6/19/2018

¿Para qué sirve el ejército?

Adolfo Miranda Sáenz
Publicado en El Nuevo Diario el 19 de junio de 2018
Trasmitido por Radio 800 (Managua) y Radio Managua (San José, C.R.)




¿Entrarán en guerra Nicaragua contra Honduras o Brasil contra Paraguay? ¡Claro que no! Es inconcebible una guerra entre países latinoamericanos. Entonces, ¿para qué tenemos ejércitos? Los ejércitos de todo el mundo tienen su razón de ser en la defensa de la soberanía nacional, la integridad del territorio y la protección de su población. Pero la soberanía nacional e integridad territorial de los países latinoamericanos no está en peligro, y si existiere algún conflicto fronterizo, ahora son asuntos que se resuelven con negociaciones y arbitrajes internacionales, no con guerras. Así que, al menos en nuestros países latinoamericanos, la única razón de ser de los ejércitos es la protección de la población. Hoy la mayoría de los ejércitos de América Latina --con muy pocas y raras excepciones-- existen para proteger al pueblo. Y el pueblo paga con sus impuestos esa protección. ¿Quién paga al ejército? El pueblo. Hoy los ejércitos latinoamericanos tienen como parte esencial de su doctrina, no solo el respeto y defensa de la Constitución, sino también de los derechos humanos; pero no solo el respeto, sino la protección de los derechos humanos; y como bienes supremos bajo su protección, la soberanía, la seguridad y el bienestar del pueblo. No siempre fue así. Muchos ejércitos latinoamericanos fueron represores al servicio de dictaduras, temidos y odiados. En su libro sobre Doctrina Militar, Roberto Calvo, de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (1979), relata la evolución de los ejércitos latinoamericanos citando a varios destacados militares: El Coronel Elio Bacigalupo (Chile) afirma que los ejércitos de América Latina adoptaron durante décadas la doctrina de la “seguridad nacional” entendida como la defensa de la Nación ante el comunismo, en el marco de la Guerra Fría, lo cual después fue descartado. El General Alejandro Medina (Chile) recuerda que los ejércitos de Brasil, Argentina y Chile se definían explícitamente como anti comunistas y tenían suscritos convenios con los Estados Unidos para la defensa del Continente Americano en una alianza anti soviética, lo cual dejó de existir. El General Juan Gugliamelli (Argentina) indica que la evolución de los ejércitos latinoamericanos sustituyó  --entre lo que justifica su razón de ser-- la “defensa contra el comunismo” por “la defensa contra la vulnerabilidad ante los desastres y la violación de los derechos humanos”.

El ecuatoriano Mario Ramos, con Maestría en Seguridad y Desarrollo dice: Las fuerzas armadas latinoamericanos son hoy instrumentos para la defensa de la soberanía y la preservación de la paz, y proteger las libertades y garantías de los ciudadanos. En la Constitución ecuatoriana se define a las fuerzas armadas como una institución que protege las libertades y garantías de los ciudadanos bajo los fundamentos de la democracia y los derechos humanos. Por su parte, el ejército de Guatemala señala en su doctrina que funciona bajo los principios de disciplina, jerarquía y obediencia dentro del respeto de la Constitución Política, los derechos humanos, el Acuerdo de Paz, el derecho internacional humanitario y los instrumentos internacionales firmados y ratificados por Guatemala. En su obra, Doctrina Militar y Relaciones Ejército/Sociedad, publicada por Naciones Unidas, Prudencio García relata que el nuevo ejército de El Salvador se fundó, entre otras, sobre las siguientes ideas-eje:
Un concepto de “disciplina estricta", basado en el cumplimiento de las órdenes dentro del estricto marco de las Leyes. 
Idea básica: ninguna orden puede ser dada ni obedecida al margen de la Ley
Un concepto del "honor militar" inseparablemente unido al respeto a los derechos humanos
Idea básica: toda violación de los derechos humanos constituye una violación del honor militar.

Según nuestra Constitución el Ejército de Nicaragua defiende la soberanía, la independencia y la integridad territorial, y también puede actuar ante grandes desórdenes internos, calamidades o desastres naturales. Es profesional, apartidista, apolítico, obediente y no deliberante. Se rige en estricto apego a la Constitución Política, a la que guardará respeto y obediencia. El Presidente de la República es su Jefe Supremo. Su Código de Organización agrega que se rige “en estricto apego a los convenios y tratados internacionales ratificados por Nicaragua en materia de derechos humanos." Es decir, que la doctrina de nuestro ejército sigue la línea de la gran mayoría de los ejércitos latinoamericanos que ponen en primer lugar y como el bien supremo que deben proteger, al pueblo y como normas supremas la Constitución y los derechos humanos 

Es importante destacar que los principales tratados internacionales sobre derechos humanos están incorporados como parte de nuestra Constitución en su artículo 46, por lo cual los derechos humanos en nuestro país son DERECHOS CONSTITUCIONALES, y por lo tanto, en Nicaragua, violar los derechos humanos es VIOLAR LA CONSTITUCIÓN. En otros países no es tan claro como en Nicaragua, pero generalmente en toda latinoamérica los derechos humanos están bajo protección constitucional.

¿Qué pasa en aquellos casos en que el bien supremo que estos ejércitos deben proteger -el pueblo- estuviera siendo atacado o violentado por el mando superior o autoridad suprema del ejército, violando la Constitución y los derechos humanos que también son derechos constitucionales? En tales casos, el mando superior o  supremo del ejército, pierde su legitimidad y por consiguiente pierde su autoridad, porque los ejércitos deben estricto respeto y obediencia a la Constitución que está siendo violada, y tales "autoridades" violatorias de la Constitución y los derechos humanos no deben seguir siendo reconocidos como tales autoridades, pues se auto excluyeron de sus funciones. Los ejércitos, aunque no son deliberantes, obedecen solamente las órdenes dictadas “en estricto apego, respeto y obediencia” a la Constitución y a los tratados sobre derechos humanos que la Constitución incorpora.  La Constitución está por encima de las personas, por más rango que estas tengan. Más bien, los ejércitos, deben cumplir con su principal misión y deber de proteger al pueblo, que es el bien supremo cuya protección se les ha encomendado. Incluso, no actuar (mantenerse al margen, no hacer nada) en estos casos sería no cumplir con su deber de PROTEGER los Derechos Humanos del pueblo, que es un mandato constitucional. Para eso sirven hoy nuestros ejércitos latinoamericanos, para proteger y defender al pueblo de la Nación que juraron defender.
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Lea a continuación: ¿Es confiable la Iglesia Católica?

6/12/2018

¿Es confiable la Iglesia Católica?


Adolfo Miranda Sáenz
Publicado en El Nuevo Diario el 12 de junio de 2018
Trasmitido por Radio 800 (Managua) y Radio Managua (San José, C.R.)



Los católicos sabemos que nuestra Iglesia, como cuerpo cuya cabeza es Jesucristo, es santa y asistida por el Santo Espíritu. Pero también es humana porque sus miembros -incluso la cabeza visible, el Papa- todos somos humanos, todos somos pecadores y a veces actuamos mal, cometemos errores. la Iglesia ha cometido errores en la historia, por los cuales los papas han pedido perdón a la humanidad, y hoy algunos hijos de la Iglesia también han actuado mal, y la Iglesia lo reconoce y corrige. Muchos se fijan en nuestros errores humanos y nos condenan. Con humildad aceptamos las críticas, pero es injusto que algunos solo vean lo reprochable de la Iglesia e ignoren, o traten de ignorar, todo lo bueno que ha aportado y sigue aportando la Iglesia a la humanidad. De paso digamos que ninguna religión, denominación, institución internacional, movimiento altruista, humanitario u organismo internacional está exento de errores y acciones censurables. Es bueno recordar lo que Jesucristo dice: quien esté libre de culpa que tire la primera piedra, y no miremos la paja en el ojo del hermano sino la viga en el nuestro.

