre ante ese misterio fue hacerse un ser humano igual a nosotros, y despojándose de su condición divina venir al mundo como Jesús, dándonos a conocer su plan para la humanidad, que incluye su propia muerte redentora y posterior resurrección. Si en realidad Jesús existió históricamente y si además es Dios hecho hombre, en sus enseñanzas estaría la respuesta del propio Dios al misterio de la maldad, el sufrimiento y la muerte. Pero, ¿Jesús existió realmente o es un mito? Nadie duda de la existencia de Tutankamón, Nabucodonosor, Ciro, Aristóteles, Homero, Cleopatra, Augusto o Calígula; personajes importantes y algunos muy influyentes, pero ninguno con tanta influencia en la humanidad como Jesús; sin embargo, hay quienes dudan de su existencia, aunque históricamente ha sido comprobada por historiadores creyentes y no creyentes.

Entre los muchos historiadores modernos que han ratificado la existencia histórica de Jesús, citaré -por límites de espacio- tan solo a una historiadora destacada de hoy, Amy-Jill Levine, miembro de una sinagoga judía ortodoxa, investigadora meticulosa y profesora de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennessee), institución que se especializa en realizar investigaciones históricas; quien afirma que "los historiadores coinciden en que Jesús existió, fue bautizado por Juan, debatió con otros judíos sobre la mejor manera de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, participó en curaciones, enseñó con parábolas, reunió a seguidores en Galilea, fue a Jerusalén y fue crucificado por los soldados romanos durante el gobierno de Poncio Pilato (26-36 d. C.).”

La existencia de Jesús es atestiguada desde la antigüedad por historiadores no cristianos como el judío Flavio Josefo (38-101), los romano Tácito, Suetonio y Plinio el Joven (todos contemporáneos de los inicios del cristianismo) y por el Talmud (colección de escritos rabínicos de mucha estima para los judíos) que menciona entre los registros de casos procesales la crucifixión de Jesús (Sanedrín 32a). Coincidiendo con estos testimonios tenemos muchos escritos de los primeros cristianos en aquellos tiempos. Algunos de los primeros discípulos de Jesús escribieron sobre su vida y enseñanzas. Varios de los apóstoles escribieron cartas. De esos escritos se hacían copias que circulaban entre las primeras comunidades cristianas. En el Concilio de Roma del año 382 se seleccionaron solo aquellos escritos que de acuerdo con un riguroso examen resultaron confiables en cuanto a su origen, autenticidad e integridad (no contener adulteraciones ni textos agregados). Estos forman lo que conocemos hoy como el Nuevo Testamento. Los abundantes textos de la época de los apóstoles, escritos durante los primeros años después de la vida terrenal de Jesús y reconocidos por la iglesia cristiana primitiva, guardan armonía entre ellos y coinciden con los citados testimonios de no cristianos, y son suficiente prueba de su vida y sus enseñanzas. La existencia de ningún otro personaje histórico ha sido más estudiada ni cuenta con pruebas tan abundantes como la de Jesús.

Pero, ¿Jesús es Dios? Jesús desde hace más de dos mil años es reconocido, por creyentes y no creyentes, por predicar las enseñanzas más profundas y bellas de la historia, por su inmensa sabiduría al hablar y actuar, por su mente extraordinariamente lúcida, por su carácter noble y puro, lleno de amor y misericordia. Él mismo dijo ser Dios, y si no lo fuera sería un mentiroso, impostor o loco, lo cual no estaría de acuerdo con la belleza de sus enseñanzas, su extraordinaria lucidez y su inmensa nobleza de carácter. Jesús nos reveló todo lo que Dios quiere que por ahora sepamos. Él nos da sus respuestas a nuestras preguntas sobre el misterio de la maldad, el sufrimiento y la muerte, aunque, como San Pablo nos advierte, el Evangelio de Jesús es locura para la lógica del mundo. Pero si es Dios tendríamos que creerle. Su persona es tan atrayente y convincente que quien lo llega a conocer con un corazón desinteresado y libre de prejuicios, llega no solo a creer en Él, por difícil que parezca y aunque ahora no comprendamos todos los misterios, sino también a amarlo, reconocerlo como Dios y vivir con la paz y la felicidad que da a quienes lo siguen, según hay abundantes testimonios; con la esperanza en la plenitud de su Reino, de la “Vida Eterna” donde no habrá más llanto ni dolor ni temor; y de lo cual desde hoy se empieza parcialmente a disfrutar, aún en medio de los problemas y sufrimientos de nuestra vida actual.

