La perseverancia nos llevará al éxito alcanzando metas que estén dentro de lo real y lo posible, aunque sean difíciles y tengamos que salvar muchos obstáculos.
Adolfo Miranda Sáenz
Rhea Bullos, una niña filipina de
11 años, ansiaba competir en las carreras de atletismo que, en la categoría infantil, se celebraban
en su país. Pero ella tenía un obstáculo inmenso: su familia era muy pobre y no
tenían dinero para comprarle zapatos. Eso la dejaría fuera, pero no se rindió.
Perseveró en el logro de su meta. En 2019 la niña Rhea Bullos se inscribió
compitiendo prácticamente descalza, improvisando unos zapatos hechos de tiras y
cintas engomadas a los que, con sentido del humor, les dibujó el símbolo de la
marca Nike, y compitió con ellos ganando tres medallas de oro en las pruebas de
400, 800 y mil 500 metros.
Martin Luther King fue un pastor bautista
norteamericano que luchó pacíficamente por los derechos de los negros. Fue
animado a desistir porque no se veían avances en su pacífica cruzada y otros lo
invitaron a unirse a la lucha violenta. Pero Martin Luther King lo rechazó y perseveró
en su lucha pacífica hasta dar la vida por sus ideales. En 1964 se promulgó
finalmente la Ley de Derechos Civiles para los negros en Estados Unidos, en
gran parte gracias a su perseverancia. Le otorgaron el premio Nobel de la Paz.
René Schick Gutiérrez era un niño
que lustraba zapatos para ganarse la vida y ayudar a su madre —lavandera y
planchadora— en León, Nicaragua. Nadie podía ver en aquel niño lustrador ningún
futuro exitoso, pero él decidió luchar con perseverancia para llegar lo más
alto posible en la vida. Estudió con aplicación su primaria en una humilde
escuela, logró después bachillerarse y gracias a su dedicación al estudio y su
perseverancia obtuvo el apoyo suficiente para graduarse como abogado. Aquel
niño lustrador, muy pobre, llegó a ser Presidente de Nicaragua entre 1963 y
1966.
Estos ejemplos demuestran lo que
es la virtud de la perseverancia. Cuando somos perseverantes nos sobreponemos
al cansancio, los contratiempos y la frustración con la ilusión de acercarnos a
nuestros sueños, de hacer realidad una meta en particular. Cuando deseamos algo
que tiene gran valor vale la pena perseverar en nuestros esfuerzos.
Las personas perseverantes
terminan lo que han empezado, son decididas y tienen una voluntad firme. Se
trata de una virtud muy reconocida y apreciada. El que se plantea un objetivo y
lucha contra viento y marea para conseguirlo, tiene muchas posibilidades de
alcanzar el éxito.
La perseverancia está relacionada
con otros valores y virtudes como el esfuerzo, la voluntad, la fortaleza y la
paciencia. Este grupo de valores y virtudes pueden sacarnos adelante de una
situación complicada por la que estemos pasando, con la práctica y una fuerte
convicción. Por supuesto que siempre debemos actuar con humildad, con realismo
y sabiduría. Debemos ser perseverantes, pero sin confundir la perseverancia con
la terquedad o la imprudencia. La
perseverancia nos llevará al éxito alcanzando metas que estén dentro de lo real y lo
posible, aunque sean difíciles y tengamos que salvar muchos obstáculos. Pero
lograr lo imposible solo pertenece a Dios.
La Biblia nos alerta sobre la
terquedad: todos conocemos la frase “terco como una mula”; en el Salmo 32 Dios
nos dice: “Yo te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar;
estaré pendiente de ti. No seas como el caballo o como la mula, sin
entendimiento, que deben ser sujetados con riendas y con freno.”
Debemos practicar la virtud de la perseverancia
y no darnos por vencidos hasta alcanzar nuestras metas válidas y realistas,
venciendo los obstáculos, con valor, serenidad y sabiduría. Una antigua y bella
oración podría ayudarnos a ponernos en las manos de Dios y con Él poder avanzar
por la vida adecuadamente. Dice así: “Señor, concédeme valor para cambiar lo
que ahora puede cambiarse, serenidad para aceptar lo que no puede cambiarse, y
sabiduría para entender la diferencia entre uno y otro.”
Publicado en el Diario La Prensa y transmitido por Radio Corporación (Managua)