Sabemos que no existe en el mundo ninguna organización que preste mayores servicios humanitarios que la Iglesia Católica. Cáritas Internacional (una de las varias instituciones sociales de la Iglesia) da asistencia, servicio social y ayuda al desarrollo en más de 200 países y territorios. Una muchedumbre de monjas de diversas congregaciones trabaja gratuitamente en hospitales, asilos de ancianos, orfanatos, leprosorios, comedores, etc., en los cinco continentes. Tan solo las Misioneras de la Caridad forman un ejército de 4.500 hermanas en 134 países donde atienden de todo corazón a los más pobres entre los pobres. La Iglesia tiene centros de asistencia médica, escuelas, refugios de guerra y para inmigrantes, reformatorios y un sinnúmero de obras sociales, más que ninguna otra organización del planeta. Donde hay desastres naturales, pobreza o cualquier necesidad, allí la Iglesia Católica está presente. Estamos hablando de asistencia material, pero la ayuda espiritual es más grande e importante.

El papel decisivo de la Iglesia Católica en distintos conflictos que ha tenido la humanidad pone de relieve su capacidad de mediación para cumplir con el mandato de promover la paz. Pío XI salvó de morir bajo los nazis a más de medio millón de judíos; San Juan XXIII ayudó a evitar una guerra nuclear entre EE.UU. y la URSS durante la crisis de los misiles en Cuba; San Juan Pablo II fue decisivo para derribar el muro de Berlín y las dictaduras comunistas de Europa, y para impedir una guerra entre Chile y Argentina por el Canal de Beagle; el Papa Francisco logró reestablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. con los beneficios humanitarios que eso conlleva para los cubanos de la isla y los del exilio.

El papel de los papas lo realizan los obispos a nivel nacional. En muchos países la Iglesia guiada por sus obispos ha sido mediadora, es refugio e intercesora. En Nicaragua el Cardenal Miguel Obando y Bravo (que Dios lo tenga en su Gloria) fue mediador efectivo para resolver la toma de la Casa de Chema Castillo y la toma del Palacio Nacional. Gracias a la mediación del Cardenal Obando pudo terminar la guerra entre el gobierno sandinista y los contras, tener elecciones libres y establecer la democracia en 1989. ¡Cuántas vidas salvó el Cardenal Obando! Los actuales obispos Cardenal Leopoldo Brenes, Mons. Vivas, Mons. Mata, Mons. Schmidt, y el obispo emérito Mons. Hombach, colaboraron con el Cardenal Obando en el desarme, la reconciliación y la paz. En la crisis actual es mediadora la Conferencia Episcopal delegando en una comisión integrada por su Presidente, el Señor Cardenal Brenes, y los obispos Mons. Vivas, Mons. Álvarez y Mons. Báez. En Managua el Cardenal Brenes y su auxiliar Mons. Silvio Báez, han abierto los templos como sitios humanitarios de refugio y de atención de emergencia, y han intercedido por la liberación de personas encarceladas; igual hacen los otros obispos en sus diócesis. Los sacerdotes, en comunión con sus obispos, heroicamente han salido desafiando todo peligro a interceder por la vida de las personas, a mediar en acuerdos locales, a abogar por los detenidos y actuar como promotores de la paz. Millones de laicos católicos en el mundo de muchas maneras apoyamos el trabajo de la Iglesia y colaboramos con nuestros obispos y sacerdotes de diferentes formas. Las ofensas, calumnias y amenazas, no detienen la vocación de servicio de la Iglesia Católica, con sus obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.
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Lea a continuación: Comandante, ¡por favor, ceda!

6/07/2018

Comandante, ¡por favor, ceda!

Adolfo Miranda Sáenz
Publicado en El Nuevo Diario
del 7 de junio de 2018



Comandante Daniel Ortega, usted sabe que he sido, soy y seguiré siendo liberal, y su adversario político, pero nunca he sido su enemigo. Motivado por mi cristianismo y social liberalismo de centro-izquierda, en los años 80 apoyé el proceso revolucionario pensando en el beneficio de los pobres, y creyendo que seguiría una línea social demócrata. Eso no se cumplió, pero di a su gobierno el beneficio de la duda por los abusos que se justificaron por el desorden que había cuando se empezaba de cero, y luego por la guerra del gobierno de Reagan mediante los contras. En esa época, como abogado y periodista, establecí relaciones profesionales con periodistas y otros amigos rusos, con quienes celebré con entusiasmo la perestroika y el final del comunismo. A usted tuve la oportunidad de conocerlo y tratarlo en varias ocasiones cuando visitó organismos religiosos con los que yo trabajaba, y en otras oportunidades. Nunca fui funcionario ni empleado de su gobierno.

He ejercido el periodismo de opinión tratando de ser objetivo y sin apasionamiento partidario. Es el periodismo más difícil porque ser objetivo no siempre es comprendido. Defendí su gobierno en los 80. Pero me opuse cuando vi la crueldad del servicio militar obligatorio, la entrega total a los cubanos, y la política comunista que ya no eran medidas de guerra sino un proyecto de nación. Mi liberalismo me llevó a apoyarlo, y mi liberalismo me llevó a ser su adversario (no enemigo; no soy enemigo de nadie). Fui funcionario en dos gobiernos del PLC. Me encontré nuevamente con usted y nos saludamos cordialmente. Observé su campaña de reconciliación, de unidad nacional, de reconocer errores del pasado, con lo cual nos ganó las elecciones gracias a la triste división de los liberales en dos mitades. Reconocí en mis artículos el buen trabajo de su gobierno sobre la economía, algunos proyectos sociales y la alianza con los empresarios privados. Después vi cómo las siguientes elecciones municipales y nacionales fueron fraudulentas; su gobierno hizo reformas ilegítimas a la Constitución, instauró la nefasta reelección y llegó a forzar su poder absoluto en todos los Poderes del Estado. Yo seguí escribiendo que su gobierno estaba haciendo un buen trabajo en la economía, pero fallaba en lo institucional, y denuncié un gobierno autoritario rumbo a la dictadura. Pero reconocía que el país económicamente progresaba y que usted gozaba de mucha popularidad, según las encuestas. Algunos decían que yo escribía como sandinista y no como opositor, pues hay quienes no comprenden que un periodista debe decir la verdad, aunque no le favorezca a su opción política.

A partir del 19 de abril, la represión desatada por la policía y, peor aún, por los grupos paramilitares y turbas, han cambiado el panorama nacional. Nadie cree que el caos que tenemos en Nicaragua obedece a “grupos delincuenciales de la derecha” como dicen del lado del gobierno; no lo creen sus propios partidarios ni tampoco internacionalmente. Todo el mundo sabe que los muertos en enfrentamientos represivos, los homicidios, las torturas, desapariciones, incendios, saqueos y la libertad con que actúa la delincuencia común, son acciones promovidas por gente del gobierno. Por eso, su anterior alta popularidad se ha venido al suelo. Los tranques se forman por la represión y aumentan por cada nuevo ataque de antimotines y turbas. Por cada ataque, incendio o saqueo crece la furia contra el gobierno. El pueblo no se cansará ni va a reaccionar de otra forma, al contrario. Quien crea que el pueblo “se cansará”, se equivoca. ¡Crecerá la furia contra el gobierno! Se lo dice quien ha sido su adversario, pero no su enemigo; sin odio, pero con mucho dolor por tantos muertos, tantas víctimas, y por la inmensa destrucción del país. Por Dios, comandante, acepte acordar en el Diálogo Nacional una salida pacífica y constitucional con elecciones libres y democráticas adelantadas. Por Dios, ordene inmediatamente parar la represión, los incendios, los saqueos. ¡Devuélvale la tranquilidad al país! ¡Mande a parar las violaciones a los derechos humanos! ¡Mande a controlar la delincuencia común! Usted debe dar esas órdenes primero y verá cómo las cosas se calmarían para llegar a acuerdos justos y democráticos. Tome el camino que tomó en 1989 cuando cedió en favor de la paz y aceptó una salida pacífica electoral. Evite a su familia, a su partido, a las instituciones armadas y a todos los nicaragüenses, una catástrofe que no conviene a nadie.

Un cristiano liberal
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Lea a continuación: ¡No tengan miedo!

6/05/2018

¡No tengan miedo!