9/18/2017

¿Por qué existen la maldad, el sufrimiento y la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


Después de millones de años ni la ciencia ni la filosofía han podido encontrar una respuesta sobre el por qué de la existencia de la maldad, el sufrimiento y la muerte.  Hay teorías científicas, pero no pasan de ser teorías. Hay razonamientos filosóficos, pero ninguno llega a conclusiones definitivas. Tampoco la religión tiene una respuesta suficiente para solo la lógica humana. La pregunta de que, si Dios existe y es bueno, por qué creó o permite la maldad, el sufrimiento y la muerte, sigue sin respuesta para la sola razón. Es un misterio. Reconocerlo no es un triunfo de la ciencia sobre la religión, pues tampoco la ciencia tiene las respuestas. Ni es un triunfo del ateísmo sobre los creyentes, pues negar a Dios no resuelve esos interrogantes, ni otros tan importantes como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para que existo? ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida?  Los cristianos encontramos respuesta en nuestra fe, que no es la fe en una religión, doctrina o filosofía, ni en las enseñanzas de un difunto gran maestro. Tenemos fe en una persona viva que normalmente no vemos pero que podemos conocer, con la que en algún momento tenemos un primer encuentro, a veces desde niños y no recordamos cuándo; o bien de adultos; y posiblemente también hemos tenido alejamientos y reencuentros. Una persona que nos convence y atrae, nos da confianza y certeza, nos llena de alegría y de paz. Creemos en la persona de Jesús, quien nos ama y a quien amamos.

Él nos dijo que es Dios, que antes de él nada existía y que creó todas las cosas; que nos creó por amor y para vivir felices toda la eternidad, sin maldad, sin sufrimiento ni muerte; pero que nos creó libres, y usando nuestra libertad pecamos -que es no hacer el bien- y como consecuencia existe en el mundo la maldad, el sufrimiento y la muerte. Que hasta la naturaleza misma está trastornada y “gime con dolores de parto”. Que por eso él se hizo hombre para vivir, sufrir y morir igual que nosotros, para redimir a la humanidad de sus pecados y vencer al sufrimiento y la muerte. Que igual que nosotros la maldad la sufrió en carne propia, que sufrió hasta llorar, y que también sudó sangre; que murió crucificado, pero resucitó como resucitaremos nosotros para vivir una vida eterna de felicidad inmensa sin sufrimiento alguno junto a él, en “un nuevo cielo y una nueva tierra” donde “no habrá más llanto ni dolor ni clamor”. ¿Nos parece lógico? ¿Es un razonamiento convincente? Suena razonable... quizá es razonable, pero... ¡Hummm! ¡No lo es de manera contundente y absoluta para nuestra mente! Nos quedan muchísimos interrogantes; siempre podemos preguntarnos: ¿y por qué lo hizo así y no de otra manera? No lo sabemos, pero lo creemos; aceptamos lo que nos dice porque confiamos en él y lo creemos porque le creemos a él. Esa es nuestra fe. Para quien solo ve esto con la razón es una locura. Aunque miles de millones de personas, incluyendo gente muy inteligente y muy preparada intelectual y culturalmente han creído y creen en Jesús. Ninguno por razonamientos lógicos, sino porque lo han encontrado con el corazón.

