Si se diera una guerra nuclear que incluyera a algunas de las cinco potencias del planeta las consecuencias directas y las posteriores de tipo ambiental causarían el fin de la vida en la Tierra.
Adolfo Miranda Sáenz
Aunque la preocupación mundial por una guerra
nuclear se ha desvanecido desde que terminó la “guerra fría” y los países se
preocupan más por el terrorismo, el cambio climático y ahora las pandemias
virales, la amenaza nuclear sigue siendo real. Los posibles desencadenantes de
un conflicto nuclear incluyen las disputas fronterizas de India con Pakistán y
China, las amenazas de Irán de destruir a Israel, la promesa de Israel de
evitar que Irán tenga armas nucleares, los planes de China sobre Taiwán y la
amenaza de Corea del Norte contra Corea del Sur.
Si se diera una guerra nuclear que incluyera a algunas
de las cinco potencias del planeta las consecuencias directas y las posteriores
de tipo ambiental causarían el fin de la vida en la Tierra. Si fuera entre dos naciones
nucleares menores (como India y Pakistán) las consecuencias serían catastróficas;
aunque no se extinguiría la vida humana perecerían dos mil millones de personas
por efectos directos e indirectos en el mundo. Ningún país involucrado en una
guerra nuclear sobreviviría. La destrucción mutua asegurada (mutual assured destruction o MAD, siglas
que forman la palabra "loco" en inglés) se ejemplifica como 1+1=0.
Noventa por ciento, de las 13.400 armas nucleares
son propiedad de Estados Unidos y Rusia, que tienen poder para destruir la vida
en la Tierra. Los otros primeros arsenales nucleares fueron los del Reino
Unido, Francia y China. Para evitar una mayor propagación, el Tratado de No
Proliferación (TNP) fue adoptado en 1970, comprometiéndose esos cinco poderes a
eventualmente desarmarse a cambio de que otros Estados se comprometieran a no obtener
la bomba. Pero cuatro países que no fueron parte del TNP (India, Pakistán,
Israel y Corea del Norte) se armaron con arsenales nucleares (aunque Israel
nunca lo ha reconocido). Otro Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares entró
en vigor, pero ninguno de los Estados nucleares lo firmó.
Durante los gobiernos de Reagan en Estados Unidos
y de Gorbachov en la Unión Soviética, acordaron reducir sus arsenales
nucleares, pero la mayoría de los tratados de control de armas desde entonces
han caducado. Estados Unidos se retiró del Tratado de Misiles Anti-Balísticos
en 2002, provocando una carrera armamentista en los sistemas de defensa
antimisiles, y luego Trump sacó a Estados Unidos del Tratado de Fuerzas
Nucleares de Alcance Intermedio en 2019. El único tratado que queda es el “Nuevo
START II” (Strategic Arms Reduction
Treaty), un pacto con Rusia logrado por la administración Obama que logró
reducir en más de la mitad, a 1.550, la cantidad de ojivas nucleares
desplegadas que cada lado puede tener. Trump planeaba dejar que el tratado
expirara en febrero, pero inmediatamente después de asumir el cargo el
presidente Biden acordó con Putin extender dicho tratado por cinco años más.
Por su parte, Irán inició secretamente el camino a
construir sus propias bombas nucleares. En 2005, la Agencia Internacional de
Energía Atómica comprobó que Irán violaba el TNP con un programa secreto para
enriquecer uranio. Bajo el tratado de 2015 negociado por la administración
Obama y suscrito por Irán, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, Irán aceptó
reducir radicalmente su enriquecimiento de uranio y limitarlo a fines civiles tales
como producir energía eléctrica. Pero desde que Trump se retiró unilateralmente
del acuerdo en 2018 (contra la opinión y disgusto de sus aliados del Reino
Unido, Francia y Alemania) e impuso a Irán diversas sanciones, se rompió el
convenio e Irán ha reanudado la producción de uranio enriquecido al veinte por
ciento, avanzando a un punto cercano de obtener armas nucleares. Biden intenta
recuperar el acuerdo nuclear con Irán.
Ahora Biden deberá devolverle la tranquilidad a
los Estados Unidos y al mundo. Además del acuerdo renovado con Rusia y los
esfuerzos respecto a Irán, deberá negociar y actuar firme —pero sensatamente—
con China y Corea del Norte.