Adolfo Miranda Sáenz
Publicado en El Nuevo Diario
del 5 de junio de 2018



Cuando vivimos tiempos difíciles nos puede invadir la inquietud y el temor. Es natural. Son mecanismos de defensa con los que Dios nos dotó para enfrentar algunas situaciones. Si nuestra mente no reaccionara inquietándonos, permaneceríamos indiferentes ante lo que requiere nuestra atención; y si no sintiéramos temor, no reaccionaríamos ante el peligro para prevenir, evitar o disminuir el daño que nos amenaza. Pero no debemos permitir que la inquietud y el temor se conviertan en zozobra y pánico, ni que paralicen nuestras acciones. Nunca el camino estará despejado de problemas. En el Evangelio Jesús afirma: “Les digo esto para que unidos a mí tengan paz: en el mundo tendrán dificultades; pero ¡no tengan miedo! Yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

Como Jesús nos dice, tenemos que enfrentar muchas dificultades. Tenemos que derribar grandes y poderosas murallas con mucho sacrificio; pero debemos superar el dolor, la tristeza, y ¡seguir adelante! Jesús sabe que nuestra debilidad puede llevarnos a perder la fe y la esperanza en que vamos a resolver o superar las dificultades que nos oprimen. Aunque Dios nos ha dotado de medios para enfrentar y resolver estas situaciones, no siempre somos lo suficientemente fuertes para enfrentar, solo con nuestro propio esfuerzo, lo que nos produce inquietud o temor. Por eso Jesús nos asegura que no estamos solos, que él está con nosotros. Él, que, despojándose de su condición divina, vivió en este mundo como cualquier ser humano y sufrió dificultades, problemas y tristezas; que supo lo que es sufrir y llorar; que tuvo una muerte terrible. Él, que resucitó y venció a la muerte. Él, que resucitó a los muertos, sanó a los enfermos, calmó las tormentas y multiplicó los panes. Jesús, que es Dios todopoderoso, nos dice que no tengamos miedo, porque gracias a su amor seremos “más que vencedores”. (Romanos 8:37)  

Cuando pasamos tiempos difíciles, la angustia provoca que dudemos de Dios. A veces nos preguntamos: “¿Será que Dios no nos escucha?” Hay situaciones que acorralan nuestra fe; pero, ¡Dios siempre nos escucha! Jesús no nos promete lograr lo que con justicia nos proponemos sin el costo de algunos sacrificios; pero no nos deja solos, siempre nos da fortaleza y luces para superar cada situación e incluso nos ayuda a tener gozo y paz en medio de las dificultades. A veces su respuesta no es inmediata, ni como nosotros quisiéramos, pero no perdamos nuestra fe; recordemos otras situaciones difíciles por las que antes hemos pasado y de las que Dios nos ha ayudado a salir. Debemos orar y alabar a Dios como el rey David lo hacía, incluso cuando su espíritu estaba abatido: En mi angustia llamé al Señor, pedí ayuda a mi Dios y él me escuchó desde su templo, ¡mis gritos llegaron a sus oídos!” (Salmo 18:6) 

El apóstol San Pablo nos dice: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de quienes lo aman. ¿Qué más podremos decir? ¡Que, si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros! Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos
nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas? ¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, o las dificultades, o la persecución, o el hambre, o la falta de ropa, o el peligro, o la muerte violenta? En todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!” (Del Capítulo 8 de la Carta a los Romanos) Confiemos en Dios porque él nos ama. No olvidemos nunca que, aunque la lucha sea muy difícil, ¡él está de nuestro lado!
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Lea a continuación el artículo:
"Si hay acuerdos, ¿cómo serían las elecciones?

5/29/2018

Si hay acuerdos, ¿cómo serían las elecciones?

Adolfo Miranda Sáenz


Ruego a Dios que la solución política de Nicaragua se dé en el Diálogo Nacional acordando elecciones democráticas cuanto antes, en las que sea el pueblo quien decida su futuro eligiendo un nuevo gobierno. Los puntos aquí expuestos por este servidor son coincidentes con la Agenda de Democratización presentada  en el Diálogo Nacional por la Comisión de Mediación y Testigo integrada por los Señores Obispos, y compatibles con el Memorando de Entendimiento y demás documentos sobre materia electoral y democratización suscritos por el gobierno y la OEA. La Agenda presentada por los mediadores del diálogo contiene puntos a discutirse y consensuarse dentro del marco constitucional, sin violar ninguna ley, lo cual está lejos de ser “un golpe de Estado”, como dijeron algunos delegado del gobierno en el diálogo. 

Tendría que acordarse en el diálogo si las elecciones serían solo nacionales o también municipales -lo más conveniente sería aprovecharlas para renovar también a las autoridades municipales-. Habría que acordar si las elecciones se realizarían después de renunciar el presidente y la vicepresidente, o sin su renuncia previa, manteniéndose ellos en sus cargos hasta entregarlos a los nuevos electos -aunque evidentemente, la renuncia de ambos traería inmediatamente paz y tranquilidad a este pueblo que ya sufrió demasiado-. También tendría que acordarse si se realizarían el 7 de noviembre de 2021 como están programadas o se adelantarían -lo cual salvaría al país de una situación caótica que empeora cada día y que no puede esperar dos años sin llevarnos a la ruina total en un mar de sangre y lágrimas-. Adelantar las elecciones se puede hacer mediante una reforma parcial de la Constitución aprobada por la Asamblea Nacional en dos legislaciones. Cada legislación, según la Ley Orgánica del Poder Legislativo, comienza el día nueve de enero y concluye el quince de diciembre de cada año; pero como esta ley puede ser reformada por la Asamblea Nacional, pudiera acortarse la actual legislación y adelantarse la próxima, y así aprobar en corto tiempo las reformas constitucionales en dos legislaturas. En las reformas parciales a la Constitución, entre otros puntos, se podría poner fin al período de los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral, para elegir a personas acordadas en el diálogo. Si se acuerda la previa renuncia del presidente y la vicepresidente -lo cual crearía un ambiente de tranquilidad- la Asamblea Nacional deberá elegir sus sustitutos “de entre sus miembros”, como manda la Constitución. En el diálogo deberá acordarse cual diputado sería presidente interino, mientras se dan las elecciones, y podría dejarse pendiente de elegir al vicepresidente para solo tener que consensuar una persona. Habría que elegir al diputado más aceptable para todos, o con menor rechazo.

Creo que otros temas como la renovación de instituciones importantes, tales como la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, etc., o de disposiciones constitucionales como restablecer la no reelección, deberían dejarse para que el nuevo gobierno y la nueva Asamblea Nacional que resulten electos, se encargue de ellos y de todos los otros cambios necesarios demandados por el pueblo. En el diálogo se puede acordar seguir el proceso ya iniciado con la OEA, pero pidiendo que se acelere y se informe detalladamente a los ciudadanos, solicitando al Secretario General, Luis Almagro, que nombre como su delegado para este proceso a una persona que goce también de la confianza del sector opositor y no solo del gobierno. Sería un grave error satanizar a un instrumento tan importante en el continente, como es la OEA, o menospreciar el prestigio que a nivel mundial tiene su Secretario General, Luis Almagro. También debemos estar claros que ésta sería una solución pacífica acordada en un diálogo y no producto de una guerra o un golpe de Estado; por lo tanto, el Frente Sandinista -como partido legalmente reconocido en Nicaragua- participaría en las elecciones. Se buscan salidas pacíficas, democráticas y legales, donde los sandinistas en el gobierno no tengan miedo de llegar a acuerdos y celebrar unas elecciones donde -hoy por hoy- seguramente pierdan y tengan que entregar el poder, pero sin violencia ni acciones fuera del marco legal contra nadie. Por eso he dicho en otros artículos que ésta es la mejor salida para todos, incluso para los del actual gobierno. La oposición seguramente hoy ganaría ampliamente las elecciones al Frente Sandinista, pero es importante conformar una "Unión Nacional Opositora", UNO, sin excluir a nadie. Hasta ahora se ha pedido a los partidos políticos mantenerse al margen de las manifestaciones y del diálogo -excepto darles su apoyo- pero no se puede prescindir de ellos en una alianza para las elecciones, porque si son excluidos podrían concurrir en varias casillas y se rompería la unidad opositora cuando cada voto podría ser decisivo. Hasta ahora los partidos han guardado sus propias banderas y han tomado solo la azul y blanco, y así mismo deben tomarse en cuenta todos los partidos para las elecciones, para ir en unidad solo bajo la bandera azul y blanco. Mal se haría al propiciar un cambio para restablecer la democracia empezando por violar un principio democrático, como es la participación de todos los partidos políticos.