Pero… ¿Existe realmente Jesús? ¿No es un mito? Hoy la ciencia histórica no tiene dudas al respecto; la existencia histórica de Jesús está probada aparte de toda consideración religiosa. ¿Es Dios? Él lo dijo claramente. ¿Estaba loco? No encontramos en su vida y enseñanzas las anormalidades y desequilibrio de los dementes. Su sensatez y compostura son incompatibles con la esquizofrenia. Él predicó las enseñanzas más profundas y bellas de la historia. Su inmensa sabiduría al hablar y actuar no indican paranoia alguna, sino que denotan una mente extraordinariamente lúcida. ¿Era un embustero? Habría sido estúpido dejarse crucificar por una mentira. Además, el perfil de Jesús, con su carácter tan noble y puro, tan lleno de amor y misericordia, no coincide con el de un burdo impostor. ¿Fue tan solo un gran maestro? ¡Él afirmó claramente ser Dios! Si no lo fuera, sería un loco o un embustero, y ya vimos que no lo es. ¿Está vivo? No sería Dios si no hubiese resucitado, y muchos murieron martirizados por decir que lo vieron vivo después de que murió en la Cruz. Podemos saber quién es y cómo es Jesús leyendo la Biblia, especialmente los Evangelios. Pero lo más importante es que millones afirmamos haberlo encontrado y aunque no lo hemos visto, escuchado o tocado con los sentidos limitados de nuestra corporalidad material, lo hemos sentido, lo hemos percibido y hemos establecido una relación personal con él.

Por supuesto que entre razón y fe no hay contradicción, pues uno puede llegar a conocer a Dios por medio de la razón. A mí la razón me conduce a Dios, y aceptar como Palabra de Dios a la Biblia no va contra mis razonamientos; igualmente, aceptar a Jesús como Dios y mi Señor, me parece razonable, lógico, igual que creer en su Iglesia. Los ateos y agnósticos lo son por su lógica, porque les parece lo más razonable; a mí me parece más lógico y razonable creer. Pero eso no significa que mi mente tenga todas las respuestas, ni que la sola razón me baste para no tener interrogantes. Después de leer la Biblia, especialmente los Evangelios, he podido conocer a Jesús y tener con él una relación de persona a persona; y a él le creo, él me convence. Tengo fe en Jesús. Sigo sin tener todas las respuestas, pero no me preocupan, quizá Dios a propósito y por algo que no sé, no quiere que las tenga. Aunque estoy absolutamente seguro de que cuando lo vea cara a cara comprenderé todo claramente, porque él es, como dijo, “el camino, la verdad y la vida”. 

Pero no se puede encontrar a Jesús intelectualmente sino con el corazón. Algunos quieren encontrar un Jesús de cuentos de hadas, que sea como un “genio de la lámpara” que les conceda sus deseos o utilice “poderes mágicos” para hacer que les vaya bien en la vida; entonces no buscan a Jesús sino a un mago que les sirva y complazca sus deseos, y ese Jesús no existe. Pero quienes busquen a Jesús con el corazón, no por interés, sino reconociendo que él es el Señor (y no al revés), lo encontrarán y tendrán una relación con él de amor verdadero; tendrán una fe que los acompañará a vivir felices aún en medio de tanta maldad, sufrimiento y muerte, y tendrán la esperanza de los cristianos que es la certeza de una vida de dicha y de gozo para toda la eternidad. En resumen, ser “creyente” es tener una relación personal con Jesús, una relación de fe, esperanza y amor. Viéndolo así, uno sabe que ¡Jesús es la respuesta! ¡Es lo que necesitamos! ¡Jesús basta!

4/01/2017

Quitemos la piedra

Dios quiere ayudarnos... ¡pero nosotros tenemos algo que hacer!

