Una historia interesante con un sabio mensaje.
Adolfo Miranda Sáenz
Alguien escribió esta historia:
“Siempre el grupo de amigos nos sentábamos cada tarde en una mesita en la acera de aquel café frente a la librería. Todos los días aquel viejo pasaba y miraba la vidriera de la librería. Se quedó un rato mirando y mirando… todos los días. No sé por qué pensábamos que quería algún libro y no le alcanzaba el dinero para comprar; qué veía algún libro para algún nieto y estaría esperando tener el dinero para llevarlo.
Desde el café del frente veíamos todo, y se volvió durante mucho tiempo el tema de nuestros debates; los cafés son los lugares ideales para que izquierdistas, derechistas, centristas y cualquier istas, puedan discutir sobre cosas que en la realidad no pueden o no quieren cambiar.