Pero esta gran unidad no debería ser solo de partidos, sino de movimientos de estudiantes, sector empresarial y grupos de la sociedad civil; excluyendo, lógicamente, al FSLN y los partidos de su alianza que ellos llaman “Unida Nicaragua Triunfa”, que serían los adversarios de la UNO. Considero lo más conveniente para la UNO seleccionar candidatos a presidente y vicepresidente que no sean políticos actualmente, ni directivos actuales o anteriores de algún partido, ni dirigentes de las organizaciones de la sociedad civil participantes de la unidad. Para candidatos a diputados, alcaldes, concejales, debe hacerse una distribución equitativa entre todos los partidos y agrupaciones. La experiencia de la UNO de 1989 ayudaría en el método. Se debe tener presente que requiere tiempo ponerse de acuerdo en la unidad, escoger a la fórmula presidencial y demás candidatos para diputados y autoridades municipales, donde todos vayan bajo una sola bandera nacional azul y blanco. Por eso debe tenerse mucho cuidado en la fecha que se fije para las elecciones. Antes de algunos meses la UNO no podría estar lista, y luego deberá darse un tiempo corto pero prudencial para una campaña electoral en un ambiente de paz y con presencia -desde ese momento- de los observadores electorales y -como dije arriba- con un nuevo Consejo Supremo Electoral. Después de estas elecciones históricas se podrán reorganizar los partidos actuales con sus respectivas banderas, renovarse, fusionarse o crear nuevos partidos en un escenario nuevo, democrático, con mayor participación política de la ciudadanía, en un país rejuvenecido.
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Ante Dios, no hay muro que resista. Lea a continuación de este artículo la lección bíblica para nuestra situación actual en Nicaragua: "Cómo cayeron los muros de Jericó"

5/22/2018

Cómo cayeron los muros de Jericó

Una lección para nosotros hoy
Adolfo Miranda Sáenz



La forma cómo cayeron los muros de Jericó es una lección para nosotros hoy. Dios prometió dar la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes. Habían pasado muchos años desde la promesa que Dios hizo, y todavía no poseían la tierra. Sin duda, a los israelitas se les habían enseñado muchas cosas acerca de esta maravillosa tierra que fluía leche y miel, y deseaban que fuera su país. Habían pasado cuarenta años vagando por un desierto estéril y la idea de la maravillosa tierra que estaba delante les daba fortaleza para seguir. Cuando llegaron a la tierra prometida, hubo una muralla que se interponía en su camino; era la ciudad de Jericó que tenía dos grandes muros alrededor, como una fortaleza. Cuando el pueblo de Israel cruzó el rio Jordán, la ciudad estaba cerrada, nadie entraba ni salía. Josué dirigía a los israelitas que ya estaban muy cerca de entrar a tomar posesión de su tierra, pero los muros de Jericó se interponían. Entonces Dios dio a los israelitas, por medio de Josué, instrucciones para que las murallas de Jericó fueron derribadas. Eso sucedió alrededor de 1400 años antes de Cristo.

En la Sagrada Biblia encontramos este relato en el capítulo 6 del Libro de Josué. El ejército debía marchar alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días. Siete sacerdotes debían llevar siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca de la Alianza. Al séptimo día darían siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarían las trompetas. La gente no debía decir nada durante las primeras seis veces en su marcha alrededor de Jericó. Después de dar siete vueltas alrededor de la ciudad, en el séptimo día, los sacerdotes debían hacer sonar las trompetas de cuernos de carnero, y todo el pueblo dar un gran grito, y los muros caerían al suelo. Ellos obedecieron, y los muros cayeron tal como Dios había dicho a Josué y pudieron tomar la ciudad. Fue así como se derribaron los muros de Jericó que impedían el paso a la tierra prometida.

Este relato bíblico del Antiguo Testamento debemos entenderlo a la luz del Nuevo Testamento. La Carta a los Hebreos dice: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después que fueron rodeados por siete días.” (Heb 11:30) Es decir, el relato nos da una lección de fe; no debemos interpretarlo necesariamente como una narración literal de lo acontecido históricamente. Efectivamente los muros de Jericó fueron derribados y el pueblo de Israel tomó la ciudad, pero los detalles de la narración, como se acostumbraba en la antigüedad y sobre todo en Israel, tienen un propósito didáctico y religioso. Lo primero que debemos entender es que Dios nos dice en su Palabra que él tiene su propia manera de hacer las cosas y que no siempre es igual a la forma como lo hacemos los hombres. Pero los hombres no debemos estar pasivos; para derribar aquellos muros Dios mandó marchar, sonar las trompetas y gritar, y el pueblo obedeció a Dios: marchó, sonaron las trompetas y gritó, y los muros cayeron. Debemos nosotros tener la fe suficiente para hacer lo que Dios dice y esperar que su manera de actuar tenga éxito. Es impresionante el poder de Dios. Ante ese poder no hay muros que puedan resistir.

Los israelitas pudieron haber decidido ir contra los muros por su propia cuenta al margen de Dios, pero no actuaron así. Dios les habló por medio de Josué y ellos obedecieron. Nosotros debemos escuchar a los pastores que ha puesto para conducir hoy a su pueblo, tener fe en Dios y en el poder de la oración. En su Primera Carta el Apóstol San Juan nos dice: “Nos dirigimos a Dios con la confianza de que, si pedimos algo según su voluntad, nos escuchará. Y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que hemos pedido.” (1Jn 5.14 y 15) Así es, porque Jesús afirma: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.” (Mt 7:7 y 8) A la luz de la Palabra de Dios, sabemos que, si ante nosotros se levantan muros, Dios tiene el poder de derribarlos como hizo caer los muros de Jericó.

Abajo: Libros obsequiados por el editor del blog (no es publicidad)

5/21/2018

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BÁJELOS GRATIS COMO E-BOOKS:

POLÉMICO TESTIMONIO


En POLÉMICO TESTIMONIO Adolfo Miranda Sáenz, abogado, periodista y escritor nicaragüense, refleja aspectos de su vida refiriéndose a destacados sucesos de Nicaragua y el mundo sobre los que hace comentarios controversiales. 
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DEL OCASO AL AMANECER
Novela 


Una novela romántica en la que además del amor y la pasión surgen controversias entre valores y principios que hoy se debaten intensamente, como el matrimonio, el aborto, el sentido de la existencia y la fe religiosa, cuya discusión forma parte del mundo actual y está presente en muchas situaciones reales de la vida moderna.
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UNA IGLESIA CATÓLICA RENOVADA
Propuestas de un laico sobre cambios en nuestra Iglesia
Un ensayo de
Adolfo Miranda Sáenz
En espíritu de unidad y obediencia al Magisterio de la Iglesia.
Simplemente propuestas, sugerencias, algunas ideas, opiniones personales sujetas al discernimiento final de nuestros pastores
Las propuestas de un laico.
Necesidad de Renovación. Posibilidad de renovación según criterios expresados por el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.
Aclaración del concepto “Infierno”.
Aclaración del concepto “Purgatorio”. 
Cómo entender un doble juicio: privado y público. 
Necesidad de clarificar a los fieles sobre las devociones populares. 
Opción Fundamental y el Sacramento de la Reconciliación. 
Actualizar los conceptos sobre el cuerpo y la sexualidad humana. 
Necesidad de nuevas normas sobre el celibato. 
Mayor participación de los laicos. 
El caso de los divorciados y vueltos a casar. 
Situación de los homosexuales. 
La ordenación de mujeres.
Puedes verlo, leerlo, archivarlo o imprimirlo como cortesía del autor haciendo click en el siguiente link:
Link a: UNA IGLESIA CATÓLICA RENOVADA
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CURSO BÁSICO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS


Los conocimientos elementales
sobre Derechos Humanos
Puedes verlo, leerlo, archivarlo o imprimirlo como cortesía del autor haciendo click en el siguiente link:
Link a: CURSO BÁSICO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS



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CURSO BÁSICO SOBRE LA DOCTRINA 
SOCIAL DE LA IGLESIA

Los conocimientos elementales 
sobre la Doctrina Social de
la Iglesia Católica
Puedes verlo, leerlo, archivarlo o imprimirlo como cortesía del autor haciendo click en el siguiente link:
Link a: CURSO BÁSICO SOBRE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

4/29/2018

El Papa Francisco sí aclaró sobre el infierno

Adolfo Miranda Sáenz



Antes se creía que solo los católicos nos salvábamos, pero San Juan XXIII y San Pablo VI aclararon que toda persona buena y sincera puede salvarse, cualquiera que sea su religión o su fe, según su rectitud de vida y su conciencia. Antes creíamos que los niños que morían sin bautizarse iban al Limbo, y corríamos a bautizarlos con la llamada "agua de socorro", pero Benedicto XVI aclaró que “el Limbo no existe”, y que todos los niños que fallecen, bautizados o no, van al Cielo. Antes creíamos que existía “un lugar” llamado Infierno; pero San Juan Pablo II aclaró que no existe tal “lugar”, que el infierno es “una situación”. Hay varias cosas en las que antes creíamos y el Magisterio de la Iglesia ha ido aclarando.