Adolfo Miranda Sáenz


Cuando Lázaro murió y Jesús quiso resucitarlo pidió primero que quitaran la piedra que cerraba la sepultura, y cuando quitaron la piedra llamó a Lázaro a la vida. ¿Por qué Jesús, que era Dios Todopoderoso, el creador de todo el universo, pidió que la familia y amigos de Lázaro quitaran la piedra? Si tenía el poder de resucitar a Lázaro, ¿no tendría el poder de quitar la piedra Él mismo con solo desearlo? ¿Por qué no lo hizo? Cuando en las bodas de Canaán Jesús transformó el agua en vino pidió primero que llenaran con agua las tinajas vacías. ¿Por qué? ¿Acaso Él no podía poner vino en esas tinajas sin necesidad de que tuvieran agua? ¿Por qué pidió llenarlas de agua primero? En el Evangelio según San Juan se nos narra cómo para curar a un ciego Jesús hizo lodo con saliva y polvo, se lo untó en los ojos y lo envió a lavarse al estanque de Siloé. ¿Necesitaba hacer todo eso? ¿Por qué quiso que el ciego tuviera que ir a lavar el lodo de sus ojos? Podía hacerlo ver con solo una palabra o un pensamiento. ¿Por qué no lo hizo así? Hay otras narraciones en los Evangelios en que Jesús para hacer un milagro quiso que las personas hicieran algo. ¿Por qué?

Esto tiene una lección que Dios quiere darnos a todos. Nosotros no podemos resucitar a un muerto, pero sí podemos remover una piedra. No podemos convertir el agua en vino, pero podemos llenar las tinajas con agua. No podemos ver claramente nuestro camino, pero podemos lavar nuestros ojos. Si en la vida tenemos problemas y pedimos ayuda a Dios es muy posible que Él quiera que nosotros hagamos algo por nuestra cuenta, como remover algunas piedras. Si nuestra vida está vacía, triste, deprimida, o si a nuestro matrimonio, a nuestras relaciones familiares “se les acabó el vino”, Él puede llenarlo todo “del mejor de los vinos”, pero antes puede pedirnos que nosotros llenemos las tinajas del agua que puede estar a nuestro alcance en vez de esperar que Él lo haga todo. A veces queremos ver soluciones, queremos que Dios nos de ideas, que nos señale el camino a seguir. Pero Dios espera que primero nos lavemos el lodo de los ojos; el lodo de nuestros prejuicios, vanidad, soberbia, orgullo, respeto humano… de todo lo que nos impide ver el camino por el que Jesús nos quiere llevar.

Como nos dijo Jesús, en esta vida tendremos aflicciones. La felicidad completa solo la tendremos en la vida eterna después de esta vida pasajera. Por ahora tenemos que soportar vivir en un mundo trastornado por la maldad del pecado y donde buenos y malos sufrimos. Tenemos que convivir con problemas de salud, problemas económicos, conflictos familiares, decepciones, traiciones, injusticias, crímenes, guerras y con el peor enemigo: la muerte; la nuestra y la de nuestros seres queridos. Una muerte que sería definitiva si no fuera porque Dios quiso hacerse hombre y pagar Él en la Cruz por nuestras culpas devolviéndole a la humanidad la vida eterna de felicidad completa que siempre quiso para nosotros desde la eternidad y para la eternidad.

Pero mientras tanto, en este mundo de aflicciones también Dios nos da cosas lindas, momentos de inmensa dicha, detalles grandes y pequeños que podemos disfrutar. No todo es tristeza en esta vida donde también hay alegrías inmensas. Y en medio de las aflicciones Jesús no nos deja solos. Dios escucha nuestras oraciones y nos ayuda a resolver nuestros problemas o nos da sabiduría, fortaleza y paz para enfrentarlos y sobrellevarlos. Pero Jesús, para ayudarnos, espera que nosotros quitemos algunas piedras, que llenemos nuestras tinajas y lavemos el lodo de nuestros ojos.