Que ahora el Papa Francisco, que es el Sumo Pontífice de la Iglesia, haga una aclaración, aunque sea en un comentario informal, no es nada extraño. De hecho, lo hizo sobre un tema del que ya casi nadie hablaba porque casi nadie creía en el viejo enfoque que se le daba. Hoy ya no se amenaza, como en otros tiempos, desde los púlpitos, con las llamas ardientes del fuego de un infierno cuyo sufrimiento horrible duraría toda la eternidad. ¿Podemos imaginarnos lo que es "toda la eternidad"? Millones de millones de milenios sufriendo una tortura comparable con estar quemándose vivo. ¡Inimaginable tortura que supera toda crueldad! ¡Es que no cabe en la cabeza que un Dios que es amor hubiera creado tal castigo! El Papa Francisco ha dicho al director del diario “La República”, de Roma, que el infierno no es “un sufrimiento eterno”, sino “disolverse” en la nada, dejar de existir, no gozar de la vida eterna en la plena felicidad infinita del Cielo, o sea, que es la “muerte eterna”. Algo que implica un profundo sufrimiento, pues antes de "morir para siempre" el condenado tendrá plena conciencia de lo que es el Reino de Dios y de lo que se perderá eternamente, de lo que no  podrá disfrutar jamás. La Oficina de Prensa del Vaticano no negó que el Papa haya hecho esta aclaración —contrario a lo que algunos afirman—, simplemente la vocería vaticana explicó que lo reproducido en el periódico “no fueron las palabras exactas del Papa”; pero lo importante no son “las palabras exactas” que haya usado el Papa, sino “el concepto” que aclaró, el cual concepto de infierno como muerte eterna y no como un sufrimiento eterno, no fue negado, sino tácitamente confirmado en el comunicado vaticano. Un infierno concebido como “sufrimiento por toda la eternidad”, no existe. ¡Nada de que escandalizarse! ¿Cambian las verdades de fe? ¡Por supuesto que no! Pero sí cambia la forma de entenderlas. Ya lo dijo Benedicto XVI en el libro "La Sal de la Tierra", que las verdades de fe pueden siempre verse y entenderse mejor, de una forma diferente sin cambiar en lo esencial. El Catecismo (No. 94), citando la Constitución Dogmática “Gaudium et Spes” (No. 62), enseña que las verdades de fe van siendo mejor comprendidas a través del tiempo, tanto en sus palabras como en sus realidades, y para eso existe el Magisterio de la Iglesia asistido del Espíritu Santo, para guiarnos en esa mejor comprensión de la verdad.

La aclaración del Papa Francisco, aunque no sea una declaración "oficial", es sumamente importante y esclarecedora, pues no lo dijo cualquiera, es la opinión nada menos que del Papa, del Vicario de Cristo en la Tierra. Y la recibo con especial alegría, como millones de católicos, porque yo, que quiero ser un buen católico, siempre he dudado que Dios, que es amor infinito, hubiese podido crear un castigo tan terrible con dimensiones para toda la eternidad. Es decir, yo rechazaba en mi mente y corazón ese infierno y confiaba en que alguna aclaración habría, tarde o temprano, desde el magisterio de la Iglesia. Gracias a Dios el Papa Francisco lo aclaró, y abrió las puertas de la Iglesia a muchos que se fueron o que no entraban porque la creencia en un castigo horroroso por toda la eternidad, una idea que repugna, era un obstáculo para creer en un Dios que es amor. Y por supuesto que, de paso, se cae la creencia en un purgatorio donde las almas "se queman a fuego lento temporalmente", para ahora entenderlo mejor, como una etapa de preparación y purificación, pero no de tortura ni sufrimiento, excepto la ansiedad por entrar cuanto antes al Reino de los Cielos.

Pero, ¿niega el Papa Francisco un dogma o doctrina importante de la Iglesia? No. Al contrario; su aclaración concuerda mejor con lo dicho por la norma suprema: la Sagrada Biblia; y además, con los documentos que son como la "Carta Magna" de la Iglesia, que son las Constituciones Dogmáticas emanadas del Concilio Vaticano II, en particular la Constitución Dogmática "Gaudium et Spes" (Gozo y Esperanza). Es que realmente, debemos reconocer que los católicos, por una costumbre centenaria, hemos asumido más el infierno y el purgatorio de la obra literaria "La Divina Comedia", escrita por el poeta italiano Dante Alighieri entre 1304 y 1321, que lo escrito en la Palabra de Dios y en los documentos del Concilio Vaticano II, donde los Papas San Juan XXIII y San Pablo VI, con los aportes y el consenso de obispos de todo el mundo reunidos en Roma, se refieren a nuestras verdades fundamentales en las Constituciones Dogmáticas y otros importantes documentos. Es decir, creíamos, por la costumbre popular, en el infierno, el purgatorio y el cielo de la imagnación de Dante, no de la revelación de Dios.

Nuestra fe católica nos enseña que Dios nos creó para vivir felices eternamente, pero debido al pecado perdimos ese derecho: “No comas ese fruto (pecado) porque morirás.” (Génesis 2.17) Pero Jesús, al morir en lugar nuestro y resucitar, ha vencido a la muerte y hecho posible nuestra salvación: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquel que en él crea no muera, sino que tenga vida eterna”. (Juan 3.16) Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Juan 11.25) San Pablo aclara: “El pago del pecado es la muerte, pero el don de Dios es la vida eterna unidos con Cristo Jesús, Nuestro Señor.” (Romanos 6.23) Algunos habremos pensado que por el pecado hay una muerte del cuerpo, pero no del alma, la cual seguiría sufriendo horriblemente toda la eternidad. Pero el Apocalipsis nos enseña que después de la resurrección de los muertos y del juicio final, los condenados serán arrojados al “lago de fuego” que es “la muerte segunda”. (Apocalipsis 20.14 y 15; 21.8)

Algunas versiones de la Biblia traducen como “infierno” las palabras “sheol” (hebreo) y “hades” (griego), que significan sepultura o lugar de los muertos; pero traducen también como “infierno” el nombre “Gehenna”, que es algo muy distinto. Jesús habló de la condenación comparándola con el Gehenna, un valle donde los cananeos sacrificaban niños al dios Moloch, quemándolos vivos; una práctica que fue proscrita por los judíos, convirtiéndolo en el basurero de la ciudad donde se incineraban la basura y los cadáveres de animales y criminales. Como en todo basurero, había fuego permanente, y todo lo arrojado allí se quemaba. Jesús usó el Gehena para explicar la condenación. El significado de Gehena es el mismo que el del “lago de fuego” del Apocalipsis, donde Dios arrojará a los que no quisieron salvarse, llamándolo “muerte segunda”. Las dos expresiones, de manera figurada, se refieren a la muerte eterna, sin posibilidad de resurrección. Dijo Jesús: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma, teman a los que pueden destruir (griego: apólumi) alma y cuerpo en el infierno (Gehena).” (Mateo 10.28)

La Biblia nos presenta una disyuntiva entre vida eterna y muerte eterna. El Magisterio de la Iglesia en la “Gaudium et Spes” (18-22), nos presenta también esa disyuntiva entre “vida eterna” en el Cielo y la “muerte eterna” que es el infierno (no otra “vida eterna” en un infierno). Es vida o muerte. Toda la Biblia, la Tradición Apostólica y el magisterio de la Iglesia coinciden en abundantes textos en que la disyuntiva es vida o muerte. Vida para siempre o muerte para siempre, vida eterna o muerte eterna. Otros textos no establecen una verdad diferente. Se utilizan símbolos, imágenes, parábolas, recursos literarios para dar una explicación de lo que se sufre al saber que se ha perdido la vida eterna. Lo dicho por el Papa Francisco no contradice ninguna verdad de fe, solo la aclara. ¿Sufren los condenados? Por supuesto. Es parte de su justo castigo. La parábola de Lázaro y el rico (que popularmente se le llama Epulón) es una ilustración, un símbolo, un recurso de Jesús para expresarnos el sufrimiento del alma de quien sabe que está condenado a la muerte eterna después de la resurrección y el juicio final, frente al gozo de quienes en "el seno de Abrahan" esperaban la muerte y resurrección de Cristo para poder gozar de la vida eterna en el Reino de Dios. Cuando comparezcamos ante Dios después de esta vida, tendremos una clara visión del Cielo, algo maravilloso, indescriptible; y los condenados a muerte también lo verán, y mientras contemplan el magnífico esplendor del Reino al que pudieron entrar pero al que jamás entrarán, experimentarán el horrible sufrimiento de haberlo rechazado y perdido para siempre. Allí será “el llanto y el crujir de dientes”. (Lucas 13:28)  

3/20/2018

¿Solo los creyentes se salvan?

Adolfo Miranda Sáenz


Jesucristo dijo: “El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, se condenará.” (Marcos 16:16). La Constitución Dogmática de la Iglesia Católica, “Lumen Gentium”, en el No. 14, dice: “Cristo, presente para nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, es el único mediador y la única forma de salvación. En términos explícitos, él mismo afirmó la necesidad de la fe y el bautismo y, por lo tanto, afirmó la necesidad de la Iglesia, porque a través del bautismo, a través de esa puerta, los hombres entran a la Iglesia. Por lo tanto, quien sabiendo que la Iglesia Católica fue hecha necesaria por Cristo, se niegue a entrar o permanecer en ella, no podría ser salvado.”

Lo anterior pudiera llevarnos a la conclusión equivocada de que solo los bautizados que permanecen en la Iglesia, pueden salvarse. Pero, claramente lo anterior se refiere a los que “sabiendo” se “niegan”. Jesús se refiere a creer en Él y no rechazarlo, pero ¡una vez conocido!, porque no se puede rechazar a quien no se conoce. Dios, que es bondad infinita, no niega la salvación a quien deja de hacer algo “porque no sabe o no comprende que debe hacerlo”. Saber no significa solo haber oído o conocer superficialmente, sino conocer bien y entender correctamente. Muchos no conocen de verdad a Cristo, a veces por culpa nuestra y no de ellos, porque no siempre evangelizamos bien. Ser debidamente evangelizado no es haber recibido solo el catecismo de Primera Comunión y conocer superficialmente unas pocas cosas de Jesús y la Iglesia. Muchos bautizados desde niños hoy no creen o se alejan de la Iglesia, porque no les enseñamos bien nuestra doctrina, o les hemos enseñado algunos errores que no son la verdadera doctrina. Hay quienes no creen en Dios porque lo presentamos mal, como terrible, castigador, implacable, vengativo, cruel, etc. (yo tampoco creo en un Dios así); y no como el verdadero Dios, padre de amor y misericordia. Muchos se alejan de la Iglesia porque la presentamos como una institución represiva dedicada solo a imponer leyes y obligaciones, a ser —como critica el Papa Francisco— una “aduana” (yo también me alejaría si así fuera); y no como una comunidad de amor, que para eso la fundó Cristo.

El bautismo en la Iglesia y permanecer en ella es necesario para poder salvarse, sí; pero, para quienes han sido adecuadamente evangelizados y comprenden su necesidad. Los que conscientemente, sabiendo su necesidad, rechazan bautizarse o abandonan la Iglesia, no podrían ser salvados; igual no se pueden salvar quienes con pleno conocimiento rechazan a Dios, a Jesús y a la Iglesia, o se apartan por seguir a los ídolos del mundo. Pero aquellos que no han sido verdaderamente evangelizados, o que han sido evangelizados mal, que no conocen realmente al verdadero Dios, a Jesús y a su Iglesia, sin ser su culpa, y hacen lo bueno según su conciencia, pueden salvarse. Muchas veces en el mal testimonio que a veces damos los cristianos recae la culpa de quienes se alejan. Pero —que quede claro—  que no se salvan tampoco quienes utilizan estas fallas como excusas, pretextos o justificación para alejarse de la Iglesia; eso es diferente a no estar consciente de la necesidad de permanecer en ella. La Iglesia la integramos todos los bautizados católicos y todos somos humanos, con fallas, pecadores. Siempre habrán fallas en la Iglesia, pero usar a propósito estas fallas como pretexto no justifica a nadie. Diferente es "estar en un error" de buena fe, que "querer permanecer en el error" voluntariamente.

La salvación que viene de Cristo efectivamente llega a todos los que se salvan, por la Iglesia. ¡Dichosos los miembros de la Iglesia por tener la plenitud de los medios de salvación! Pero Cristo reconoce en otras personas distintas formas de vincularse con la Iglesia y con el bautismo, por el poder del Espíritu Santo, y no quedar excluidos de la salvación. La “Lumen Gentium” en el No. 16 dice: “Los que sin culpa no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios sinceramente e intentan, con ayuda de la gracia, hacer su voluntad, según les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.” Además, agrega: “La Divina Providencia no les niega la ayuda necesaria para la salvación a aquellos que, sin culpa de su parte, aún no han llegado a un conocimiento explícito de Dios, pero, con su gracia, se esfuerzan por vivir una vida de bien.” Esas personas están vinculadas a la Iglesia por medio del Espíritu Santo, porque Dios, en su infinita sabiduría, sabe que si hubiesen sido “bien evangelizadas”, hubieran creído y se hubieran bautizado. (Catecismo 846-848 y 1257-1261).

En la Sagrada Biblia leemos: “(Los que sin conocer la ley) hacen por naturaleza lo que la ley manda, ellos mismos son su propia ley, pues muestran por su conducta que llevan la ley escrita en el corazón. Su propia conciencia lo comprueba, y sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán el día en que Dios juzgará los secretos de todos por medio de Cristo Jesús, conforme al Evangelio que yo anuncio.” (Romanos 2:14-16). ¡Pero hay que evangelizar siempre! Porque si no evangelizamos, por nuestra culpa muchos se perderán de los preciosos tesoros que nos quiere dar Dios, Jesús, por medio de su Iglesia; por ejemplo: la lluvia de gracias, bendiciones y felicidad que les darían los sacramentos; el poder de la Palabra de Dios; la dicha de tener “donde sostenerse” en los momentos difíciles de su vida, etcétera. Se puede llegar al mismo destino caminando un largo y penoso camino árido, polvoso, caluroso y en soledad, sin nadie que te guíe y ayude, con peligro de perderte; pero es mejor ir acompañado por alguien que te guía, te apoya, te acompaña, te anima y te consuela, y viajando junto a otros que comparten la sed y el agua, el cansancio y el descanso, el camino y la meta.

2/21/2018

¿Vida después de la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


El deseo de vivir eternamente, para siempre, es una aspiración profunda del hombre. Todos nacemos hambrientos de eternidad. La ciencia lo comprueba: arqueólogos, antropólogos e historiadores nos dicen que, en todos los continentes, en todas las razas y civilizaciones, hay dos creencias que desde la “edad de piedra” hasta hoy están siempre presentes: creer en la divinidad y creer en la vida después de la muerte. El hombre, por naturaleza, siente la necesidad de adorar y relacionarse de algún modo con la divinidad creadora que rige el universo; y también asume que su vida no acaba aquí, sino que continúa eternamente. Los cristianos tenemos, además, la revelación de Dios escrita en la Biblia, que no es un libro científico ni rigurosamente histórico, sino una colección de escritos inspirados -no dictados- por Dios a lo largo de mil años, que recogen la experiencia religiosa del pueblo de Israel, la vida y enseñanzas de Jesús, y la experiencia religiosa de los primeros cristianos. Una colección de textos escritos con la mentalidad, cultura y circunstancias históricas de diferentes escritores, instrumentos de Dios que, mediante relatos históricos, historietas sencillas, poesía, parábolas y otros recursos literarios nos enseñan grandes verdades: lo que Dios ha querido revelarnos sobre él, sobre nuestro ser y nuestro destino. Una revelación que no se da “de una sola vez”, sino que se va entendiendo de manera progresiva a través de los siglos.