3/04/2017

La Política

Adolfo Miranda Sáenz

Entrevista



Comparto con mis lectores la entrevista que recientemente me hizo el joven periodista Gustavo Alberto Ramírez Escorcia, en mi condición de comentarista de temas políticos (entre otros).

Pregunta. ¿Cuál es la mejor definición de política para este siglo XXI?
Respuesta. Hay muchas y muy variadas definiciones de política, algunas famosas como las de Carl Schmitt, Maurice Duverger, Max Weber o Gramsci, tan alabadas por unos como criticadas por otros. El diccionario de la RAE tiene 12 acepciones de la palabra política. Generalmente se acepta como acertado decir que “es la ciencia social que estudia el poder público o del Estado.” Yo la definiría hoy como “la ciencia que trata sobre la formación y funcionamiento de las estructuras de poder, gobierno y organización social, tanto en una colectividad humana determinada como a nivel universal.”

P. ¿Cómo podemos lograr una sana cultura política?
R. Mediante la educación del pueblo en general, partiendo de la escuela primaria hasta la universidad. En una democracia las estructuras de poder, gobierno y organización social se forman y funcionan de conformidad con la voluntad de la mayoría de los ciudadanos expresada mediante el voto directo o por medio de representantes proporcional y democráticamente elegidos. Si la mayoría de los ciudadanos no tiene una buena educación general, no tendrá la mejor capacidad para tomar buenas decisiones políticas y elegir adecuadamente. Es el grado de educación de los ciudadanos lo que determina el nivel de cultura política en un país.

P. ¿Qué papel juega la comunicación en el ámbito político?
R. La comunicación es vital e imprescindible para una sana cultura política. En esto entra en juego el periodismo en dos de sus funciones principales: informar y orientar, las cuales nunca deben confundirse y deben ejercerse de manera claramente diferenciada. Para tomar sus decisiones políticas el pueblo debe estar informado, y el periodismo informativo debe llenar esa necesidad; esto es brindar noticias de manera objetiva relatando los hechos tal y como son, sin cargar la información con comentarios propios o de terceros, ni torcer las noticias según las preferencias ideológicas o partidistas que el periodista o el medio tengan. El público debe recibir los hechos puros y simples (y balanceados, o sea, sin ocultar unos versus destacar otros) y así cada cual formarse su propia opinión. Por aparte está el periodismo que orienta mediante los editoriales y artículos de opinión, donde las noticias se comentan. Ambos espacios son necesarios y son legítimos, pero no deben mezclarse. En los periódicos debe haber secciones claramente diferenciadas para la información y la opinión, sin mezclar una cosa con la otra. Debe haber programas de radio y TV informativos, y por aparte programas de opinión, bien diferenciados.

P. ¿Qué se puede entender por comunicación política?
R. Yo lo entiendo de tres maneras. Digamos que el término puede tener tres acepciones: A) En general, informaciones o comentarios sobre temas políticos. B) Lo que un gobierno o determinado partido o grupo comunica con el fin de dar a conocer su quehacer político y hacer proselitismo, como los boletines o publicaciones oficiales de un partido o grupo en particular. C) Cuando un medio de comunicación que se supone veraz y objetivo da la información o noticias, disfrazando una intención política.

P. ¿Cuáles son los nuevos retos que debe enfrentar la política? 

R. El mundo cada día está más globalizado y hoy existen situaciones en diferentes partes del planeta que nos afectan a todos. Los nuevos retos políticos surgen de que tenemos una “casa común” y no podemos ver como cosa privativa de cada país algunos sucesos políticos si estos afectan a toda la humanidad. Este es el principal reto para la política. Enfrentar lo que atenta contra la vida en el planeta, contamina el ambiente, amenaza algunas especies, causan guerras que originan masivas migraciones, amenazan con destrucción nuclear, el genocidio, el terrorismo y el comercio mundial que clama por un nuevo orden económico internacional con estructuras de justicia.