La Biblia nos dice que: “En el comienzo de todo Dios creó el cielo y la tierra.”  (Génesis 1.1) Y nos creó, varón y mujer, a su imagen y semejanza (Génesis 1.27). Dios no creó a los animales a su imagen y semejanza, por eso no tienen cualidades semejantes a las de él. Nosotros sí: tenemos capacidad para razonar y ser creativos; tenemos libertad para decidir y actuar más allá de los instintos. Fuimos creados para vivir felices eternamente: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que le aman.” (1 Corintios 2.9) Entonces, ¿por qué sufrimos y morimos? No es lo que Dios quiere para nosotros, pero nos dio libertad para hacer el bien o el mal, ¡y decidimos hacer el mal! No podía dejar de crearnos libres, pues no seríamos sus hijos, creados a su imagen y semejanza. Seríamos como cualquier animal, regidos por nuestros instintos. Desde el primero -que cometió el pecado original- hasta el último ser humano (excepto Jesús y su madre María) todos hemos pecado. Pecar es ir contra la voluntad de Dios, rebelarnos contra Dios. Nos separamos de él (no es él quien nos separa). Dios nos da la vida eterna; él es la fuente de la vida y su ausencia es muerte eterna, condenación eterna. “El pago del pecado es la muerte” (Romanos 6.23) Si un bombillo se separa de la corriente, se apaga. “Pecando y faltando a nuestra ley nos hemos apartado de ti. En todo hemos pecado. No hemos obedecido tus mandamientos; no los hemos cumplido ni practicado como tú nos habías mandado que hiciéramos para que fuéramos felices.” (Daniel 3.29, 30) “Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron.” (Romanos 5.12) El mal uso de nuestra libertad, el pecado, es la causa del sufrimiento y la muerte.

Pero un padre amoroso no abandona a sus hijos. Él nos dice: “Con amor eterno te he amado.” (Jeremías 31.3) Dios decidió hacerse hombre para morir en la Cruz en lugar de nosotros, pagando él por nuestros pecados y resucitando para darnos la resurrección y la vida eterna. “Cristo ha resucitado. Así como por causa de un hombre vino la muerte, también por causa de un hombre viene la resurrección de los muertos.” (1 Corintios 15.20, 21) “Dios secará todas las lágrimas, y no habrá más muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo eso que antes existía dejará de existir. Dios hará nuevas todas las cosas.” (Apocalipsis 21. 4, 5) Hay vida después de la muerte. Y todos podemos - si queremos- tener una vida eterna feliz en el “Reino de Dios”. 

1/12/2018

Cómo acabar con el terrorismo

Los terroristas son criminales, fanáticos y no se sabe dónde están ni cuando atacarán. A veces, incluso, son "lobos solitarios" de quienes ni se sospecha. ¿Cómo acabar con ellos?

Adolfo Miranda Sáenz


El terrorismo es el uso del terror mediante la violencia como táctica para lograr ciertos objetivos. Grupos terroristas como Al Qaeda, ISIS o Hamás afligen a buena parte de la humanidad. ¿Cómo acabar con ellos? La respuesta es sencilla: acabando con la causa que los origina.  El terrorismo es una forma de lucha absolutamente repudiable que nunca se justifica; pero todo grupo terrorista tiene una causa, persigue un objetivo que no siempre es malo. Lo condenable no siempre es la causa que defienden sino el método utilizado. Han desaparecido grupos terroristas que por mucho tiempo estuvieron activos. ¿Cómo desaparecieron? Eliminando la causa que los originó. No es que el terrorismo haya vencido, sino que otros lucharon por la misma causa con métodos civilizados y pacíficos, y ellos –no los terroristas- lograron sus objetivos. Veamos algunos ejemplos:

El Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army, IRA) fue un grupo terrorista originado por el avasallamiento de los ingleses protestantes sobre los irlandeses católicos que vieron Irlanda dividida en dos: Irlanda del Norte, obligada a ser parte del Reino Unido en condiciones de sometimiento a los ingleses, y la República de Irlanda, independiente y soberana. En 1988, con la mediación de Bill Clinton, los primeros ministros Tony Blair del Reino Unido, Berthie Aherm de la República de Irlanda, y los líderes de las principales fuerzas políticas de Irlanda del Norte firmaron el “Acuerdo de Viernes Santo” en que se concedieron a los irlandeses del Norte importantes logros sobre su autonomía, gobierno y la forma de relacionarse con el Reino Unido, del que quedaron formando parte voluntariamente. Al desaparecer las causas del descontento irlandés desapareció el IRA.  

El movimiento llamado País Vasco y Libertad (Euskadi Ta Askatasuna, ETA) fue un grupo terrorista originado durante la dictadura franquista por la represión, falta de democracia, de libertad y de reconocimiento de los vascos cómo una nación con su propia identidad, idioma, cultura y derechos autonómicos. Con la llegada de la democracia en España se reconocieron las diferentes nacionalidades y autonomías y se dio un proceso de negociación con los líderes de partidos políticos vascos que por la vía cívica y pacífica luchaban por el derecho a su autonomía. En 2011, tras las negociaciones que culminaron con satisfactorios acuerdos para los vascos, terminó el terrorismo de ETA.

En el origen de Hamás está la creación del Estado de Israel en territorio palestino, como un enclave en medio del milenario territorio árabe y musulmán. Aunque Israel tiene derecho a existir, también Palestina, hoy reducida y avasallada por Israel que continúa quitándole territorio. En 1993 Isaac Rabin (Israel) y Yasser Arafat (Palestina), con la mediación de Bill Clinton, lograron un acuerdo de paz reconociendo dos Estados independientes y soberanos conviviendo pacíficamente. Pero los extremistas judíos asesinaron a Rabin y aceptan un Estado Palestino solamente si permanece sometido a Israel. Si se cumplieran los acuerdos de paz, dejaría de existir Hamás.

Al Qaeda fue creada por Reagan para luchar contra los soviéticos en Afganistán y después se volvieron contra sus creadores, volaron las Torres Gemelas y dieron origen a ISIS. Con la invasión de Bush a Irak eliminando al régimen de Sadam Husein (quien era feroz e implacable enemigo de ISIS y los tenía reprimidos y a sus líderes en prisión), ISIS salió fortalecida al desaparecer ese “muro de contención”. Durante la invasión e intervención militar ahorcaron a Sadam Husein y soltaron a la bestia terrorista de ISIS. Aunque los ISIS proclaman que su fin es crear un Estado Islámico y “conquistar el mundo”, ellos realmente se fortalecen alimentándose del odio contra EE.UU. y sus aliados creado por las intervenciones e invasiones militares contra países musulmanes (caso Israel-Palestinos, Irak, Libia, Siria...) Si EE.UU. cambiara su política hacia esos países y presionara a Israel a cumplir el acuerdo de paz de 1993, se acabarían, junto a Hamás, Al Qaeda e ISIS porque no encontrarían jóvenes islámicos motivados con resentimientos para reclutarlos como terroristas. 

El terrorismo no se puede exterminar combatiéndolo como a un ejército enemigo al que se tiene ubicado territorialmente, que se sabe dónde están sus tropas, sus bases militares, sus centros de operaciones. El terrorismo opera en la sombra, oculto y está por todas partes. Ellos no se identifican, se camuflan entre los demás. Se pueden localizar líderes y centros de operaciones y aniquilarlos, pero surgen otros en otra parte, o ya existen como células sin conexión estructural. Además de los "lobos solitarios". Aunque sus métodos sean criminales y abominables ellos están convencidos de su causa y por cada terrorista muerto surgen dos que pueden ser sus hijos, padres, hermanos, amigos o parientes, que se llenan del mismo odio que los impulsa, clamando venganza por las muertes de los demás, odio que se alimenta y crece debido también a las medidas ofensivas y discriminatorias que se toman contra comunidades o grupos musulmanes pacíficos. Por eso digo: solamente eliminando lo que genera el odio se puede acabar con el terrorismo. Es verdad que ISIS llega a ocupar territorios en Irak y Siria y se pueden detectar concentración de tropas, pero atacarlos para acabar con ellos militarmente puede hacer que se recupere un territorio ocupado, pero no es la manera de acabar con ISIS. Allí no están todos sus fanáticos terroristas y esos ataques tienen un alto costo en muertes de inocentes, lo cual siempre crea más resentimientos y odio. 

Son decisiones políticas inteligentes y no acciones militares las necesarias para terminar con Al Qaeda e ISIS. No se puede negociar con los terroristas porque son criminales y fanáticos. Pero se puede lograr la paz en el Medio Oriente cumpliendo los acuerdos de 1993 y mediante negociaciones con los líderes políticos que gobiernan los países de aquella región, para que los EE.UU. y sus aliados retiren su presencia militar y dejen de involucrarse en los conflictos entre ellos apoyando a uno u otro bando. Entre musulmanes sunitas y chiitas, árabes, persas (iraníes), turcos, kurdos, etc., tienen sus conflictos y rivalidades que llevan siglos. ¡Que los resuelvan ellos mismos! Ellos también tienen su modo de gobernarse y de hacer política desde tiempos remotos, que no tienen ahora por qué ser una copia del sistema de EE.UU. o de Inglaterra. ¿Por qué imponer formas de gobierno a otros pueblos? No tiene que "abandonarse" a Israel pues con los acuerdos de 1993 se garantiza su seguridad y la paz en toda la zona, garantizando también un Estado Palestino libre, soberano e independiente. ¡Fin del problema para el resto del mundo! Bueno, las cosas no son tan simples, por supuesto. Ni es asunto de un día para otro. Este es solo un breve artículo de opinión. ¡Pero esa es la ruta a seguir! ¡Y es la única ruta efectiva!

9/18/2017

¿Por qué existen la maldad, el sufrimiento y la muerte?

Adolfo Miranda Sáenz


Después de millones de años ni la ciencia ni la filosofía han podido encontrar una respuesta sobre el por qué de la existencia de la maldad, el sufrimiento y la muerte.  Hay teorías científicas, pero no pasan de ser teorías. Hay razonamientos filosóficos, pero ninguno llega a conclusiones definitivas. Tampoco la religión tiene una respuesta suficiente para solo la lógica humana. La pregunta de que, si Dios existe y es bueno, por qué creó o permite la maldad, el sufrimiento y la muerte, sigue sin respuesta para la sola razón. Es un misterio. Reconocerlo no es un triunfo de la ciencia sobre la religión, pues tampoco la ciencia tiene las respuestas. Ni es un triunfo del ateísmo sobre los creyentes, pues negar a Dios no resuelve esos interrogantes, ni otros tan importantes como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para que existo? ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida?  Los cristianos encontramos respuesta en nuestra fe, que no es la fe en una religión, doctrina o filosofía, ni en las enseñanzas de un difunto gran maestro. Tenemos fe en una persona viva que normalmente no vemos pero que podemos conocer, con la que en algún momento tenemos un primer encuentro, a veces desde niños y no recordamos cuándo; o bien de adultos; y posiblemente también hemos tenido alejamientos y reencuentros. Una persona que nos convence y atrae, nos da confianza y certeza, nos llena de alegría y de paz. Creemos en la persona de Jesús, quien nos ama y a quien amamos.

Él nos dijo que es Dios, que antes de él nada existía y que creó todas las cosas; que nos creó por amor y para vivir felices toda la eternidad, sin maldad, sin sufrimiento ni muerte; pero que nos creó libres, y usando nuestra libertad pecamos -que es no hacer el bien- y como consecuencia existe en el mundo la maldad, el sufrimiento y la muerte. Que hasta la naturaleza misma está trastornada y “gime con dolores de parto”. Que por eso él se hizo hombre para vivir, sufrir y morir igual que nosotros, para redimir a la humanidad de sus pecados y vencer al sufrimiento y la muerte. Que igual que nosotros la maldad la sufrió en carne propia, que sufrió hasta llorar, y que también sudó sangre; que murió crucificado, pero resucitó como resucitaremos nosotros para vivir una vida eterna de felicidad inmensa sin sufrimiento alguno junto a él, en “un nuevo cielo y una nueva tierra” donde “no habrá más llanto ni dolor ni clamor”. ¿Nos parece lógico? ¿Es un razonamiento convincente? Suena razonable... quizá es razonable, pero... ¡Hummm! ¡No lo es de manera contundente y absoluta para nuestra mente! Nos quedan muchísimos interrogantes; siempre podemos preguntarnos: ¿y por qué lo hizo así y no de otra manera? No lo sabemos, pero lo creemos; aceptamos lo que nos dice porque confiamos en él y lo creemos porque le creemos a él. Esa es nuestra fe. Para quien solo ve esto con la razón es una locura. Aunque miles de millones de personas, incluyendo gente muy inteligente y muy preparada intelectual y culturalmente han creído y creen en Jesús. Ninguno por razonamientos lógicos, sino porque lo han encontrado con el corazón.

Pero… ¿Existe realmente Jesús? ¿No es un mito? Hoy la ciencia histórica no tiene dudas al respecto; la existencia histórica de Jesús está probada aparte de toda consideración religiosa. ¿Es Dios? Él lo dijo claramente. ¿Estaba loco? No encontramos en su vida y enseñanzas las anormalidades y desequilibrio de los dementes. Su sensatez y compostura son incompatibles con la esquizofrenia. Él predicó las enseñanzas más profundas y bellas de la historia. Su inmensa sabiduría al hablar y actuar no indican paranoia alguna, sino que denotan una mente extraordinariamente lúcida. ¿Era un embustero? Habría sido estúpido dejarse crucificar por una mentira. Además, el perfil de Jesús, con su carácter tan noble y puro, tan lleno de amor y misericordia, no coincide con el de un burdo impostor. ¿Fue tan solo un gran maestro? ¡Él afirmó claramente ser Dios! Si no lo fuera, sería un loco o un embustero, y ya vimos que no lo es. ¿Está vivo? No sería Dios si no hubiese resucitado, y muchos murieron martirizados por decir que lo vieron vivo después de que murió en la Cruz. Podemos saber quién es y cómo es Jesús leyendo la Biblia, especialmente los Evangelios. Pero lo más importante es que millones afirmamos haberlo encontrado y aunque no lo hemos visto, escuchado o tocado con los sentidos limitados de nuestra corporalidad material, lo hemos sentido, lo hemos percibido y hemos establecido una relación personal con él.

Por supuesto que entre razón y fe no hay contradicción, pues uno puede llegar a conocer a Dios por medio de la razón. A mí la razón me conduce a Dios, y aceptar como Palabra de Dios a la Biblia no va contra mis razonamientos; igualmente, aceptar a Jesús como Dios y mi Señor, me parece razonable, lógico, igual que creer en su Iglesia. Los ateos y agnósticos lo son por su lógica, porque les parece lo más razonable; a mí me parece más lógico y razonable creer. Pero eso no significa que mi mente tenga todas las respuestas, ni que la sola razón me baste para no tener interrogantes. Después de leer la Biblia, especialmente los Evangelios, he podido conocer a Jesús y tener con él una relación de persona a persona; y a él le creo, él me convence. Tengo fe en Jesús. Sigo sin tener todas las respuestas, pero no me preocupan, quizá Dios a propósito y por algo que no sé, no quiere que las tenga. Aunque estoy absolutamente seguro de que cuando lo vea cara a cara comprenderé todo claramente, porque él es, como dijo, “el camino, la verdad y la vida”. 

Pero no se puede encontrar a Jesús intelectualmente sino con el corazón. Algunos quieren encontrar un Jesús de cuentos de hadas, que sea como un “genio de la lámpara” que les conceda sus deseos o utilice “poderes mágicos” para hacer que les vaya bien en la vida; entonces no buscan a Jesús sino a un mago que les sirva y complazca sus deseos, y ese Jesús no existe. Pero quienes busquen a Jesús con el corazón, no por interés, sino reconociendo que él es el Señor (y no al revés), lo encontrarán y tendrán una relación con él de amor verdadero; tendrán una fe que los acompañará a vivir felices aún en medio de tanta maldad, sufrimiento y muerte, y tendrán la esperanza de los cristianos que es la certeza de una vida de dicha y de gozo para toda la eternidad. En resumen, ser “creyente” es tener una relación personal con Jesús, una relación de fe, esperanza y amor. Viéndolo así, uno sabe que ¡Jesús es la respuesta! ¡Es lo que necesitamos! ¡Jesús basta!